lunes, 2 de noviembre de 2026

Valeria Luiselli. Los niños perdidos




Valeria Luiselli tuvo una crianza errante siguiendo los pasos de su padre diplomático. México Costa Rica Corea del Sur Sudáfrica India. El inglés y el español fueron sus dos lenguas desde el principio. Se licenció en Filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y se doctoró en Nueva York en Literatura Comparada, en la Universidad de Columbia. 

 

Los dos libros que han lanzado su carrera, el ensayo Los niños perdidos. Un ensayo en cuarenta preguntas (2016) y la novela Desierto sonoro (Lost Children Archive, 2019) derivan de su primer trabajo como traductora voluntaria para niños migrantes centroamericanos en los tribunales de inmigración de Nueva York. 

 

En las primeras páginas de Los niños perdidos proyecta suspense sobre si podrá obtener la green card para residir con seguridad en Estados Unidos. Viaja con su familia a la frontera con México con la intención de captar el pálpito emocional de los niños centroamericanos que atraviesan en masa la frontera entre los dos países en la gran crisis de los niños centroamericanos que quieren entrar en EE UU, en los años 2014 y 2015. Ese es el tono del libro, no sé si también de la novela que no he leído. El de la observadora que desde una posición de privilegio mira el drama. A lo largo del libro la curiosidad se transforma en trabajo a un paso del activismo.

 

La cuestión es si esa implicación emocional contamina el trabajo del periodista y escritor. Y de qué modo eso afecta al lector. Cuando contemplamos la migración como fenómeno adoptamos la capa envolvente de la masa: salen todos nuestros prejuicios, aunque no siempre los explicitemos. Desde el temor a ser invadidos a la lejana compasión por los desheredados de la tierra. Los políticos y los media juegan todas las cartas, en cada momento buscando la más favorecedora para sus interses. Es un proceso que culmina fácilmente en deshumanización.

 

Solo cuando bajamos al detalle, a la anécdota, al encuentro personal encontramos al hombre. Y el hombre es un ser complejo al igual que el lector de Luiselli, el espectador de Open Arms en Mediterráneo (2021) o el comprador ocasional de un bolso de marca falsa en el paseo de una ciudad de la costa. Cuando vemos al senegalés que nos vende una camiseta de la selección española con la segunda estrella incorporada o seguimos la peripecia de Manu el hondureño, que atraviesa el desierto americano siguiendo el rastro de un coyote que lo lleva a Nueva York, empatizamos un momento y nos mostramos dispuestos a hacer lo necesario para que consiga los papeles, sin pensar en todos los que como él se han quedado a mitad de camino, sin pensar en los límites de toda obra de caridad, en la injusticia absurda de por qué unos sí y otros no.

 

El libro de Luiselli transmite su propia emoción, su buen corazón, su disposición al activismo, como cualquiera de nosotros, lectores. Obvia todo lo demás: la maldición de la geografía, la disfuncionalidad de los regímenes políticos, la lotería familiar, la neutra injusticia de la distribución genética en la población. Hasta no hace mucho los géneros literarios tenían fronteras: la novela vehiculaba emociones, el ensayo trataba de la realidad.

 

No hay comentarios: