viernes, 2 de enero de 2026

Giulano da Empoli. La hora de los depredadores

 


 

De Maistre advertía a la marquesa de Costa: «Hay que tener el valor de reconocerlo, señora: durante mucho tiempo no hemos entendido nada de la revolución de la que somos testigos; hemos creído que es un mero acontecimiento. Estábamos en un error: es una época». 

 

Para asentar definitivamente su poder como príncipe heredero del reino saudita, en noviembre de 2024, Mohamed Bin Salman vació de ocupantes el hotel Ritz Carlton de Riad para invitar a su numerosa familia a pasar unos días en él. Contrató para la ocasión a la compañía de mercenarios americanos Blackwater para someter durante 3 meses a duros interrogatorios a sus tíos, hermanos y primos. Estos confesaron sus tropelías, perdieron sus puestos dentro del Estado y parte de su fortuna. El Estado recaudó 100 millones de dólares. Algunos de ellos murieron en los interrogatorios. En La hora de los depredadores, Giuliano da Empoli compara a MBS con el renacentista César Borgia, el hijo de Alejandro VI, que con engaño atrajo a sus enemigos a Senigallia donde los ejecutó. 

 

Lo característico de MBS es su doble faz, sonriente hasta lo empalagoso en su imagen pública y cruel hasta lo indecible en su ambición política, el mismo que mandó degollar y descuartizar al periodista Jamal Khashoggi en el consulado de Estambul.

 

Empoli en su libro habla de borgianos y depredadores. MBS es el ejemplo de los primeros, los que utilizan tácticas maquiavélicas para mantenerse en el poder. Junto a él Trump, Putin, Milei o el salvadoreño Bukele. Los depredadores son los señores de la tecnológicas, Mark Zuckerberg, Jeff bezos de Amazon o Eric Schmith de Google, quienes piensan en términos feudales de reparto territorial del poder. La acción política salta del respeto a las reglas a la acción temeraria, la única capaz de producir el efecto de estupefacción en que se basa el poder del príncipe. Lo último que podían esperarse los familiares de MBS o Khashoggi.

 

La idea de Empoli es que estamos asistiendo sin que la mayoría nos demos cuenta a un cambio de época, como advertía De Maistre a la marquesa de Costa. Los borgianos están actuando en política saltándose las reglas creyendo que pueden cabalgar el caos que ellos mismos crean. Lo vemos estos días con el documento sobre Estrategia de Seguridad que el gobierno Trump ha dado a conocer arremetiendo contra sus aliados de la Unión Europea y la OTAN.

 

Los depredadores, los señores de las tecnológicas, utilizan el enorme botín de los datos para dirigir la voluntad de los ciudadanos convertidos en consumidores, incluso cuando votan. Detalla la campaña electoral dirigida por Eric Schmith, el CEO de Google de 2001 a 2011, que consiguió enderezar una campaña perdida para el segundo mandato de Barak Obama.

 

Para Empoli, las antiguas reglas están debilitándose o cayendo -el respeto por la independencia de las instituciones, los derechos humanos y las minorías, la atención prestada a las repercusiones internacionales-. Para borgianos y depredadores nada de esto tiene el menor valor.

 

Este cambio de época coincide con la IA y la reducción del mundo a 1 y 0, un mundo digital cuya puerta estamos abriendo pero cuyas consecuencias desconocemos. Los señores feudales de los datos creen que podrán organizar y controlar el mundo. Probablemente lo logren durante un tiempo, pero nada presupone que ellos mismos no puedan ser fagocitados por el monstruo que están creando.

 

El libro de Empoli está bien escrito, es fácil de leer, ayuda a entender el mundo sin reglas en el que estamos entrando, políticos que quieren modelar la realidad por la fuerza, gobernando el caos que crean.

 

Tres meses antes de la invasión de Ucrania, Surkov, destituido por Putin tiempo atrás, publicaba un artículo en el que todo estaba ya decidido. Toda sociedad, escribió él entonces, está sometida a la ley física de la entropía. Por muy estable que sea, ante la ausencia de una intervención exterior, acaba por producir el caos en su interior. Es posible gestionarlo hasta cierto punto, pero la única manera de resolver definitivamente el problema es exportarlo. Según Surkov, los grandes imperios de la historia se regeneran desplazando el caos que producen fuera de sus fronteras. Es el caso de los romanos en la antigüedad y de los estadounidenses en el siglo XX y de los rusos.


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