En esta serie, una pareja joven entra en crisis cuando el hombre progresivamente alcoholizado es incapaz de controlar su ira. No llega a haber violencia física pero si estrés psicológico, es decir, maltrato psíquico. La pareja tiene una niña. El punto de vista sobre el que recae el relato es el de la mujer, que pasará por una serie de peripecias que le llevan a situaciones extremas, angustiantes, de las que, sin embargo, siempre sale. Alrededor de la joven madre están los personajes del drama, en general bien definidos y no necesariamente arquetípicos: marido y padre alcohólicos, madre bipolar, que también sufrió maltrato cuando la protagonista era una niña, y otra serie de personajes menores que pululan delante de la cámara cada uno con su drama.
Visto así, es posible que muchos se echen atrás y no quieran padecer con la protagonista al final de la noche antes de irse a dormir. Harían mal. La serie es un producto televisivo y como tal el sufrimiento del espectador está controlado, y como siempre tiene recompensa. Lo que se muestra es mejor y es peor que la realidad. La protagonista es joven es guapa y tiene un cuerpo y una mente sin taras. Su niña es adorable. Los hombres alcoholizados no han llegado al punto de la brutalidad, incluso late en ellos el germen de la rehabilitación. La madre es bipolar pero todavía manejable. En cada capítulo se pone a la protagonista en una situación que parece sin salida: hundimiento psicológico, desahucio laboral y de vivienda, falta de medios para moverse, pérdida de la potestad sobre la hija, pero siempre acaba saliendo. Los trabajos que encuentra no pueden ser más precarios, limpiadora, sin embargo tiene una habilidad, un horizonte: ser escritora. La vida real que conocemos no lleva continuamente a las personas al límite -solo a algunas y estas en general no están a la vista, ¿quién se ocupa de ellas?-, en cambio no son tan guapas tan jóvenes tan sanas como la protagonista de la serie.
El mayor problema al que se enfrentan los productores televisivos, y el cine en general, es la fidelidad a lo real. Los productores saben que hay hambre de realidad pero también que el espectador no quiere sufrir. Dos condicionantes con los que tienen que lidiar. (Hay otro camino de la producción televisiva, el de la fantasía o infantilización, que mantiene al espectador, y al votante, entre algodones, que va de las películas de miedo controlado a horizontes azules: de Marvel a Greta Thunberg, del calentamiento global a Dune). ¿Sería posible seguir en pantalla a una mujer real que padece una situación parecida a la de la protagonista? Sí, de hecho se hacen documentales al respecto. Es una cuestión de tiempo y de educación que los productos televisivos y la mente del espectador vayan confluyendo hacia la verdad de lo real. Ambos necesitan liberarse de condicionamientos. Los espectadores no quieren ver productos ideológicos sino historias. Los productores deberían conformarse con hacer buenos productos, que además les dan dinero, y no querer imponer sus concepciones.
Las historias que nos cuentan son casos particulares, si las vemos es porque intuimos que detrás de cada caso particular hay la posibilidad de una generalización, un reflejo de lo que en realidad ocurre. La distancia entre lo imaginado y lo que sucede se está estrechando, o eso creo. Hay tantas cámaras ya en las calles y en interiores que llegará el momento en que se cumplirá el deseo de Courbet, el caballete reflejará fielmente lo que sucede en el camino. El mejor creador será quien mejor seleccione y monte las escenas. El arte, la belleza, el producto exquisito no es algo que se persigue sino que se da tras un esforzado trabajo en busca de la obra bien hecha. La obra bien hecha es a la que puede aspirar un productor cultural, lo artístico es algo inadvertido o inesperado.
Se me ocurren muchas cosas más que comentar de esta serie pero son cosas para una tertulia o un lugar donde poder escuchar puntos de vista diferentes sobre cómo solucionar los problemas que plantea. Al fin, el individuo solo, la mujer sola, no puede salir de esas situaciones sin caer en la depresión, la humillación o la miseria si no hay un entramado de instituciones y sociedad que aporten las infraestructuras y el calor humano necesario para vivir. Una serie necesaria.


No hay comentarios:
Publicar un comentario