martes, 27 de abril de 2021

Cómo piensa el mundo, de Julian Baggini

 



El cuento de los ciegos y el elefante aparece en varias versiones de la filosofía india. Los que sentían la oreja del elefante decían que el animal era 'como una cesta para aventar', los que sentían el colmillo decían que era 'como una reja de arado', quiénes tocaban la trompa concluían que era 'como el timón de un arado', aquellos a quienes se había mostrado el mechón del extremo de la cola del elefante decían que era 'como una escoba', y así sucesivamente.


¿Es posible una filosofía universal que tenga en cuenta la forma de pensar y de vivir de las diferentes culturas, la aspiración a poner en común las vivencias y el pensamiento humano sin desdeñar el tiempo y el lugar en que se desarrollan?


¿No es arrogante pensar que podemos identificar lo bueno y lo correcto con independencia de la historia y la cultura, que la objetividad solo es posible como piensa la tradición filosófica occidental? No podemos eludir la idea de que todo pensador piensa desde un tiempo y desde un lugar. ¿Podríamos adoptar perspectivas múltiples para comprender mejor el mundo?


Viendo como se han enfrentado o se enfrentan otras tradiciones culturales a problemas comunes ensanchamos el campo de la comprensión, y es posible que descubramos cosas que habíamos olvidado o que no tenemos en cuenta. Cada una posee un aspecto de la verdad, pero es preciso unir todas las perspectivas para ver la verdad completa. Julian Baggini lo designa como la perspectiva cubista, cada tradición ve la verdad a su modo, pero las diferentes perspectivas no pueden verse conjuntamente desde un único punto de vista en el mismo lienzo.


Cuando tratamos del yo o del mundo entran en juego muchos aspectos, algunos de los cuales resultan invisibles o cuya importancia una única tradición cultural pasa por alto. ¿Cuál es el sentido de la identidad, de qué está hecho el yo, es permanente, se forja en relación con los demás? Una perspectiva múltiple ayuda a separar las partes, a desglosar la complejidad.


¿Existe más de una manera de entender el mundo y de vivirlo personal y colectivamente? ¿Es posible maximizarlos todos a la vez? Seguramente no, pero los intercambios harán posible una vida más rica y más completa. Pero como señalaba Isaiah Berlín, el pluralismo no equivale al relativismo. La verdad objetiva comprendida desde un tiempo y un lugar hace que la vida moral y la política se adapten a las circunstancias.


"Las ideas no están fuertemente amarradas a culturas concretas, pero tampoco flotan libremente, no son universales ni carecen de lugar. Al igual que las personas, están formadas por una cultura pero pueden viajar".



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