Diecisiete
años. Un hervidero de sensaciones, una constricción de los sentimientos. En
tantos años las dos vidas se han desincronizado. Tiempo para los hijos, los
mayores y los posadolescentes. Una madre en ejercicio y un jubilado a tiempo
completo.
Ella
seguramente lo olvidó pronto, quizá alguna ráfaga antes de que la voluntad
férrea, aunque temblorosa, se impusiese. Él atrapado en unos sentimientos sin
salida. El sentimiento de traición: aquel a quién le has contado todo, en quién
has confiado más que en cualquier otro, y de pronto ese capital se convierte en
humo.
El
tiempo no pasa en todos por igual. Se aprieta cuando dejas de trabajar, cuando
los años caen como puñales ardiendo. En otros, los que trabajan, las rutinas te
mantienen como en salmuera.
Un
restaurante de medio pelo. Las raciones no muy grandes, el sabor diluido en las
copas de vino peleón, aunque se diga de bodega. Caro, excesivamente caro. Ahí
los compañeros, antiguos amores.
Se
cierne se aprieta el tiempo como la soga en el cuello del ahorcado.

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