Un escritor –lo supongo joven por
su ímpetu y por su forma de escribir-, Pablo Martín Sánchez, descubre tecleando
en Google a un individuo que se llamaba como él. Ese hecho es el que mueve la
novela, El Anarquista que se llamaba como
yo, y el que me incita a mí a leerla. Una vez abierto el libro descubro que
hay más cosas interesantes, el libro recorre el primer tercio del siglo XX de
la historia de nuestro país, desde la guerra de Cuba la dictadura de Primo de
Rivera. Van pasando los gobiernos regeneracionistas y Alfonso XIII, la vida
familiar de comienzos de siglo y la escuela anarquista, la semana trágica y
El
atractivo de este libro reside en su espíritu aventurero. El lector imagina al
autor moviéndose en hemerotecas y archivos, desempolvando el pasado para dar
vida a su homónimo, aunque buena parte de su información provenga de una
entrevista con una anciana que rememora el pasado. El resultado es creíble y se
lee casi como una biografía del joven anarquista que acaba trágicamente un día
de diciembre de 1924. La escritura fluye y la mayor parte de los hechos que
aporta son verificables.
Lo menos
interesante es la bisoñez del autor, sin que esa palabra sirva para
descalificarlo, los dichos y ocurrencias que salpican la narración, los chistes
o humoradas, aunque lo más molesto, sin duda, es la presencia del narrador
omnisciente que nos va advirtiendo de lo que va a pasar o señalando como en un
aparte lo que los personajes desconocen. Sin embargo, creo, salva los clichés
de la novela de género, la histórica, que tanto está contribuyendo a la tala de
bosques, el autor se deja llevar por su impulso de escritor y por su olfato de
investigador, acercándose a una especie de biografía novelada.

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