jueves, 3 de junio de 2021

Let Him Go (2020)




Después de First Cow, Let Him Go, otra del oeste. No hay como las películas de género para detectar los tópicos de la época, y de entre todos los géneros el western los expone con más simpleza. Let him go se inscribe dentro de los westerns crepusculares que ya llevan una vida de décadas. Aparecieron cuando se daba por finiquitado al capitalismo y con el a su acompañante perpetuo, el patriarcado. A los viejos héroes canosos y quebrados se les pedía una última heroicidad en favor del bien para restablecer en la tierra una sociedad justa e igualitaria.

En Let Him Go tenemos a una pareja de abuelos que velan por el bienestar de su nieto después de que su único hijo haya muerto en un accidente a caballo. Es la abuela quien quiere rescatar al nieto de una familia de forajidos a la que el pequeño ha ido a parar tras un matrimonio desafortunado de su madre viuda. El abuelo, un antiguo sheriff, no quiere meterse en problemas porque avizora violencia, sin embargo la deuda sentimental contraída con su mujer, tras una vida feliz, hace que la acompañe. Ni que decir tiene que el bien y el mal están deslindados, que los débiles, el niño y su madre, son humillados, que los malos parece que son más y van a ganar pero que en última instancia el bien, aunque en minoría, consigue dar la vuelta a la situación y triunfar donde no se esperaba (aunque todo el mundo que ve la peli sabe que así ha de ser).

Los dos bandos están comandados por mujeres de fuerte carácter. En el de los malos, cuatro hijos obedecen a una madre de armas tomar. En el de los buenos, la abuela es todo sentimiento. El viejo sheriff refunfuña pero la obedece. Recibe una paliza, le cortan a hachazos los dedos, pero una voluntad de hierro le lleva a enfrentarse en una pelea desigual con los malos. Es un último acto de coraje por parte del hombre al servicio de la mujer, pues cuando todo ha acabado serán las mujeres las que se ocupen de organizar la nueva vida.

La película se deja ver gracias al ritmo pausado que acostumbran los western antes del clímax final. No se habla mucho pero de vez en cuando se sueltan frases que pretenden ser significativas, pues en el western es el paisaje y el hombre en el paisaje, más que las palabras, lo que ha de transmitir los tópicos que la época consideran valiosos. En general a los actores de las películas del oeste no se les pide que expresen sentimientos complejos, sino que den el tipo en la panorámica o en el plano largo: caminar, montar a caballo, levantar la barbilla. Como en esta película se abusa de los primeros planos, desconcierta la expresividad o su falta en Kevin Costner y Diana Lane en momentos críticos como en la muerte del hijo o la tensión en casa los malos. La película se deja ver, aunque está por llegar la gran película del oeste de esta época, como en su momento lo fue Sin perdón, de Clint Eastwood.

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