A l'ocàs del segle XX,
Déu havia de conèixer, per fi,
l'home bo i fort,
però un bo i un fort
segueixen sent dos homes.
(W. Szymborsca)
L'esquirol, esperançat,
s'ha apropat a la figuera
amb la cua interrogant...
de seguida ho ha sabut:
les figues segueixen verdes!
i s'ha enfilat pel pi blanc
per ratar minsos pinyons.
Abanderat dels colors,
el gaig l'ha sobrevolada
sense aturar-se a cap branca,
encara manca l'aroma
de la fruita ben madura...
per entretenir la fam
recull pinyols d'albercoc.
Em sento frustrat com ells,
m'amarga haver de concloure:
L'home bo i fort de Szymborska
es manté dissociat
en ple segle XXI,
canviem els noms, no els fets,
com Polònia per Gaza...
Arribarem a tastar
la melmelada de figues?
(Melmelada de figues. Xavier Carreras)
Tanto a Gerardo como a Xavi les gustan los paseos cortos, cerca de casa. Como me dice, Xavi no sale a caminar sino a observar lo que pueda ver en sus paseos. Tanto el uno como el otro son detallistas. Xavi se fija en la vida del paisaje, en los pequeños animales, l'esquirol, el gaig, en los cambios estacionales, cómo las plantas se van transformando, para constatar qué se repite en la vida de los hombres, para verificar in situ la continuidad de la vida. Como ese pequeño arrendajo que se entretiene con el hueso de un albaricoque a la espera de que la fruta madure.
¡Quien pudiera ser árbol
de madera indeleble!
Ser una leve brizna
surgiendo de la tierra,
ser después tronco y hojas
y luego flor de nieve
para beber el sol.
Y más tarde ser fruto
en busca de unos labios
y al final ser de nuevo
la semilla feraz
que la tierra amamanta.
Y volver a ser brizna
que abreve con ahínco
en la luz y la lluvia,
en la noche y la luna.
Y ser en la espesura
un eterno cerezo.
(El eterno cerezo. Gerardo Guaza)
Gerardo observa en las palpitaciones de un arbusto, en el temblor de las hojas de un cerezo el propio palpitar del corazón humano, atento a la memoria, al recuerdo de otros paisajes, buscando, igualmente, el hilo que une las emociones del pasado con el presente algo desolado, el que constata que “pasa la vida, queda lo vivido / unos cuantos poemas y poco más, amigos”, como escribe Ignacio Gamen.
Ambos junto a otros amigos publican una revista literaria con periodicidad anual. Hace pocos días presentaron el último número, el 95/96, un volumen grueso, que vale por dos, donde acogen a muchos que como ellos siguen atentos al temblor de los días.

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