jueves, 3 de mayo de 2018

Fragilidad



            No sólo juega en contra nuestra la fragilidad de la memoria, el desgaste de las conexiones sinápticas, la vida fungible de los telómeros cromosómicos, es decir, los límites que la naturaleza nos impone con materiales con fecha de caducidad y con los muchos defectos de nuestra construcción, sino que somos unidades simples y aisladas, conscientes de nuestra debilidad, sin que la misma naturaleza haya previsto nada que corrija sus errores, nada biológico que haga perdurar nuestra sed de existencia.

            Así que es comprensible que creamos en las promesas y busquemos protección en los grupos, aunque no puedan ofrecernos más que palabras desprovistas de sustancia. Ofende volver a escribir el nombre de esas entidades a las que nos entregamos con una pasión desprovista de sentido, como si el hecho de compartir con otros el lugar de nacimiento, el mismo sexo, la condición laboral o cualquier fe irracional nos preservara, vistiéndonos con una armadura invisible pero salvífica. Pero nada nos une a los demás, fuera de la imaginación y el deseo. Nadie humano nos va a impedir desaparecer. Disueltos en el polvo, convertidos en cenizas, unas breves palabras, algún recuerdo fugaz dará cuenta de que existimos, de que durante un instante la tierra nos alimentó y llenó nuestros pulmones del soplo de la vida.

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