miércoles, 21 de enero de 2026

Wells y West

 

 


 

Rebecca West y H.G. Wells eran completamente incompatibles: eran perfectos el uno para el otro. Ella sabía que él nunca dejaría a su esposa y él, que ella necesitaba a una esposa. Desde el principio se fastidiaban y se molestaban mutuamente, y desde el principio sintieron una atracción física irresistible. Él creía que el amor era, simplemente, sentido común; ella, que era un modo de perderlo; él era partidario del sexo sin amor y ella, del sexo en todas sus puñeteras modalidades. (Richard Flanagan)

 

En la magnífica La pregunta 7 el escritor tasmano Richard Flanagan se pregunta cómo el hombre puedo concebir y luego hacer explotar sobre el cielo de Hiroshima una bomba que acabó con cientos de miles de víctimas. En su narración Flanagan encadena una serie de ‘causas’ que llevan a la bomba atómica, siendo la primera la relación que el escritor británico HG Wells mantuvo con la también británica y escritora Rebeca West.

 

HG Wells fue un notable influencer de su época, el primer tercio del siglo XX. Su nombre era una marca, hasta Jane, su sacrificada esposa, le llamaba HG. La fama le venía de su capacidad de anticipación sobre lo que habría de ocurrir en el futuro. Predijo la llegada de aviones, tanques, viajes espaciales, armas nucleares, televisión por satélite y algo parecido a internet. Imaginó viajes en el tiempo, invasiones alienígenas, la invisibilidad y la ingeniería biológica. En cada uno de sus libros predecía un avance, las novelas anticipatorias escritas en su prolífico último lustro de siglo XIX: La máquina del tiempo, El hombre invisible, La isla del doctor Moreau, La guerra de los mundos, Los primeros hombres en la Luna. Tal era su fama que a él acudían ministros y jefes de gobierno para pedirle opinión y, más que eso, para exigirle que se implicara en la campaña patriótica para ganar la Gran Guerra, la guerra que todo el mundo estaba deseando, él el primero, para acabar con la atmósfera de enfrentamiento entre los imperios en el cambio de siglo. Wells creía que la guerra del 14 sería la guerra que acabaría con todas las guerras. Animó a la sociedad inglesa a luchar contra Alemania.

 

Wells acudió al frente como periodista. Ahí se dio cuenta de la barbaridad de la guerra y entonces cambió de opinión y se convirtió en pacifista. Los mejores son aniquilados por un kilómetro de barro sin valor, le decía su amigo Bernard Show. Wells se declaró avergonzado de haber animado a la guerra cuando vio el horror de cientos de miles de soldados jóvenes muertos y niños y viejos lisiados. Junto a su amigo fabiano llamó al fin de las naciones y el inicio de un gobierno universal. Se entrevistó con Roosevelt, hizo varios viajes a Rusia para hablar con Stalin, porque creía que solo ellos tenían el poder para impedir la masacre que vaticinaba si el mundo volvía a las armas. Hasta que se desencantó de los políticos: "Éramos jóvenes plantando semillas humildes para los tiranos".

 

Lo más atractivo del personaje son sus contradicciones. Belicista primero, pacifista después. Partidario de los bolcheviques, enemigo del comunismo. Lo mismo sucedía en su vida privada. Con el cambio de siglo Wells se puso a escribir novelas sociales. Enemigo de la hipócrita y rígida sociedad victoriana, escribió la novela feminista Ana Verónica. Defendía el amor libre y lo practicó con múltiples amantes, sin embargo, mantuvo contra viento y marea su matrimonio con Jane, que aceptó una relación desigual. Sostenía que el sexo era tan necesario como la vida: buscaba amantes jóvenes, a ser posible intelectuales y escritoras: Amber Reeves, Rebeca West, Elizabeth von Arnim, Margaret Sanger, Moura Budberg, la secretaria de Maxim Gorki, y otras muchas. Su concepción del amor libre consistía en que él tenía toda la libertad y sus mujeres adoptaban el papel de 'la sombra de la amante', estar a su disposición cuando las necesitaba.

 

Sus contradicciones están expuestas en su último libro, Experimento en autobiografía. Donde asume: "Solo eres un ser humano como los demás, un individuo solitario, una criatura de Dios con sus debilidades y limitaciones".

 

Wells llego a conocer el genocidio y la horrible bomba que en la Segunda Guerra Mundial causó cientos de miles de muertos como había predicho con 30 años de anticipación en El hombre liberado. Murió en 1946. David Lodge lo retrata en Un hombre con atributos (2011).

 

Hay una buena película de la BBC, de 2006, que alterna la evolución política de Wells con su vida sentimental, que expone sus contradicciones. Sigue el relato de Experimento en autobiografía. Se centra, especialmente en su relación con Rebeca West. Se puede ver en inglés en YouTube y en este enlace, no de muy buena calidad, con subtítulos en español.


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