Los guionistas de la serie parten de la tesis de que
la sociedad se sostiene por unos pocos hombres que cumplen con su cometido
profesional, poniendo la propia vida o su equilibro mental en riesgo. El
ejemplo es una sala de urgencias en un hospital de Pittsburgh, donde el jefe de
sala - el adjunto en la jerga -, los médicos y los estudiantes atienden
frenéticamente a la gente que va llegando con traumas diversos.
El montaje combina la sucesión vertiginosa de casos
que van llegando en las peores condiciones con el carácter de los diversos
personajes sometidos a un estrés difícil de soportar, médicos, enfermeras y
estudiantes.
Por un lado, los generalmente anónimos e inconscientes
individuos que han sido puestos por los azares de la vida – o por la propia
imprudencia – a un paso de la muerte o la amputación. El regalo de la vida,
además de breve, está sometido al vaivén de azares inesperados. Por otro, la
profesión y la responsabilidad.
Nada como un hospital (quizá una escuela o un juzgado
se le puedan comparar) para experimentar con la colmena humana. Los
profesionales sanitarios se especializan, cada uno debe saber su oficio a la
perfección para ser útiles y salvar vidas. Cada uno de ellos es puesto a prueba
y de esa prueba depende la vida de otras personas. Pueden haberse equivocado a
la hora de escoger especialidad, ser débiles de carácter o tener una incapacidad
física que les inhabilite, si es así deben reconocerlo y dar un paso atrás.
También sirve para un maestro, un juez, un bombero, un policía o cualquier
profesión. Obtener un puesto en profesiones frontera por nepotismo es un
crimen.
En ningún otro sitio se ve mejor nuestra mutua
dependencia. La vida íntima, personal o familiar queda en un segundo plano;
cuantas menos interferencias haya mejor se cumplirá con la profesión, y en
mejores condiciones estará el enfermo.

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