domingo, 17 de junio de 2018

6. Galisteo – Calzada de Béjar




              Se sale de Galisteo por el bonito puente renacentista, de 1566, sobre el río Jerte, que construyó el señor del lugar, Manrique de Lara, poco antes de que desemboque en el Alagón. Desde Galisteo a Carcaboso el camino es fácil, hacia abajo y agradable a primera hora de la mañana. Luego rodamos sobre pistas planas y después por un sendero, con pequeños tramos encharcados, con un continuo abrir y cerrar cancelas, con la vaquería pastando, atravesando la dehesa por parajes hermosos si mis compañeros redujesen la velocidad de sus bicis. De pronto, ante nosotros, el arco romano de Cáparra.



             Cáparra, un centro arqueológico vivo, fue una antigua ciudad romana de la emeritense que atravesaba la calzada de la Plata. Junto al arco se puede ver el trazado ortogonal de la mayoría de las ciudades romanas. Elevado a finales del siglo I, sus cuatro arcos indican que bajo él pasaban el cardo y el decumano, las dos principales vías de la ciudad. Desde el arco de Cáparra, el camino va subiendo lentamente por tierras de Extremadura aún, vadeando arroyos con la bici a cuestas y barrizales que salen al paso de forma inesperada, con tramos complicados bajo el viaducto de la nacional, hasta llegar a Aldeanueva del Camino, donde nos espera una jarra de cerveza, y, tras Baños de Montemayor, entrar en tierras castellanas. La subida al Puerto de Béjar por el enlosado de la calzada romana es muy duro, por la pendiente y sobre todo por los escalones que lo van pautando. Al final de la subida hay una fuente de agua fresca que se agradece mucho. Tras otra subida por un angosto sendero de fuerte repecho se inicia una larga bajada hasta el río Cuerpo de Hombre, un tramo llano y por fin otra dura subida hasta el Parador de Sinforiano, una posada en medio de la nada donde los viajeros descansaban tras los duros subeybajas y con un depósito de miliarios. Aún nos queda afrontar otra subida, con el km más largo que creo haber hecho nunca, para llegar a La Calzada de Béjar. Villa muy disminuida desde que Béjar dejase de ser un importante centro textil. En el albergue de Alba y Soraya nos espera la rica paella que han preparado. El hospitalero, muy amable y ante mis ganas me prepara dos huevos fritos de más. Más tarde en una charla al atardecer se quejará de los turigrinos, como ese que llevaba 14 muescas en un brazo que correspondían a otras tantas conquistas logradas en el camino.


                 Coincidimos con un grupo multinacional y con un murciano, algo entrado en carnes, que hace caminos a lo loco, con jornadas maratonianas. Más tarde llegarán los tres andaluces ciclistas y con ellos visitaremos, tras la siesta, el fortín romano, con los muros exteriores de granito bastante bien conservados, al que se llega por un muy angosto sendero apenas visible entre matojos y zarzas, que controlaba el paso de la meseta a la llanura extremeña. 69,16 km.


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