sábado 30 de julio de 2011

Yo lo llevo mal


Yo no sé cómo llevan mis conciudadanos este cacareo de los políticos bailando al borde del abismo, yo lo llevo mal. Me repugnan las caras de los candidatos, sus sonrisas, el revoloteo de sus plumas. Igualmente tedioso me resulta el juego de los titulares y de las portadas, como si fuese acontecimiento la convocatoria de elecciones y como si una fecha importase más que otra, o que en el 20-N se cifrase una clave taumatúrgica. La mierda de telecinco ha infeccionado -o inficcionado- las redacciones y ya no soy capaz de distinguir entre Ortega Cano y Rubalcaba, entrSáenz de Santamaría y Kika Hernández. Por supuesto sé que no hay un sistema mejor que la democracia, que no es posible un neofranquismo a pesar de esa fecha, que el superpoder de China es temible si algún día sustituye a EE UU, pero no me gustan los dos grandes partidos españoles y menos que ninguno el PSOE, al que deseo que desaparezca para que de sus ruinas salga otro más moderno, menos corrupto, menos débil, menos confuso. Y por supuesto ese nuevo partido en nada ha de parecerse a Izquierda Unida. Habrá que soportar el rearme derechista que se nos avecina, seguramente es el precio que hay que pagar por estos siete años de tedio, de falta de respeto a la inteligencia y de inanidad.

A partir de ahora tendremos que leer y oír, y acaso legislar, cosas como estas:
"Aunque sea un servidor el que pone la firma, Sonia y yo somos coautores del texto. Ella que fue mi mejor amiga primero, mi pareja luego, mi esposa después, mi compañera ahora. Madre de mis cinco hijos. Que lo es todo para McCoy: la dueña de sus secretos, el sueño de su descanso, el oasis en su desierto, fortaleza, pilar, roca. Nunca un hombre aspiró a más ni una mujer a menos. Vivimos siempre juntos y moriremos juntos y allá donde vayamos seguirán nuestros asuntos, ¿verdad peque? Si con la pieza de hoy podemos ayudar a que la vida en común de alguien sea mejor, bienvenido sea el oprobio, el rechazo o la crítica de los de siempre".
Aunque siempre nos quedará mirar a los ojos de lo real sin disimulos, con inteligencia:
"Es difícil, por no decir imposible, encontrar una institución más mostrenca, opresiva y anacrónica que la familia actual. La misma veneración sagrada con la que sus defensores la tratan, da idea de la que se nos viene encima. En medio de una sociedad laica, construida siglo a siglo, en busca de la libertad, la familia sigue entronizada como una piedra bendita a la que se atribuye, tanto en los fascismos como en cualquier régimen autoritario, la categoría de célula de la sociedad. Una sociedad compuesta acaso por células familiares o células madre que operan como recias sucursales del orden, las obligaciones jerárquicas, el vínculo de sangre y cosas así".

miércoles 20 de julio de 2011

Truman Capote II


Truman Capote hizo de la escritura una extensión de su personalidad. Las personas que fue encontrando a lo largo de su vida, que le abandonaron en su infancia, que le arroparon después, que se dejaron deslumbrar por su personalidad, el mundo de los ricos y famosos, fueron el material que le sirvió para publicar en revistas como Harper’s Bazar o The New Yorker o para confeccionar los libros que le dieron fama. Pero el objeto de todo ello era el reconocimiento. Necesitaba ser el centro de atención del mundo, que en las fiestas todos estuviesen pendiente de él, embelesados ante su derroche de ingenio y malicia, y que le llenasen de elogios cuando publicaba, que le reconociesen como el más grande escritor, aún cuando utilizase a sus amigos y benefactoras para construir los personajes frívolos y vacíos de Desayuno en Tiffany’s o los capítulos publicados de Plegarias atendidas. Capote quedó extrañamente sorprendido cuando sus amigas rompieron con él al verse reconocidas en “La Côte Basque”, uno de esos capítulos. No se recuperó de ello y aceleró su declive. Para Capote escribir era continuar el juego social en el que todo le estaba permitido. Su infortunio vino de levantar su éxito sobre las pequeñas traiciones hacia quienes habían confiado en él, por contar los chismes de quienes extendieron ante él las vajillas de plata y las tumbonas en los yates. Capote no había aprendido a vivir en soledad, y cuando sus amigas le cerraron las puertas se vino abajo y se entregó al alcohol y a las drogas. A ello se unió su incapacidad de retener a alguno de sus sucesivos amantes. A algunos los persiguió con saña, contratando matones para apalearlos, destruir sus coches o incendiar sus apartamentos.

Su gran momento llegó con A sangre fría. Un gran éxito -crítica, ventas, derechos cinematográficos, conferencias en las universidades-, aunque con la frustración de no conseguir el Pulitzer o el National Award. Pretendía haber inventado un género nuevo, la novela “impecablemente verídica”, como alardeaba. Si no inventó un género, una legión de periodistas y escritores siguieron sus pasos construyendo reportajes a la manera de lo que llamaban “novelas con hechos”, mezclando ficción y realidad. El problema de Capote era afirmar que todo era real, que era preciso en los detalles, que nada había inventado. Es lo que se le ha echado en cara posteriormente y lo que ha hundido la reputación de A sangre fría. La trama de la elaboración de esta obra ocupa muchas páginas en la larga biografía (Truman Capote, Gerald Clarke), aunque no es tan exhaustiva como la película del mismo título. El autor de la biografía nos muestra un Capote que se debate entre la fidelidad a los protagonistas del suceso que da pie a la historia, que esperan en el corredor de la muerte, y su urgencia por publicar el libro; su deseo de que no haya más demoras en la ejecución y las lágrimas por los asesinos, con quienes ha establecido una relación de afecto y amistad. También detalla las escenas inventadas a pesar de asegurar que A Sangre fría reflejaba la realidad de los hechos hasta el más mínimo detalle. Un gran éxito frustrado tras el que se iniciaría el declive literario y el derrumbe personal.

martes 19 de julio de 2011

Truman Capote I

Navego por esta enorme biografía de Capote envuelto en una atmósfera de tristeza. Su infancia no fue feliz, no sé si contra el tópico hay infancias felices; sus padres con espíritu independiente iban de un lado para otro, cada uno por su lado, como mariposas nocturnas chocando contra la luz. Capote fue puesto al cuidado de los familiares de la madre, y aunque lo cuidaron añoraba su afecto y que las promesas de su padre se cumpliesen alguna vez. Con ese hueco creció, y según el biógrafo para taparlo se construyó una personalidad excéntrica -una voz de pito, zapatos de charol, traje de modisto, gran fulard- que unida a su facilidad para la cháchara y el chismorreo sedujo a los millonarios y famosos de los años sesenta y setenta, encantados con contar en sus fiestas con una atracción tan llamativa. La biografía es enorme por el tamaño del libro y por el empeño de querer contarlo todo. Año por año, casi día por día, el autor sigue las andanzas por medio mundo, sus encuentros con gente importante, su intensa vida afectiva y sexual, su trato con ricos, políticos, actores, escritores, editores, gente de la calle y mujeres. Con quien mejor se entendía Capote era con las mujeres más hermosas de su época, a las que aconsejaba o guiaba como árbitro de elegancia en la noche de Manhattan y a las que sacaba confidencias para dotar de espesor a los personajes de sus libros.
La tristeza, como ocurre en la vida de cualquier hombre, envuelve como el largo foulard con que Capote se adornaba los inicios y la decadencia del escritor. En medio está su ascenso literario hasta la cumbre de A sangre fría y su ascenso social hasta llegar a ser uno de los personajes más famosos de su tiempo, creando un tipo de personaje que ha sido imitado hasta la náusea, desembocando en las playas sucias de Telecinco y News of the World. Tristeza porque todo él era apariencia, elevada con las artimañas del mejor artesano, en cuya superficie se reflejaba el mundo de los triunfadores. Poco a poco el artificio se fue ajando, cada vez fue más difícil taponar el boquete de su infelicidad, y entregando a la autodestrucción.
Un personaje así tenía que generar polémica, la de los envidiosos por su fácil triunfo -es llamativo el odio mutuo que se profesaron él y Gore Vidal-, la de sus ricas y guapas amigas que se veían traicionadas cuando sus chismorreos se convertían en materia literaria, la de sus amantes engañados o abandonados. Pero la polémica más interesante es la que tiene que ver con su concepción de la literatura.

lunes 18 de julio de 2011

Reglas para abandonar el barco antes del hundimiento

"Hace años que deberíamos haber encarado una reforma constitucional que actualizara la gobernación de este país. Una reforma capaz de instaurar un Estado federal moderno, culminando y corrigiendo el proceso de las autonomías, que cuestione la provincia como distrito electoral y establezca las prioridades para las próximas generaciones de españoles. Un programa así exige no solo un liderazgo del que hoy carecemos, sino una voluntad de acuerdo en la política que permita abordar también, de manera urgente y eficaz, la reforma del sistema financiero y la modernización de las relaciones laborales, sin lo que será imposible dinamizar la economía y generar puestos de trabajo. Pero mientras el país confronta la amenaza de ruina, se desvanece la cohesión territorial y aumentan los conflictos sociales. La pérdida de confianza en la gestión del actual presidente del Gobierno es clamorosa dentro y fuera de España".
Cuatro objeciones a un editorial y a este artículo (Esta insoportable levedad, Juan Luis Cebrián), que reclama los honores de la primera página:
1. Llegan demasiado tarde para ser creíbles. ¡Llevamos más de tres años arrastrando la crisis!
2. Si la crisis no es sólo económica, sino también social y política, por qué se ha esperado tanto para pedir una reforma de gran calado. Puede pensarse que es ahora cuando el PSOE va a perder el poder y va a llegar el PP cuando se quieren cambiar las reglas de juego.
3. Cómo espantar la sospecha de que detrás del malestar expresado no hay más que un marrullero juego para hacer ver que Rubalcaba no es ZP, que todo el mal es de ZP, que ninguna responsabilidad tienen sus vicepresidentes y ministros, su partido y cuantos lo han apoyado.
4. Cómo puede pedir una transformación y cambio profundos alguien que durante tantos años ha estado en el meollo del sistema, dirigiendo y controlando el periódico de referencia, formando parte del poder. 
"Si Zapatero quiere rendir un último servicio a su país debe abandonar el poder cuanto antes".

Nada más que sobreactuación. ¡Qué más darán cuatro meses más o menos después de tantos años de levedad! El artículo no muestra el fin de ZP, algo que no es necesario proclamar con corneta y tambores, sino la obsolescencia de este periódico y la anacronía de quien lo escribe.
Reglas para abandonar el barco antes del hundimiento. La desesperación y la angustia pueden llevarnos en una situación de peligro a abandonar nuestra embarcación de forma precipitada y sin adoptar las mínimas precauciones de seguridad.

viernes 15 de julio de 2011

Los huesos de Descartes

Precisamente el dualismo cartesiano, y su recorrido histórico, es el tema que debate este libro. Tomando como hilo conductor el trajín de los restos óseos de Descartes, Rusell Shorto reconstruye el mundo intelectual en el que emergieron las ideas del filósofo, así como su recepción y evaluación en los siglos posteriores. No es este, por tanto, un libro biográfico y menos un tratado filosófico aunque trate de las ideas de un filósofo que se considera el padre de la modernidad. Se trata más bien de un ensayo y, todavía mejor, de un gran reportaje periodístico, de casi 300 páginas, sobre el surgimiento de las ideas centrales de la revolución moderna desde el siglo XVII. A eso se dedica el autor, en efecto, elabora reportajes para la revista del New York Times. Eso tiene sus virtudes y sus defectos: es ágil, entretienen las historias en torno a los grandes científicos y filósofos, las ideas y descubrimientos están bien contados y explicados, casi deglutidos para el lector. El lado menos interesante es el exceso de anécdotas, entrevistas y sucesos, propios de la mentalidad periodística. Sin embargo, es una buena introducción al tema.

En el tiempo en que Galileo fue encausado y humillado por la Iglesia, Descartes huyó a Holanda para elaborar su sistema filosófico. También allí fue discutido y su filosofía prohibida en las universidades de los Países Bajos, pero al menos no fue juzgado por ningún tribunal. Descartes viajó mucho por la Europa de su tiempo, la de la guerra de los 30 años, y vio cómo esa guerra que había desgarrado material y espiritualmente a Europa, llegaba a su fin. De algún modo la filosofía de Descartes pretendía suturar y superar ese desgarro dejando atrás el mundo de las ideas medievales, proporcionando a los hombres la luz, el método, que les abriese paso en el nuevo mundo de la ilustración y de la ciencia moderna. Descartes descubre que nada puede ser superior al individuo, ni el poder político ni la Iglesia, que el individuo se constituye empezando a dudar de todo y que sólo la duda es garantía de que el mundo material existe. Descartes pone un pie en el mundo moderno. Pero en el hallazgo del hombre a solas con su pensamiento separado del mundo está el gran problema del dualismo, la brecha moderna que separa mente y cuerpo, espíritu y mundo. Cómo unir o relacionar ambas cosas. Descartes sigue teniendo el otro pie en la Edad Media, era un creyente convencido. Encontró en Dios, de modo natural, la solución a su problema: de Dios, cuya existencia no puede someterse a duda, nacía el mundo extenso y también su veracidad. Spinoza, poco después, no sé si irónicamente, afirmó que Dios y el mundo eran la misma cosa, un primer intento de superar la dualidad.

En general, a ese gran problema que permanece irresuelto la modernidad se ha enfrentado de tres maneras. Unos afirmando que no hay una mente separada del cuerpo, una posición que defienden los ilustrados radicales y sus herederos; también la neurociencia parece ir por ahí. Los creyentes, en general, considerando que existen alma -o mente- y cuerpo separadamente, aunque al final se unen en el más allá; la fe disuelve el dualismo; los fundamentalistas, incluidos los antidarwinistas del diseño inteligente, van por ahí. En medio estarían los ilustrados moderados que piensan que el hombre no es sólo un pedazo de materia viva. Desde Pascal, tratan de entender el hueco de angustia y esperanza que anida en el interior del hombre.


Descartes murió en Estocolmo una fría mañana de invierno de 1650. Allí había acudido para debatir con la curiosa y desconsiderada reina Cristina de Suecia, que le hacía acudir a palacio a las cinco de la mañana, a un hombre que no se despertaba antes de las once. Por supuesto, cogió una pulmonía que le llevó a la tumba. En ese punto comienza la historia de este libro, una historia que gira en torno al enigma de los huesos del filósofo. Los huesos comenzaron un periplo de siglos por diversos países hasta llegar a París. Allí siguió por distintos lugares: las iglesias de Santa Genoveva y Saint Germain des Pres, el Museo de los Monumentos de Francia, durante la revolución, y la promesa incumplida de reposar junto a los grandes hombres del Panteón. En algún lugar alguien separó el cráneo del resto del esqueleto. El cráneo también tendrá su propio periplo, pasando de mano en mano, con inscripciones de sus poseedores y un poema en latín, y se convertirá en objeto de estudio de científicos de toda laya. El asunto propio de una intriga de Sherlock Holmes es aún más complicado: los huesos que se conservan no son los de Descartes y en la historia no hubo uno sino dos cráneos. Una historia que sirve a Rusell Shorto como metáfora para seguir la evolución del dualismo a través de la revolución moderna.

Descartes fue un hombre entregado a sus cavilaciones, del que no se conocen historias amorosas. Parece que sólo se relacionó con una mujer, la sirvienta de una casa holandesa donde se alojó. Tuvo con ella una hija que murió a los cinco años. Parece que le afectó hondamente y que de ese sentimiento doloroso surgió su interés por las pasiones humanas. Quizá si hubiese vivido más tiempo -54 años- hubiese encontrado una respuesta a la brecha del dualismo.

jueves 14 de julio de 2011

Soldados

Sean quienes sean, sea cual sea su profesión, letrados, periodistas, políticos, sindicalistas, amas de casa, familiares de presos, liberados, reos, todos aparecen ante las cámaras como miembros del ejército de Euskal Herría, héroes en servicio a la patria. Soldados de un ejército en combate. No parece que, a día de hoy, estén dispuestos a bajar los brazos y entregar las armas. Los abogados, por ejemplo, se encargan como
"comisarios políticos" de ETA en las cárceles, de imponer una disciplina férrea en el colectivo de presos, de intermediar en el pago de extorsiones, de recopilar información sobre posibles víctimas, de facilitar la huida de terroristas buscados por las fuerzas de seguridad y de servir de correa de transmisión entre la banda y las redes sociales de su entorno.
En ese contexto los implicados en el caso Faisán aparecen como negociadores en un escenario de guerra. El ministerio del interior actúa, o actuaba, como parte de un gabinete de guerra. Ese es el error político o el escándalo o el delito.

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Un buen análisis: ¿Adónde va la izquierda europea?
¿Cómo puede ser que la izquierda haya dejado instalarse una economía mundial potencialmente delincuente, con un "sistema bancario a la sombra" (Shadow Banking System), que, por medio de los activos tóxicos, representa más de 650.000 millardos de dólares? ¡Eso es 10 veces el PIB mundial! Mientras que se pide a los asalariados más débiles, a los funcionarios que defienden el servicio público, a las clases medias que cargan con la parte más grande de los impuestos, a los obreros endeudados y devaluados, a los jóvenes abandonados en el camino de la vida, que paguen para salvar ese sistema delincuente. En efecto, la izquierda no ha instaurado este sistema, pero ¿qué ha hecho para combatirlo desde hace 30 años?

miércoles 13 de julio de 2011

Cuestiona la autoridad. Piensa por ti mismo

Joichi Ito, 44 años, director del Media Lab del Instituto tecnológico de Massachusetts:
Cuestiona la autoridad. Piensa por ti mismo. Sé libre en tu modo de actuar. Y permite el libre acceso.
El mercado asume que todo el mundo es egoísta y que el comportamiento egoísta es la fuerza que permite la asignación de recursos. Esta metáfora funcionaba en un contexto de escasez. No creo que los mercados y los banqueros vayan a arreglar esto. Creo que, de algún modo, algo contribuirá a que cambien las cosas. El software de código abierto, las ONG, los emprendedores sociales, las redes sociales e Internet servirán para dar el poder a la ciudadanía. 
El voto es una manera muy pobre de saber lo que la gente quiere. En el pasado era la única forma de recoger la opinión popular, pero la gente ahora puede hablarte directamente a través de las redes sociales. Creo que las voces serán más importantes que los votos. El periodismo es importante, pero lo importante es encauzar la voz de los ciudadanos, como ocurre con los procesos de democracia deliberativa: tomas una muestra aleatoria de población, la encierras en un cuarto y los pones a debatir; al final, esa muestra de gente es capaz de llegar a tener una opinión muy específica sobre cuestiones complejas como los impuestos o el sistema de salud. El ciudadano medio tiene mucha más capacidad de participar en la gobernanza de lo que se piensa, si se le da la información adecuada y se le hace ver que su voz está siendo escuchada.
Yo creo que se puede cobrar, pero hay que ser cuidadoso con dónde cobras y por qué cobras. Conseguir que el cobro venga en la cuenta de teléfono, por ejemplo, no es una mala idea. Hacer que alguien pague por leer un artículo causa una gran fricción. La publicidad es una manera indirecta de cobrar. Hay que pensar en el consumidor y en el producto: no hay problema en cobrar, pero no puedes cobrar por cosas que la gente no quiere.
Al principio será difícil porque el cliente está acostumbrado a ser tratado como un criminal pero cuando pasen unas generaciones, será un mecenas, un patrocinador. No pagará por lo que no le gusta, pero sí por lo que le gusta. El problema es que se ha roto por completo la confianza entre el consumidor y el creador. Si se reconstruye la confianza, el dinero fluirá. Solo hay que librarse de los intermediarios. Nadie quiere pagar a los grandes medios de masas porque no los ven como amigos. Si conectas directamente al periodista con el lector o al músico con los fans, se solucionará el tema de los pagos".

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Nigel Kennedy (Brighton, 1956), violinista,
Solo tengo dos barreras infranqueables: odio la música country y el tipo de música donde la gente hace como que toca un instrumento o que canta ante la cámara. No lo soporto. Se ve mucho de eso en televisión con gente como Madonna. El playback es una mierda. No está mal tener algunos elementos grabados, pero si estás delante del público, te jodes y tocas. No hay otra.
En la música clásica nunca he entendido el motivo por el que todo el mundo debe vestir la misma ropa, como si se hubieran puesto de acuerdo en hacerlo. Es algo que no me ayuda a mejorar mi música, si acaso hace que sea peor. Por eso, desde el primer momento, he pasado de todo eso. Quiero vestir algo que me permita moverme y sostener el violín de una forma natural, esa es la razón por la que llevo el mismo jodido traje desde hace 12 años.

lunes 11 de julio de 2011

Descartes en la Biblioteca Gredos


Dice el introductor a las obras de René Descartes, Cirilo Flórez Miguel, que publica la editorial Gredos en una magnífica edición, que la filosofía tiene un segundo comienzo en el siglo XVII, cuando emerge la modernidad, y que el héroe de ese momento es Descartes.

Descartes comenzó a pensar cuando Montaigne acababa de morir y cuando Galileo acababa de descubrir los satélites de Júpiter. Los ensayos de Montaigne le proporcionan la conciencia de ser un sujeto y actor de la historia. Galileo es el científico que no se contenta con contemplar o admirar el libro de la naturaleza sino que pone su ingenio, fundado en su conocimiento de la física, para actuar en la naturaleza. El propio Descartes recorrió Europa como soldado, metáfora del sujeto en movimiento, antes de instalarse en Holanda, el país más libre de entonces, huyendo de procesos inquisitoriales como el que padeció Galileo.

La época de Galileo y de Descartes, el siglo XVII, es la del nacimiento del sujeto burgués y su sentido práctico: si la esencia del mundo es irreductible a qué pugnar por llegar hasta ella, por qué no, mejor, construir una hipótesis o simular un mundo que de cuenta de modo verosímil de la realidad. Una construcción, una fábula, ordenada por las reglas de la razón, no por los datos cambiantes y engañosos de los sentidos. Porque el orden de la naturaleza no es el orden del saber que sólo encuentra su fundamento en el poder del sujeto, en las reglas que éste establece. Así, como los sentidos no pueden llegar hasta los astros y ver su funcionamiento, la astronomía lanza hipótesis –fabulas- para explicarlos. La construcción del saber es un acto que inicia el sujeto burgués del XVII, un acto de su entendimiento. Al abandonar la contemplación medieval, la recepción pasiva de los hechos a través de los sentidos, y afirmarse como sujeto activo capaz de fabular o construir ficciones sobre la realidad, el hombre se sitúa en camino de dominar el mundo, de someterlo a la técnica, de organizar el saber en función de la utilidad. Las ficciones o hipótesis adquieren validez en función de su utilidad, no importa si se corresponden o no con la realidad. El sujeto moderno no quiere conocer la estructura interna de la naturaleza, sino su funcionamiento, por eso trabaja con conjeturas o suposiciones, no busca la verdad del mundo sino la verosimilitud del objeto construido en la mente; del realismo aristotélico basado en al semejanza al objetivismo –un saber objetivo que la mente crea mediante el método matemático- basado en la verosimilitud.


Pues, antes que cualquier otra cosa, nos experimentamos como un “yo existente” (yo soy, pensando). La primera certeza de Descartes, la gran novedad de este nuevo comienzo de la filosofía, es la del sujeto que se autoafirma, fuera de toda duda, la de una naturaleza inteligente, capaz de engendrar su propio mundo. A partir de esa certeza, el “yo” se despliega en el mundo: yo siento, yo veo, imagino, pienso, quiero, hablo. Se le hacen perceptibles todas las cosas en el espíritu, en la conciencia. El alma, el espíritu mejor, es para Descartes el horizonte de visibilidad, la luz trascendental en donde se hace visible toda la realidad.

La mente (el alma, el espíritu, el noûs aristotélico) no es un espacio de representación sino el lugar donde emerge la fuerza, donde el yo actúa para conocer y dominar el mundo nuevo. Ya no se concibe el alma como principio de vida; queda separada con nitidez la naturaleza del espíritu. Lo propio del espíritu es la invención – “acto de pura intelección”; el espíritu crea, la naturaleza reproduce.

El cogito cartesiano (“yo pienso, luego soy”) no lo deduce Descartes por un silogismo, no es obra del razonamiento o enseñanza de maestros, es una experiencia, una simple intuición, una evidencia. Tampoco es una representación, sino un acto inmanente al hombre. “La vida sintiéndose a sí misma vivir como ego” (M. Henry).

Distingue Descartes la ciencia de lo real –física- de la metafísica y matemática. Si en estas el tipo de certeza es absoluta, en aquella sólo es probable, es decir, diferencia entre certeza metafísica y certeza moral. De ahí nace la ciencia moderna que trabaja con hipótesis o suposiciones. Afirma, Flórez Miguel, que Descartes tiene una concepción hipotético-deductica, al modo de Popper, de la ciencia. Para la ciencia el objetivo no es la verdad absoluta, sino su utilidad para la vida humana.

El objetivo último de la filosofía cartesiana no es el yo pienso, ni el yo siento, sino el yo quiero. La moral cartesiana no es estoica contra lo que algunos han dicho, parte de “la determinación firme (no indecisa) de una voluntad libre que nace de la sola luz de la razón”. La autonomía del hombre que se afirma a sí mismo; construir el modelo de naturaleza que mejor le sirva para dominarla y un modelo de vida que le haga feliz, que lo proporcione el contento espiritual. La virtud no es cuestión de sabiduría, sino de decisión. Frente a lo que han achacado algunos a Descartes, el último, Damasio en El error de Descartes, la concepción de la mente como realidad abstracta completamente desligada del sentimiento, habría que hablar más bien de la mente corpórea cartesiana:
“La naturaleza también me enseña por esos sentimientos de dolor, de hambre, de sed, etc., que no estoy solamente alojado en mi cuerpo como un piloto en su navío, sino que, más allá de ello, estoy unido a él muy estrechamente, y confundido y mezclado de tal manera que compongo con él como un solo todo”.
En Descartes, afirma Flórez Miguel, “el hombre deja de ser concebido como un continente capaz de ser habitado por Dios y divinizado y pasa a ser concebido como una potencia (naturaleza humana) capaz de ejecutar acciones y dirigir su propia vida”. El individuo burgués no busca la verdad, su contemplación, sino que está entregado –pasión- a la acción, a la dirección de su vida.

Sin embargo, a pesar de la interpretación omnicomprensiva que hace Cirilo Flórez Miguel, subsisten los dos aspectos más problemáticos de la filosofía cartesiana: el encaje de Dios y el dualismo. A Dios lo necesitaba Descartes para salir del callejón sin salida en que se encontraba por el subjetivismo del “yo soy”. Descartes necesita demostrar la existencia de un mundo independiente de sus pensamientos y sensaciones, un mundo objetivo del que el propio “yo soy” forma parte. Descartes necesita, por ello, postular la existencia de un ser independiente de sí mismo. De la naturaleza de Dios deducirá la naturaleza del mundo objetivo, ya que no podía dar crédito a los engañosos sentidos, así como también la verdad de Dios garantizaba la aspiración a un conocimiento verdadero, pero, precisamente, el problema de la existencia de Dios es un problema relativo a aquello que es verdadero. El mayor fracaso de Descartes consiste en su intento de unir las dos sustancias separadas, el cuerpo y el alma, lo inmaterial –el alma, la mente, el espíritu- y el objeto material. Flórez Miguel hace enormes esfuerzos por explicar en que consiste la glándula pineal -"el principal asiento del alma"-, el lugar de la interacción del cuerpo y el alma. El problema de la concepción dualista del mundo persistirá en la filosofía posterior durante varios siglos.

Sorprende la claridad expositiva de Descartes, su falta de tecnicismos, su pensamiento se sigue con facilidad en las buenas traducciones que ofrece la editorial Gredos, virtud que con el tiempo han ido perdiendo los filósofos franceses, y en general los filósofos. Como buena es la introducción que el profesor salmantino, Cirilo Flórez Miguel, hace del autor, situando su pensamiento en la época en que surgió y poniéndolo en contraste con los pensadores y contradictores de su tiempo.

domingo 10 de julio de 2011

Solo una noche (Last Night)

Lo más profundo de ésta Solo una noche es lo que se entrevé en la fruncida boca de Keira Knightle en el último plano con que se cierra abruptamente la película. Tras un leve intercambio de palabras, después de la larga noche de que habla la peli, la pareja protagonista en el momento de la confidencia, un abrazo que es promesa de felicidad y fidelidad, comienza a decirse algo más en el lenguaje difícilmente interpretable de los gestos, dejando que el espectador, que sabe más que ellos, continúe la historia de la pareja. Como del inexpresivo Sam Worthington hay poco que sacar, la cámara se detiene en el rostro de la Knightle, que tras un franco mirar a los ojos de su partenaire, declina los párpados bajo un descolgado mechón, entreabre la boca carmesí y muestra más allá del perlado brillo de los incisivos el rosado túnel de mullido lecho a que se invita al mirón.

El corte y fundido en negro es tan brusco como moroso ha sido el desarrollo de la historia, en la que la pareja separada por una noche encuentra, cada uno por su lado, a una irresistible mujer, Eva Mendes, y a un antiguo novio parisino en el que no se ha dejado de pensar. La situación se estira y se estira como en aquellas películas de erotismo fino de finales de los setenta, en las que se iba desvistiendo poco a poco a los jóvenes protagonistas sin que se alcanzase lo que al espectador se prometía. También aquí los actores se desvisten algo, aunque no es ese el erotismo con el que la peli juega, sino un erotismo sentimental, propio de tiempos conservadores como estos, aunque parezca lo contrario, que resulta cansado de llevar. La historia es muy sosa, los actores más, ni siquiera Eva Mendes luce como se le supone, y la promesa de seducción, excitación y éxtasis no alcanza nunca el climax. Si han querido reeditar el éxito de Closer a fe que no lo han conseguido.

jueves 7 de julio de 2011

"Ya hemos visto antes que el pueblo se deja envenenar"

1. Esa cosa populista de subir los impuestos a los banqueros, denso humo de goma quemada. ¿Por qué no se investiga a fondo el dinero encontrado en Suiza de la familia Botín? ¿Por qué los periódicos no investigan sobre ello? ¿Por qué los partidos, de oposición y gobierno, son una tumba? ¿Tantas voluntades ha comprado el banquero?

2. Gobiernos europeos pagaron rescates millonarios a cambio de rehenes. Con ese dinero Al Qaeda compra en Libia misiles antiaéreos Sam-7. ¿Hasta dónde asumen su responsabilidad nuestros políticos, hasta dónde llega su populismo?
La organización terrorista, que aún mantiene en su poder a cuatro rehenes europeos, dispone de recursos financieros para comprar armas gracias al rescate que le pagaron varios Gobiernos occidentales a cambio de la liberación de sus cuidadanos secuestrados en Malí.
3. Las palabras matan. ¿Por qué, después de tantos años, los criminales de guerra siguen impunes?
Los problemas entre Bosnia y la República Sprska (entidad serbia del país balcánico) siguen igual. Ya no hay guerra, pero eso es todo. La parte serbia de Bosnia niega el genocidio. Los criminales de guerra siguen impunes, y hay decenas de miles que deberían ser juzgados. Incluso si los jueces de Sarajevo trabajaran sin cesar, tardarían años en resolver los casos. Mientras no haya voluntad política no se solucionará. Mire, los políticos de los distintos grupos étnicos están envenenando a la gente. Y ya hemos visto antes que el pueblo se deja envenenar. Piense, si no, en la reacción de los serbios cuando detuvieron a Mladic. A la mayoría le seguía pareciendo un héroe.
 4. Y esta cita:
«Si te interesa saber lo que sucede realmente en una sociedad o ideología, sólo tienes que seguir la ruta del dinero. Si va a parar a la publicidad y no a los músicos, los periodistas y los artistas, entonces esa sociedad está más interesada en la manipulación que en la verdad o la belleza. Si el contenido carece de valor, entonces la gente comenzará a volverse estúpida o insustancial».

miércoles 6 de julio de 2011

"¡Es que solo escribo cuando estoy enfermo, cuando estoy sano pinto!"

Miquel Barceló:

"Cuando se ponía una pintura sobre un cadáver era como hacer que no estuviera muerto de verdad.

Cuando vas al Prado nunca piensas: esta gente está muerta. En cambio, como dice Susan Sontag, ante una fotografía es imposible no pensar en que el retratado está muerto, o que lo estará".

"El tiempo también pinta, decía Goya. Intento pensar cómo serán los cuadros dentro de 10, 100 o 1.000 años. Me gusta la idea geológica de la pintura.
El tiempo forma parte de la obra. Yo huyo de los restauradores. Hay que restaurar las cosas que se han añadido independientemente de la voluntad del artista. Durante un tiempo se puso de moda limpiar los cuadros y quitarles los barnices, y terminaron quitándoles las veladuras del pintor. Dejaron secos los murillos. ¿Quién sabe dónde acaba la suciedad y empieza la veladura?"


"Todo estaba ya en el Quijote. Como en Velázquez. Me pasa ahora con las pinturas de Chauvet. Todo está en Chauvet, incluso Velázquez. Lo extraordinario allí no es solo la técnica, sino que se acercasen tanto a los animales como para pintar una leona con ese detalle. Animales peligrosos que nosotros hemos visto de cerca por los documentales de la BBC.
Toda pintura es contemporánea. Y al leer el
Quijote ves que toda la literatura también lo es. Las diferencias de lenguaje son menos importantes que aquello que tenemos en común. En 32.000 años nadie ha inventado nada mejor que el carbón para dibujar".

viernes 1 de julio de 2011

La muerte de Montaigne

Asegura Jorge Edwards que lo que tiene entre manos, la escritura de La muerte de Montaigne, es una novela. No sé por qué lo afirma, y varias veces, quizá por un afán puntilloso, ya que hace algunas conjeturas, y acepta que puedan ser ciertas algunas suposiciones sobre la vida del señor de la Montaña, como a veces llama a Michel Eyquem, más conocido como Michel de Montaigne, por la confianza que da el trato continuado con las páginas, o quizá por modestia, sin embargo, lo que Jorge Edwards escribe es un ensayo sobre el gran escritor que inauguró este género literario.

Del mismo modo que la materia de los ensayos de Montaigne era el propio Montaigne –“Así, lector, soy yo mismo la materia de mi libro…”-, la materia de este libro que leo es el propio escritor, en este caso el chileno Jorge Edwards. Con una libertad de espíritu parecida a la de su admirado maestro, Edwards toma como excusa a Montaigne para definirse, para explicar su filosofía de la vida y la concepción de su escritura, para redactar un largo epitafio para sí mismo.

En cuanto a su modo de estar en el mundo, afirma su libertad de conciencia, como digo, la moderación, el acuerdo, la conciliación entre posiciones distantes y aún extremas, y se somete a la ley y el poder de quien lo ha alcanzado por medios legítimos, aunque a la autoridad, cita a Montaigne, “se le debe toda inclinación y sumisión, salvo la del entendimiento; mi razón no está acostumbrada a doblarse y a inclinarse, sólo mis rodillas”.
Y en cuanto a la escritura, leer y escribir se convierte para ambos, el escritor bordelés y el escritor chileno, en la actividad más importante y placentera, hasta el punto de retirarse uno a la torre de su propiedad y el otro a una casa apartada frente al mar para practicarlas como placer solitario. La digresión, el aleteo sobre temas diversos que se encadenan, parece el método más adecuado para culos movedizos que van de aquí para allá mientras escriben. En pequeños capítulos de tres o cuatro páginas, Edwards va saltando por distintos y sucesivos temas que trata de entender y explicar. Lo que atañe al señor de la Montaña y su tiempo: la época convulsa que le tocó vivir, las guerras de religión, la Armada Invencible que pasaba como es espasmo frente a las costas francesas, su relación con el poder, Enrique III, Valois, y Enrique IV, el primer Borbón, queriendo ver la influencia benigna, moderada que Montaigne ejerció sobre ellos en la distancia, en especial sobre la obra política del rey navarro que se convirtió en rey de Francia: su conversión al catolicismo –“París bien vale una misa”- desde su posición de jefe del partido de los hugonotes; el edicto de Nantes, proclamando el libre culto para hugonotes y católicos, que Edwards ve como antecedente de la Declaración de derechos del Hombre; pero también la vida íntima, privada, de Montaigne, su desapasionada relación con su esposa Françoise de La Chassaigne y con su única hija superviviente; la pasión intelectual, quién sabe si algo más, que le unió en su juventud, y más allá de la muerte, a Étienne de La Boétie e igualmente la pasión que en él desató, en sus últimos años, el encuentro con su joven admiradora, treinta años más joven, Marie de Gournay, que se iba a convertir en la editora de referencia de sus ensayos. A eso añadamos el amor a los clásicos latinos, el latín fue la primera lengua de Montaigne, Séneca, Homero, Virgilio, sus viajes a caballo por territorios peligrosos, el amor a la naturaleza, una vida apegada al buen vino de Yquem y Saint-Emilion y al buen yantar, que era también el de François Rabelais, y el amor a su propio cuerpo no sometido a restricciones espirituales, hasta el punto de que Sainte-Beuve, en el XIX, lo retrataría así: “Puede haber parecido como buen católico, con la salvedad de que no era cristiano”.

Capítulos intercalados con otros, los que atañen al propio escritor chileno, Jorge Edwards, los que se dedica a sí mismo, para describirse también como moderado, con opiniones igualmente desapasionadas, aunque no, quizá, en lo que atañe a los excesos del cuerpo, no lo dice aunque se intuye, por el énfasis que pone cuando de lo mismo habla en el caso de Montaigne, con el que establece un paralelo. También él ha servido a su país como diplomático, también él partiendo de un izquierdismo inicial condenó los excesos o se dedicó a la escritura, como aquí, una escritura que respira con la vida –me hace recordar a Jorge Semprún-, por eso ha de seguir el movimiento del cuerpo que se levanta y consulta, mientras escribe, o mira por la ventana, a través de un ligero velo de niebla, la espuma del Pacífico y la Isla Seca que tiene en frente, desde el altillo de la casa que tiene alquilada en Zapallar, y desde donde avizora la muerte, a sus 80 años, por lo que ya se plantea, hacer una confesión general y una comunión, por no incomodar demasiado a sus deudos y al cura del lugar, como así lo hizo su admirado Montaigne en la torre de su señorío en 1592, de modo que pueda reposar en el cementerio marino cercano de Zapallar.

Héroes que no pueden serlo

En esta difícil y larga transición del viejo patriarcado hacia el nuevo dominio de las mujeres hay cosas que quedan en el limbo de la indiferenciación, instituciones como el matrimonio u hombres heróicos en un campo y monstruosos en otro, hombres que serían condenables pero que representan valores que les alzaron en la vieja época.
Es el caso de Arthur Koestler. Autor de un libro, Darkness at noon (El cero y el infinito), que ha sido considerado como uno de los grandes del pasado siglo, las biografías que están apareciendo desde su muerte nos muestran un hombre neurótico, extremado en su toma de posiciones cambiantes (comunista y anticomunista, judío y antisionista), brutal en su trato con las mujeres, de las que sólo esperaba la sumisión. Cuando se suicidó, en 1983, a los 77 años, enfermo de leucemia y parkinson, junto a su cuerpo estaba el de Cynthia Jeffries,treinta años menor que él. Cynthia, antes de ser su tercera esposa, fue la secretaria que durante décadas le llevó la agenda de su voraz necesidad de conquistar mujeres, algunas esposas de sus mejores amigos (Bertrand Rusell, Michel Foot). Según cuentan sus biógrafos, sus relaciones solían comenzar con una violación. Cuando estas historias comenzaron a ser de dominio público sus amigos, entre los que se encontraban Tony Judt o Julian Barnes, lo disculparon o negaron las evidencias.

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Así en la literatura española como en el hombre: Adiós al macho.
Nuestro cromosoma Y ya solo tiene 50 genes, dedicados mayormente a la producción del esperma. Jennifer Marshall Graves, de la Universidad Nacional Australiana en Canberra, estima que el cromosoma Y se autodestruirá en cerca de 10 millones de años. Pero quizá no haga falta esperar tanto.