jueves, 14 de mayo de 2026

Gerardo, Xavi, Ignacio


                                            


A l'ocàs del segle XX,

Déu havia de conèixer, per fi,

l'home bo i fort,

però un bo i un fort

segueixen sent dos homes.

(W. Szymborsca)


L'esquirol, esperançat,

s'ha apropat a la figuera

amb la cua interrogant...

de seguida ho ha sabut:

les figues segueixen verdes!

i s'ha enfilat pel pi blanc

per ratar minsos pinyons.


Abanderat dels colors,

el gaig l'ha sobrevolada

sense aturar-se a cap branca,

encara manca l'aroma

de la fruita ben madura...

per entretenir la fam

recull pinyols d'albercoc.


Em sento frustrat com ells,

m'amarga haver de concloure:


L'home bo i fort de Szymborska

es manté dissociat

en ple segle XXI,

canviem els noms, no els fets,

com Polònia per Gaza...

Arribarem a tastar

la melmelada de figues?

(Melmelada de figues. Xavier Carreras)


Tanto a Gerardo como a Xavi les gustan los paseos cortos, cerca de casa. Como me dice, Xavi no sale a caminar sino a observar lo que pueda ver en sus paseos. Tanto el uno como el otro son detallistas. Xavi se fija en la vida del paisaje, en los pequeños animales, l'esquirol, el gaig, en los cambios estacionales, cómo las plantas se van transformando, para constatar qué se repite en la vida de los hombres, para verificar in situ la continuidad de la vida. Como ese pequeño arrendajo que se entretiene con el hueso de un albaricoque a la espera de que la fruta madure.


¡Quien pudiera ser árbol

de madera indeleble!

Ser una leve brizna

surgiendo de la tierra,

ser después tronco y hojas

y luego flor de nieve

para beber el sol.

Y más tarde ser fruto

en busca de unos labios

y al final ser de nuevo

la semilla feraz

que la tierra amamanta.

Y volver a ser brizna

que abreve con ahínco

en la luz y la lluvia,

en la noche y la luna.


Y ser en la espesura

un eterno cerezo.

(El eterno cerezo. Gerardo Guaza)


Gerardo observa en las palpitaciones de un arbusto, en el temblor de las hojas de un cerezo el propio palpitar del corazón humano, atento a la memoria, al recuerdo de otros paisajes, buscando, igualmente, el hilo que une las emociones del pasado con el presente algo desolado, el que constata que “pasa la vida, queda lo vivido / unos cuantos poemas y poco más, amigos”, como escribe Ignacio Gamen.


Ambos junto a otros amigos publican una revista literaria con periodicidad anual. Hace pocos días presentaron el último número, el 95/96, un volumen grueso, que vale por dos, donde acogen a muchos que como ellos siguen atentos al temblor de los días.

 

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