martes, 27 de enero de 2026

Agujero negro

 



Edward Teller fue un físico húngaro americanizado muy relevante en la construcción de la bomba A y posteriormente de la bomba H. Sin embargo, en el proceso inicial advirtió de una posibilidad, que la explosión de la bomba atómica incendiase la atmósfera. Los físicos que trabajaron en el proyecto Manhattan lo descartaron advirtiendo que era una posibilidad 'casi nula'. En la película, el propio Oppenheimer sugirió que solo tras el experimento lo sabrían.

 

Cuando se construía el LHC en Ginebra (el Gran Colisionador de Hadrones, un acelerador de partículas), hubo algún físico que especuló con la idea de que la fuerza que impulsaba el acelerador podría crear microagujeros negros que podrían destruir la tierra. También era una posibilidad 'casi nula'.

 

No existe la seguridad absoluta porque desconocemos cómo funcionan las fuerzas de la naturaleza en su nivel básico. En el nivel de lo macro en que nos movemos, no podemos controlar todos los factores que influyen en los eventos. Mañana va a haber una nevada que suponemos importante porque confluyen borrascas templadas y húmedas del Atlántico con masas de aire ártico, pero desconocemos su magnitud y en qué punto exacto serán importantes. 

 

Si a la dinámica natural le añadimos la obra humana (la gestión de los asuntos) la cosa se complica. ¿Hasta dónde alcanza la responsabilidad de los políticos en las muertes de la Dana? ¿Hasta dónde por la rotura de los tramos de la vía de Adamuz? ¿Cuántas muertes podrían haber evitado? Es lógico que se pidan responsabilidades porque siempre, siempre se puede gestionar mejor, sobre todo en labores de prevención, pero es obsceno derivar esos sucesos en tsunamis de rabia e indignación. El periodismo reconvertido a la telerrealidad. Los políticos exhibiendo su activismo: ralentizando la velocidad de los trenes, paralizando los cercanías, disputando sobre las ceremonias de homenaje. La seguridad absoluta no existe. Lo inesperado está a la vuelta de la esquina. Le puede tocar a este gobierno o al siguiente, a ti o a mí. Lo que es seguro es que la sobreexcitación seguirá siendo estimulada.

 

Vamos a alterar tus rutinas, llegarás tarde a trabajar, volverás tarde a casa, vamos a joder tus desplazamientos, pero a cambio te ofreceremos un gran espectáculo. Puedes salir a la calle a manifestar tu indignación y luego sentarte en la butaca de tu cuarto de estar a contemplar el espectáculo interminable con una bolsa de palomitas en la mano.

 

En una sala de espera psiquiátrica unos cuantos hombres y mujeres esperan a ser atendidos: la inyección periódica de mantenimiento, la visita con la trabajadora social, el psiquiatra. Hay miradas perdidas, un hombre inquieto pasillo arriba y abajo, estrujando un plástico entre las manos, un par con el móvil en la mano, una cabeza hundida, otro, de pie como una ese, trastea con una cremallera para sacar algo de un bolsillo, una mujer joven plantada como un árbol junto al ventanal tras el que se agita la lluvia incesante. Todos solos, a la espera, sin compañía. ¿Quién es el culpable, 'su culpable'? ¿Lo hay? ¿Un golpe genético de mala suerte? ¿Una confluencia de naturaleza y sociedad? ¿Cómo manifestamos nuestra indignación ante casos como estos?

 


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