Pongo
Radio Clásica cuando me desplazo en un viaje largo. De todo lo que he escuchado
hoy me quedo con una interpretación del Cuarteto Cosmos, a quienes había escuchado en directo hacía poco con otro programa que no me entusiasmó tanto, de una obra mixta en el
tiempo, una especie de agujero de gusano que unía el final del Renacimiento con
el Siglo XX. Una fantasía de Purcell sin solución de continuidad enlazaba con
un allegro cuartetístico de Benjamin Britten. Una maravilla interpretada. (Henry Purcell: Fantasia
IV en sol menor, (ca. 1680) / Benjamin Britten Cuarteto
de cuerda n.º 3 en sol mayor, (1975). Yo iba golpeando en el
volante siguiendo el ritmo polifónico instrumental.
Me
preguntaba qué es la música, en qué momento la música alcanzó la cima. Para mí
la alcanzó con las obras camerísticas de Beethoven. Luego, en el mismo dial, he
escuchado el movimiento
largo del cuarteto n⁰ 132, para confirmarlo. Lo he escuchado como paralizado,
el coche yendo solo, como si Beethoven estuviese frotando las cuerdas de mi
interior. Creo que sí, que ese breve periodo de Bach a Beethoven pasando por
Mozart y acabando en Schubert es el momento en el que la música tocó la cima.
Las demás artes, también tuvieron su momento y luego decayeron para pasarse el
testigo unas a otras: Dante, Cervantes y Shakespeare, la arquitectura, la
pintura, el cine. Tuvieron su momento y se ahogaron después, a la espera de
otro destello del espíritu humano.
Sin
duda, ha habido otros músicos que como islotes han seguido produciendo grandes
obras, pero islotes en medio de la mediocridad.
Estos
días pasados en Twitter la gente hablaba maravillas del concierto de año nuevo,
según ellos, inigualado, repitiendo lo que el locutor de la transmisión había
dicho. Repitiendo, repitiendo. Como si la música fuese una emoción
transmisible, pegajosa, que se celebra en compañía, incluso fuera de las salas
de concierto. Pero si hubiesen estado atentos, fijándose en el público que
estaba sentado en el Musikverein o el espectáculo teatral que estaba montando
el director de la orquesta, deberían darse cuenta de que la música es otra
cosa. Qué interés tiene lo que se repite hasta la saciedad.

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