Mis mayores placeres se han producido por descubrimiento. Paisajes, personas, libros, películas. Nadie me había hablado de ellos o me los había presentado o aconsejado. Lugares en los que me hubiese gustado quedarme a vivir, personas que habría querido convertir en amigos pero que no lo han sido por vivir en otra ciudad o porque ha sido un conocimiento ocasional en un viaje o en una conversación casual, libros o películas que he empezado a leer o ver al azar. Claro que, por contraste, cuánto conocimiento inútil, cuánto empeño y tiempo desperdiciado en todo lo que no valía la pena. Hoy paseaba algo deprimido por la ciudad, me deprime permanecer demasiado tiempo en el mismo sitio. Pensaba en las dos lecturas que tengo entre manos, un ensayo largo, extremadamente largo, y una novela larga, extremadamente larga, lecturas por obligación, comprometidas, nada satisfactorias. No quiero poner aquí títulos y nombres, porque no quiero ofender a sus autores, ahora que es tan fácil que cualquiera sepa lo que se piensa de él. Sobre todo en twitter, enseguida el autor sabe lo que el lector opina. Caminaba envuelto en una temperatura fresca pero agradable, las calles todavía no excesivamente animadas para lo que debieran, la gente con mascarillas, los bares y tiendas semivacías como a la espera de que alguien diga, ya podéis, no tengáis miedo. Cosas de las ciudades pequeñas. Pensaba en todo eso con la música en los oídos y entonces ha saltado la sorpresa, el descubrimiento: Alla Napoletana, con Christina Pluhar & L'Arpeggiata. Una maravilla, lo que era tristeza se ha convertido en exultación al escuchar la música. Es lo que tiene el arte cuanto encuentra la tecla. Una maravilla.


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