No
dudo de que otro pudiera pensar por mí, pero no es deseable que lo
haga hasta el punto de evitar que yo piense por mí mismo.
Solo
tenéis que sentaros durante el tiempo suficiente en un lugar
agradable del bosque para que todos sus habitantes se muestren ante
vosotros.
La
mayoría de los hombres lleva vidas de tranquila desesperación. Lo
que se llama resignación es desesperación confirmada. De la ciudad
desesperada marcháis al campo desesperado y os consoláis con la
valentía de los visones y las ratas almizcleras.
Nunca
es demasiado tarde para renunciar a nuestros prejuicios. No se puede
creer sin pruebas en ningún modelo de pensamiento o acción, por
antiguo que este sea.
En
la práctica, los ancianos no pueden dar consejos demasiado
importantes a los jóvenes, pues sus propias experiencias han sido
parciales y sus vidas han resultado miserables fracasos, por razones
particulares, como ellos suponen, y puede que les quede algo de fe
que desmienta aquella experiencia y sean sólo menos jóvenes de lo
que fueron.
Confucio
dijo: «Saber que sabemos lo que sabemos y que no sabemos lo que no
sabemos es el verdadero conocimiento».
Sería
provechoso vivir una vida primitiva y de frontera, incluso en medio
de una civilización volcada hacia lo exterior, aunque sólo fuera
para aprender cuáles son las vulgares necesidades de la vida y qué
métodos se han adoptado para satisfacerlas
En
la naturaleza ningún ser requiere más que alimento y cobijo. Las
cosas necesarias de la vida para el hombre en este clima pueden
distribuirse, de manera bastante exacta, bajo los títulos de
alimento, cobijo, vestido y combustible, porque hasta que no hayamos
asegurado tales cosas, no estamos preparados para afrontar los
auténticos problemas de la vida con libertad y una perspectiva de
éxito.
Hoy
en día y en este país, como sé por propia experiencia, pocos
utensilios, un cuchillo, un hacha, una pala, una carretilla, etc., y
para el estudioso la luz de una lámpara, útiles de escribir y el
acceso a unos pocos libros, se aproximan a lo necesario y pueden
obtenerse con un coste nimio.
La
mayoría de los lujos, y muchas de las llamadas comodidades de la
vida, no sólo no son indispensables, sino que resultan verdaderos
obstáculos para la elevación de la humanidad. Con respecto a los
lujos y comodidades, los más sabios siempre han vivido una vida más
sencilla y austera que los pobres.
Durante
muchos años me nombré a mí mismo inspector de tormentas de nieve y
de lluvia y cumplí fielmente con mi deber; agrimensor, si no de
carreteras, de sendas forestales y de todas las rutas de cruce, y de
barrancos salvados por puentes y transitables en cualquier estación.
Casi
toda la piedra que una nación pica se dedica sólo a su tumba. Se
entierra viva. En cuanto a las pirámides, no hay nada por lo que
asombrarse tanto como del hecho de que pudiera haber tantos hombres
degradados para gastar sus vidas en construir la tumba de un bobo
ambicioso, que habría sido más sabio y viril ahogar en el Nilo, y
arrojar luego su cuerpo a los perros.
Hubo
una vez un loco en esta ciudad que se propuso cavar hasta China, y
llegó tan lejos, según dijo, que oía las ollas y teteras chinas,
pero no creo que me desvíe de mi camino para admirar el agujero que
hizo.
Creo
que la caída del granjero en obrero es tan grande y memorable como
la del hombre en granjero.
La
caridad requiere un determinado carácter, como para cualquier otra
cosa. En cuanto a hacer el bien, esta es una profesión saturada.
Además, la he probado bastante y, por extraño que parezca, estoy
satisfecho de que no concuerde con mi constitución.
El
bien que hago, en el sentido común de esa palabra, debe apartarse de
mi senda principal y en su mayor parte no debe ser intencionado.
No
hay olor más nauseabundo que el que emana del bien corrupto. Es la
humana, la divina carroña… Un hombre no es un buen hombre para mí
porque me alimente si paso hambre, o me caliente si siento frío, o
me saque de una zanja si llego a caer en ella. Puedo mostraros un
terranova que hará otro tanto. La filantropía no es el amor por el
prójimo en el sentido más amplio.
Hay
mil podando las ramas del mal por uno que golpea en la raíz, y puede
que aquel que otorgue la mayor cantidad de tiempo y dinero a los
necesitados sea el que más haga con su modo de vida para producir la
miseria que trata de aliviar en vano. Sería como el piadoso dueño
de esclavos que dedica las ganancias del décimo esclavo a comprar la
libertad de un domingo para los demás.
Quiero
la flor y el fruto de un hombre, que cierta fragancia flote desde él
hasta mí y cierta sazón dé sabor a nuestro trato. Su bondad no
debe ser un acto parcial y transitorio, sino una constante
superfluencia, que no le cueste nada y de la que no sea consciente.
Quisiera
decir de una vez por todas a mis semejantes: en cuanto os sea
posible, vivid libres y sin compromiso. Poco importa que estéis
encerrados en una granja o en la prisión del condado.


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