lunes, 10 de agosto de 2026

Un poeta

 

 


No verás una película como esta porque nadie te la pondrá delante de los ojos. Y aunque te la pongan, probablemente no harás el esfuerzo por sentarte y verla. Todo en ello exuda tercerismo. Ya sabes, ni película de Hollywood ni película indie. Y, sin embargo, deberías darle una oportunidad; si no lo haces es porque una parte del mundo y de las cosas del mundo escapan a tu campo de interés. 

 

Un hombre no muy agraciado, en cualquier aspecto que consideremos, se siente poeta porque en su juventud escribió poesía, incluso la publicó y hasta le dieron algún premio. Sentirse poeta le exime de cualquier compromiso con el mundo. Eso cree. Desatiende los deberes familiares: la hija de un matrimonio fallido se lo tendrá en cuenta. Desatiende los deberes laborales: su madre ya mayor, cree, debería seguir manteniéndolo. Si alguien provee un trabajo para él no se sentirá obligado a corresponder con responsabilidad. Piensa que los esfuerzos han de hacerlos otros, no él.

 

Pero se abre una ventana: su vida parece que va a dar un giro cuando se encariña con una chica poeta. Puede ser la gran obra de su vida, su Opus Magnum, convertir a una adolescente en la gran poeta nacional: darle los premios que merece, sacarle de un medio familiar condenado, arreglarle la vida. ¿Lo conseguirá? 

 

Si te animas a ver la película, verás que el mundo no es como lo pinta tu imaginación. La película es torpe en la producción, en la interpretación, en el encadenado de las escenas. La película está fabricada con las inexistentes reglas de la poética. Aparece un mundo que no es el tuyo, aunque te suenen los nombres, los giros y los ecos, imágenes que llevan a Fernando Botero y a los barrios humildes, al poeta nacional José Asunción Silva - la ensoñación de nuestro prota que para los demás no es más que una efigie en el billete de 5000 pesos.

 

No veas la película para ensanchar tu mundo, por solidaridad con los desvalidos, por compromiso - esa palabra en desuso. Por qué entonces, por fidelidad al hombre que quizá has olvidado que eres.

 

Nocturno III de José Asunción Silva

 

Una noche
una noche toda llena de perfumes, de murmullos y de música de alas,
Una noche
en que ardían en la sombra nupcial y húmeda, las luciérnagas fantásticas,
a mi lado, lentamente, contra mí ceñida toda,
muda y pálida
como si un presentimiento de amarguras infinitas,
hasta el fondo más secreto de tus fibras te agitara,
por la senda que atraviesa la llanura florecida
caminabas,
y la luna llena
por los cielos azulosos, infinitos y profundos esparcía su luz blanca…


Escribo esta reseña en un parque donde un amplio grupo de colombianos - ningún Botero entre ellos - cantan cumbias para celebrar un cumpleaños. Ni a ellos ni yo sabíamos la tragedia que está sucediendo en su país

 


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