sábado, 10 de octubre de 2026

El Museo de Zeugma. El Túmulo de Nemrut



El museo de Zeugma 

Hasta el año 2000 poco o nada se sabía de lo que se escondía bajo la antigua ciudad de Zeugma, salvo piezas sueltas producto del vandalismo en museos y colecciones privadas. La arqueología se aceleró ante los trabajos de la presa de Birecik antes de que las aguas inundaran parte del yacimiento. El museo de Zeugma recoge lo que hasta ahora se ha descubierto, básicamente mosaicos. Mucho está por descubrir y una parte irremediablemente perdida por los trabajos de la presa o destruida deliberadamente por el ejército turco cuando hizo saltar por los aires un valle para impedir el paso de los terroristas. Los turcos aseguran que es el mayor museo de mosaicos del mundo.




 Zeugma fue fundada por el general del ejército de Alejandro Magno, Seleuco Nicátor, a ambas orillas del río Éufrates. Fue una ciudad próspera en la Ruta de la Seda que, en su esplendor, contó entre 70 000 y 80 000 habitantes.




La pieza más célebre del museo es la "Gitana de Zeugma". La Joven Gitana, una ménade, es el símbolo de la ciudad de Gaziantep. Decoraba el suelo de una lujosa villa romana (siglos II–III d.C.) a orillas del Éufrates. Fue descubierta en 1998, durante las excavaciones de emergencia. Los arqueólogos encontraron el pequeño fragmento oculto bajo una columna caída, lo que impidió que los saqueadores lo detectaran. El mosaico original cubría unos 15 m², pero la mayor parte fue saqueda en la década de 1960. 


Las ménades o bacantes eran seguidoras del dios Dioniso (Baco), conocidas por su frenesí dionisíaco y por llevar adornos de vid o vegetación en el cabello.




Lo que te atrapa de inmediato es la mirada al bies de la chica, gracias a las muy pequeñas teselas (opus vermiculatum) trazadas en líneas curvas que delimitan contornos y dan volumen al rostro, con una expresividad que da sensación de viveza. Es lo que define al artista frente al artesano. La pieza se exhibe en un espacio separado en el piso superior, en penumbra y bajo una iluminación que resalta la mirada de la ménade. El objetivo es hacer de la "Joven Gitana" la Gioconda de Zeugma.


Desde la localidad de Kâhta, en furgonetas, nos dirigimos al monte Nemrut. Hacemos dos paradas:


El Túmulo de Karakuş


Es un monumento funerario helenístico erigido por Mitrídates II, hijo del fundador del reino, Antíoco I, para las mujeres de la familia real del reino de Comagene. Lo rodean columnas con relieves de un león y un águila (Karakuş significa literalmente "pájaro negro"). Mitrídates II fue el unificador del Imperio parto (Irán). Nada que ver con Mitrídates VI, rey del Ponto (norte de Turquía), enemigo jurado de la República romana y protagonista de una ópera de Mozart. 

Las cámaras funerarias talladas en la roca fueron recubiertas por montañas artificiales de grava suelta de piedra caliza de tamaño uniforme, al igual que en el Túmulo de Nemrut (unos 50 metros de altura en Nemrut y unos 35 metros en Karakuş).


El Puente de Septimio Severo 




Un poco más adelante topamos con el puente romano de Septimio Severo (Puente de Cendere), uno de los puentes romanos de un solo arco más grandes del mundo (120 m). Construido con grandes bloques de piedra caliza ensamblados en seco, sin mortero (unidos por la gravedad y precisión del tallado). 




En origen el puente tenía cuatro columnas corintias (dos en cada extremo), dedicadas al emperador, a su mujer, Julia Domna y a sus dos hijos: Caracalla y Geta. Si, ahora, solo vemos tres es porque a la muerte de su padre Caracalla asesinó a su hermano para hacerse con el trono. No se conformó, preso de odio, Caracalla ordenó destruir todas las estatuas, inscripciones y la columna del puente que representaban a su hermano (damnatio memoriae).


El túmulo de Nemrud




Poco antes del atardecer las furgonetas, por una carretera sinuosa, nos acercan al monte Nemrut donde se encuentra el túmulo más famoso, la visita de la jornada. Aún hemos de subir a pie un kilómetro por una empinada cuesta. Es uno de los monumentos funerario santuarios más impactantes de la Antigüedad. La cima está a 2150 m, en el Anti-Tauro, un ramal de la gran cordillera de los Montes Tauro de Turquía. La panorámica a esta hora de la tarde impresiona.




El Reino de Comagene fue un pequeño pero rico Estado tapón situado entre dos grandes potencias de la época (el Imperio Romano y el Imperio Parto). El reino supo crear una cultura mestiza fusionando ambas tradiciones, persa y griega. Nemrut Dağı es el símbolo arquitectónico y religioso de ess fusión.




Fue mandado construir en el siglo I ac. por el rey Antíoco I de Comagene. Se sabe la fecha exacta gracias a un bajorrelieve: el León Astrológico. La alineación de estrellas que aparece en el lomo del león, en la constelación de Leo, señala una fecha precisa: el 7 de julio del año 62 ac., es decir, el momento exacto en que Antíoco I fue coronado rey por el general romano Pompeyo Magno.




El enclave está concebido como un hierothesion (santuario sagrado y tumba real) y constituye un testimonio del sincretismo cultural entre el mundo helenístico y el persa. Antíoco proclamó su propia divinidad (Antíoco I Theos) mostrando su estatua junto a los panteones griego (Apolo y Zeus) y persa (Mitra) en una sola fe. 




El túmulo es una pirámide cónica de 50 metros de altura y 150 de diámetro construida acumulando millones de pequeñas piedras calizas trituradas. Se cree que la cámara funeraria de Antíoco I se encuentra excavada en la roca firme, en la base y justo debajo de la acumulación de piedras. 




Las estatuas medían entre 8 y 10 metros; esculpidas en bloques de piedra caliza que llegaban a pesar entre 7 y 9 toneladas y alineadas en dos grandes terrazas. La actividad sísmica y el hielo (el invierno dura 6 meses) las ha fragmentado. Vemos cabezas gigantes separadas del cuerpo, caídas justo delante de los tronos.




Una obra de ingeniería: la grava suelta era una medida de seguridad contra los saqueadores. Si algún saqueador intentaba excavar un túnel, la piedra suelta colapsaba sellando el acceso. Los arqueólogos, de momento, no han penetrado en la cámara funeraria para no derrumbar la estructura.



A pesar de la altura no hace frío en el Nemrut Dağı. Esperamos sentados sobre los bloques de piedra que los canteros devastaron poco antes de nuestra era para presenciar la puesta de sol, imaginando las condiciones de trabajo: grandes oscilaciones térmicas , día/noche, inviernos de hielo/veranos sofocantes; a lo que hay que añadir el problema logístico del aporte de agua, comida y materiales (debió existir una red ininterrumpida de suministros). Miles de canteros transportaron la grava partida mediante cestos y mulas hasta coronar las estructuras. Los peones picaban piedra a más de 2.000 metros. Debía ser extenuante. Los canteros ensamblaban los grandes bloques sin mortero (en ajuste en seco), un cálculo milimétrico en condiciones ambientales severas. 




Cuando admiramos la grandeza y belleza de estos lugares no pensamos que son fruto de la desigualdad, del genio de quienes lo diseñaron y del dolor de quienes lo construyeron.


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