No verás una
película como esta porque nadie te la pondrá delante de los ojos. Y aunque te
la pongan, probablemente no harás el esfuerzo por sentarte y verla. Todo en
ello exuda tercerismo. Ya sabes, ni película de Hollywood ni película indie. Y,
sin embargo, deberías darle una oportunidad; si no lo haces es porque una parte
del mundo y de las cosas del mundo escapan a tu campo de interés.
Un hombre no
muy agraciado, en cualquier aspecto que consideremos, se siente poeta porque en
su juventud escribió poesía, incluso la publicó y hasta le dieron algún premio.
Sentirse poeta le exime de cualquier compromiso con el mundo. Eso cree.
Desatiende los deberes familiares: la hija de un matrimonio fallido se lo
tendrá en cuenta. Desatiende los deberes laborales: su madre ya mayor, cree, debería
seguir manteniéndolo. Si alguien provee un trabajo para él no se sentirá
obligado a corresponder con responsabilidad. Piensa que los esfuerzos han de
hacerlos otros, no él.
Pero se abre
una ventana: su vida parece que va a dar un giro cuando se encariña con una
chica poeta. Puede ser la gran obra de su vida, su Opus Magnum,
convertir a una adolescente en la gran poeta nacional: darle los premios que
merece, sacarle de un medio familiar condenado, arreglarle la vida. ¿Lo
conseguirá?
Si te animas
a ver la película, verás que el mundo no es como lo pinta tu imaginación. La
película es torpe en la producción, en la interpretación, en el encadenado de
las escenas. La película está fabricada con las inexistentes reglas de la
poética. Aparece un mundo que no es el tuyo, aunque te suenen los nombres, los
giros y los ecos, imágenes que llevan a Fernando Botero y a los barrios
humildes, al poeta nacional José Asunción Silva - la ensoñación de nuestro
prota que para los demás no es más que una efigie en el billete de 5000 pesos.
No veas la
película para ensanchar tu mundo, por solidaridad con los desvalidos, por
compromiso - esa palabra en desuso. Por qué entonces, por fidelidad al hombre
que quizá has olvidado que eres.
Nocturno
III de José Asunción Silva
|
Una noche |
Escribo esta
reseña en un parque donde un amplio grupo de colombianos - ningún Botero entre
ellos - cantan cumbias para celebrar un cumpleaños. Ni a ellos ni yo sabíamos
la tragedia que está sucediendo en su país

No hay comentarios:
Publicar un comentario