lunes, 28 de junio de 2010

Alle Anderen, (Entre nosotros)

No es necesario un gran presupuesto para hacer una gran película. El modelo Hollywood apenas ha funcionado en Europa y menos ahora que se está tornando obsoleto y buscando nuevos y azarosos caminos hacia la rentabilidad. El cine europeo desde el comienzo de su historia ha sido diferente o más apegado a las historias complejas que venían de la literatura o con un mayor afán de aventura, innovación y realismo. Probablemente el formato actual de pelis a la vieja usanza para salas de cine esté acabándose a la espera de nuevas formas, pero de vez en cuando todavía se encuentra alguna peli que merece el desplazamiento hacia la vieja sala de cine.

La alemana Alle Anderen, (Entre nosotros), es una de ellas. Es cierto que le cuesta arrancar, que hay unas cuantas escenas en las que el espectador anda perdido preguntándose de qué va la cosa, pero en cuanto pillamos el asunto empezamos a reconocer la situación y a vernos a nosotros mismos o a gente que conocemos o hemos conocido reflejados en la pantalla. La peli va de una pareja todavía joven, recién formada, en la que el elemento clave de la unión es la disparidad, la diferencia entre los dos es lo que les atrae el uno al otro. Ese atractivo es muy fuerte al principio, pero la convivencia hace aparecer los problemas, en especial, cuando en la relación con otras personas haya que atenerse a las normas y convenciones sociales. Quizá los corazones sensibles que vean la peli sientan que se inmiscuyen en la vida íntima de esas dos personas -hay un exceso de escenas con sexo que no aportan nada, cansinas, redundantes, que incluso producen un cierto agobio-, pero qué ha sido el cine desde sus inicios sino una manera de satisfacer la curiosidad que todos albergamos por nuestros semejantes. El guión y la dirección se decantan más por un miembro de la pareja que por el otro, en defensa de la espontaneidad y el trato vivo, quizá añorando otros tiempos -tiene la peli un cierto aire de foto sepia, arrancada de un álbum de los setenta-, quizá las escenas se alarguen en exceso, quizá se podían haber elaborado con más cuidado, pero lo que se ofrece da pie a la reflexión y por ello, en tiempos de penuria, bien vale el esfuerzo de allegarse a una sala de cine.

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