miércoles, 30 de junio de 2010
El sur, ese lugar con gente tan desagradable
En el espejo de la literatura surgió la fantasía del sur como lugar de promisión, frente a un norte industrializado y deshumanizado. El sur, al que escritores y turistas se abandonaron para encontrar paraísos perdidos o soñados, ha demostrado ser un lugar poco agradable, el buen salvaje soñado era gente bruta y por civilizar. La miseria que durante un tiempo no se quiso ver ha resultado ser muy desagradable, así que mejor construir el paraíso en casa. Tras el desescombro del muro de Berlín, los tiempos no están para utopías.
Sólo mostrando su verdadera cara se puede desarmar a los movimientos insolidarios y egoístas que durante demasiado tiempo han engañado a una buena parte de la opinión pública haciéndose pasar por modernos o socialdemócratas o progresistas, bajo la retórica de la libertad de los pueblos o de las naciones. Pero sea por pereza, por falta de espíritu poético o por desgaste de las metáforas demasiado usadas, cada vez los políticos nacionalistas son más directos al indicar a sus gentes el camino que hay que tomar y las reales intenciones: no queremos compartir nuestra riqueza con esos individuos del sur, tan vagos, tan subvencionados, tan poco dignos de fiar. Si hasta hace poco se señalaba hacia el futuro rosáceo de la nación forjada en las brumas medievales, ahora los independentistas -soberanistas, se dicen ellos- no se andan con tapujos: no queremos convivir con quienes se apoderan de nuestro dinero, esos sureños despreciables.
En Europa hay tres ejemplos de esta dinámica: la Padania de la Liga Norte, que quiere separarse del parasitario Mezzogiorno italiano; el Flandes de la NVA de Weber, que igualmente acusa a la Valonia sureña de tener una economía parasitaria y la Cataluña de la CiU de Artur Mas, que exige un concierto económico como medio para que los sureños de aquí, ya sean extremeños, andaluces o castellanos -mesetarios resumen con desprecio-, dejen de aprovecharse de la riqueza catalana. Todavía hay quien usa la lengua como elemento diferenciador y justificante de la separación, pero cada vez es más evidente que lo que importa en mantener o ampliar el privilegio económico. Por supuesto la mayoría de la población no apoya a los directamente independentistas, ya se digan de extrema izquierda o derecha -se ve en las elecciones, pero también en la farsa de las consultas "sobre el derecho a decidir"-, porque entonces el privilegio económico no podría mantenerse. En las próximas elecciones catalanas ganará con gran mayoría, la CiU que pide el concierto económico sin separarse del mercado español.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)


1 comentario:
Ya se hizo una seria advertencia al nacionalismo separatista por parte del "sur pobre": si se separan, perderán su mercado interior; no consumamos productos catalanes. Y eso surtió efecto. Si el problema de fondo es el económico, tampoco les interesa el secesionismo porque no tienen un mercado exterior como Gran Bretaña o Alemania. Así que cuiden mejor el federalismo, bueno para todos.
Publicar un comentario