Rebecca West y H.G. Wells eran completamente
incompatibles: eran perfectos el uno para el otro. Ella sabía que él nunca
dejaría a su esposa y él, que ella necesitaba a una esposa. Desde el principio
se fastidiaban y se molestaban mutuamente, y desde el principio sintieron una
atracción física irresistible. Él creía que el amor era, simplemente, sentido
común; ella, que era un modo de perderlo; él era partidario del sexo sin amor y
ella, del sexo en todas sus puñeteras modalidades.
(Richard Flanagan)
En la
magnífica La pregunta 7 el escritor tasmano Richard Flanagan se pregunta
cómo el hombre puedo concebir y luego hacer explotar sobre el cielo de
Hiroshima una bomba que acabó con cientos de miles de víctimas. En su narración
Flanagan encadena una serie de ‘causas’ que llevan a la bomba atómica, siendo
la primera la relación que el escritor británico HG Wells mantuvo con la
también británica y escritora Rebeca West.
HG
Wells fue un notable influencer de su época, el primer tercio del siglo
XX. Su nombre era una marca, hasta Jane, su sacrificada esposa, le llamaba HG. La
fama le venía de su capacidad de anticipación sobre lo que habría de ocurrir en
el futuro. Predijo la llegada de aviones, tanques, viajes espaciales, armas
nucleares, televisión por satélite y algo parecido a internet. Imaginó viajes
en el tiempo, invasiones alienígenas, la invisibilidad y la ingeniería
biológica. En cada uno de sus libros predecía un avance, las novelas
anticipatorias escritas en su prolífico último lustro de siglo XIX: La
máquina del tiempo, El hombre invisible, La isla del doctor Moreau, La guerra
de los mundos, Los primeros hombres en la Luna. Tal era su fama que a él
acudían ministros y jefes de gobierno para pedirle opinión y, más que eso, para
exigirle que se implicara en la campaña patriótica para ganar la Gran Guerra,
la guerra que todo el mundo estaba deseando, él el primero, para acabar con la
atmósfera de enfrentamiento entre los imperios en el cambio de siglo. Wells
creía que la guerra del 14 sería la guerra que acabaría con todas las guerras.
Animó a la sociedad inglesa a luchar contra Alemania.
Wells
acudió al frente como periodista. Ahí se dio cuenta de la barbaridad de la
guerra y entonces cambió de opinión y se convirtió en pacifista. Los mejores
son aniquilados por un kilómetro de barro sin valor, le decía su amigo
Bernard Show. Wells se declaró avergonzado de haber animado a la guerra cuando
vio el horror de cientos de miles de soldados jóvenes muertos y niños y viejos
lisiados. Junto a su amigo fabiano llamó al fin de las naciones y el inicio de
un gobierno universal. Se entrevistó con Roosevelt, hizo varios viajes a Rusia
para hablar con Stalin, porque creía que solo ellos tenían el poder para
impedir la masacre que vaticinaba si el mundo volvía a las armas. Hasta que se
desencantó de los políticos: "Éramos jóvenes plantando semillas
humildes para los tiranos".
Lo
más atractivo del personaje son sus contradicciones. Belicista primero,
pacifista después. Partidario de los bolcheviques, enemigo del comunismo. Lo
mismo sucedía en su vida privada. Con el cambio de siglo Wells se puso a
escribir novelas sociales. Enemigo de la hipócrita y rígida sociedad
victoriana, escribió la novela feminista Ana Verónica. Defendía el amor
libre y lo practicó con múltiples amantes, sin embargo, mantuvo contra viento y
marea su matrimonio con Jane, que aceptó una relación desigual. Sostenía que el
sexo era tan necesario como la vida: buscaba amantes jóvenes, a ser posible
intelectuales y escritoras: Amber Reeves, Rebeca West, Elizabeth von Arnim,
Margaret Sanger, Moura Budberg, la secretaria de Maxim Gorki, y otras muchas.
Su concepción del amor libre consistía en que él tenía toda la libertad y sus
mujeres adoptaban el papel de 'la sombra de la amante', estar a su disposición
cuando las necesitaba.
Sus
contradicciones están expuestas en su último libro, Experimento en
autobiografía. Donde asume: "Solo eres un ser humano como los
demás, un individuo solitario, una criatura de Dios con sus debilidades y
limitaciones".
Wells
llego a conocer el genocidio y la horrible bomba que en la Segunda Guerra
Mundial causó cientos de miles de muertos como había predicho con 30 años de
anticipación en El hombre liberado. Murió en 1946. David Lodge lo
retrata en Un hombre con atributos (2011).
Hay
una buena película de la BBC, de 2006, que alterna la evolución política de
Wells con su vida sentimental, que expone sus contradicciones. Sigue el relato
de Experimento en autobiografía. Se centra, especialmente en su relación
con Rebeca West. Se puede ver en inglés en YouTube y en este enlace, no de muy buena calidad, con subtítulos en español.

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