martes, 30 de junio de 2026

El tiempo y la soga

 


 

Diecisiete años. Un hervidero de sensaciones, una constricción de los sentimientos. En tantos años las dos vidas se han desincronizado. Tiempo para los hijos, los mayores y los posadolescentes. Una madre en ejercicio y un jubilado a tiempo completo. 

 

Ella seguramente lo olvidó pronto, quizá alguna ráfaga antes de que la voluntad férrea, aunque temblorosa, se impusiese. Él atrapado en unos sentimientos sin salida. El sentimiento de traición: aquel a quién le has contado todo, en quién has confiado más que en cualquier otro, y de pronto ese capital se convierte en humo. 

 

El tiempo no pasa en todos por igual. Se aprieta cuando dejas de trabajar, cuando los años caen como puñales ardiendo. En otros, los que trabajan, las rutinas te mantienen como en salmuera.

 

Un restaurante de medio pelo. Las raciones no muy grandes, el sabor diluido en las copas de vino peleón, aunque se diga de bodega. Caro, excesivamente caro. Ahí los compañeros, antiguos amores. 

 

Se cierne se aprieta el tiempo como la soga en el cuello del ahorcado.




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