Si la ves en un mapa se asemeja a una concha, a una
vieira; si la ves desde lo alto, su paisaje interior también te lo recuerda:
los barrancos que nacen en las cumbres llegan a la costa como las estrías de
una concha. No sé si tanto como un mini continente, como dicen los isleños,
pero la isla tiene paisajes muy variados, desde las dunas de Maspalomas hasta
los restos boscosos de la laurisilva, desde el pico más alto, que casi llega a
los 2000 m, hasta los barrancos más profundos y los 60 km de costa. En los días
despejados, como tuvimos ocasión, se ve el perfil de Tenerife, incluido el
Teide.
Gran Canaria se podría comparar a la provincia más
pequeña de la España continental, Guipúzcoa, un poco más grande en extensión
esta y un poco mayor en población aquella, sin embargo, ambas son marinas y han
dado pie a grandes navegantes o estos han pasado por sus costas.
Hemos paseado durante algo más de una semana por sus
barrancos, buscando alturas o valles, su florida vegetación en esta época y los
siempre llamativos roques, entre ellos el más famoso Roque Nublo. Gran Canaria
es una isla volcánica. Su geografía muestra la huella de episodios sísmicos,
calderas como la de Tejeda, de la que un admirado Unamuno, en su libro de
viajes de 1910, dejó escrito:
"Todas aquellas negras
murallas de la gran caldera, con sus crestas que parecen almenadas, con sus
roques enhiestos, ofrecen el aspecto de una visión dantesca. [...] Es una
tremenda tempestad petrificada, una tempestad de fuego más que de agua".
El paisaje canarión tiene dos hitos singulares, las dunas
de Maspalomas, que ha popularizado la reciente película con el mismo nombre,
400 hectáreas de arena dorada, que incluye una charca de agua salobre y un
extenso palmeral, y el Roque Nublo (a 1.813 m de altura), el monumento natural
más emblemático del archipiélago, un monolito de 80 m de altura que debió
sobrecoger a los aborígenes hasta convertirlo en un lugar de culto. Por cierto,
los canarios se dicen descendientes de los bereberes del norte de África. Hay
otros roques, entre ellos el cercano Bentayga, con un santuario usado para la
observación astronómica y rituales sagrados.
Los otros lugares que merecen la visita son el Barranco
de Guayadeque, una grieta de 25 kms de escarpadas laderas con vegetación
endémica y una gran cantidad de casas-cueva, alguna de ellas todavía habitadas
o reconvertidas para el turismo.
La Reserva Natural de Azuaje, la zona más húmeda,
donde se intenta recuperar la laurisilva originaria actualmente reducida al 1%
de la isla.
La Caldera de Bandama, uno de los lugares que más
impresiona, pues son visibles los efectos de la explosión volcánica, una
caldera perfecta de un kilómetro de diámetro y 200 m de profundidad.
El Macizo de Tamadaba y el "Cola de
Dragón": el denso bosque de pino canario, el pino ignífugo que se recupera
fácilmente tras el incendio de 2019, junto a vertiginosos acantilados que caen
verticales al mar en la costa oeste. Su perfil dibuja la silueta dentada de la
cola de un dragón hundiéndose en las aguas.
Por las mañanas hemos hecho rutas de senderismo por estos
paisajes únicos y por las tardes visitamos los pueblos bonitos que tiene Gran
Canaria. Teror y la basílica de Santa María del Pino, la Virgen que
compite con la Candelaria tinerfeña.
Tejeda, con vistas al Roque Nublo,
con su avenida de casas coloniales y su rica repostería a base de almendras
locales.
Arucas, con su monumental Iglesia de
San Juan Bautista, esculpida enteramente en piedra negra de cantería local, que
no es catedral, aunque bien lo parece y merece.
Firgas: la "villa del
agua" por sus históricos manantiales, conocida por el Paseo de Gran
Canaria, una empinada calle peatonal que alberga mosaicos que representan a
todos los municipios de la isla.
Habría que añadir los puertos costeros de Agaete o
Puerto de las Nieves con sus casas blancas y azules, propio de los pueblos de
pescadores, y Mogán, con bonitas calles peatonales flanqueadas por
buganvillas, fachadas blancas con marcos de colores y un puerto deportivo al
que algunos llaman la pequeña Venecia, donde fuimos a comer pescado fresco el
último día a la afamada Cofradía de los pescadores.
Y otro lugar imprescindible, el paseo que, desde la Playa
de las Canteras, llena de turistas, continúa en forma de paseo con miradores
por la Isleta hasta la Playa del Confital, para mi gusto el lugar más
bello de la isla, una zona costera natural y virgen de roca volcánica. Si te
atreves a ascender por el sendero que lleva a las Coloradas encontrarás un
restaurante de pescado a buen precio, el Padrino.
Deja un día, al menos una mañana, para el histórico
barrio de Vegueta y la Casa de Colón en la ciudad de Las Palmas.

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