Querida amiga,
“No m’ha agradat”, me dices, la resolución o providencia del TS. No cumple con tus expectativas. Tú quieres que tus hijos reciban la educación solo en catalán y yo que mis hijos sean competentes en catalán y en castellano. Tienes razón en reivindicar tus derechos, del mismo modo deberías concederme que yo quiera reivindicar los míos. Quizá haya colisión entre tus derechos y los míos, yo considero que no la hay. Para dirimir nuestras diferencias existe el Estado de Derecho, las leyes y los tribunales. Me amparan a mí y también a ti. El Estado de Derecho es un estadio en el proceso -esa palabra que tanto te gusta- de civilización para evitar que tú y yo lleguemos a los puños. Permite que te pregunte por qué habrían de contemplarse los derechos tuyos y no los míos. El TS dice que se contemplen al 25% de los míos y el 75% de los tuyos y aún así no estás contenta.
Me dices, “El problema principal no és l'escola -com s'ha demostrat-. El problema és que l'Estat viu el català com una nosa i no el defensa com una llengua pròpia”. Yo te digo: El problema és que el poder català -el poder del Estado en Cataluña habría que decir- viu el castellà como una nosa i no defensa els drets dels que volen rebre una educació en la seva llengua”. Aun con buena voluntad, no puedes ver, te resulta imposible, que en el marco de discusión que impone el nacionalismo en que estás inmersa, hay una 'realidad ominosa' que no se ha de contemplar: la población que habla en castellano. Hay realidades que nos negamos a aceptar. Si lo hiciésemos nuestro edificio mental se vendría abajo. Y entonces qué

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