viernes, 17 de abril de 2026

Zhangjiajie, el puente de cristal y la leyenda de los 'arreadores'



Mientras nos acercamos, no demasiado deprisa, por la niebla y lluvia, hacía un nuevo objetivo en la región de Hunan, el puente de cristal del Gran Cañón, en Zhangjiajie, seguimos viendo en el paisaje montuoso de la región las tumbas solitarias o pequeños cementerios con adornos que tanto nos llama la atención. Hunan tiene una tradición particular al respecto. Li explica cómo durante la muerte reciente de la madre de su esposo la familia y el pueblo entero durante una semana se dieron a una alocada celebración con músicos contratados, comida y bebida abundante y juegos y risas durante la que era imposible dormir.




En la cultura china, la idea de que "las hojas que caen vuelven a sus raíces" es vital. Morir lejos de casa y no ser enterrado en el suelo ancestral es una tragedia espiritual. El terreno en Hunan es tan montañoso que cuando alguien moría fuera de casa era imposible llevarlos en ataúdes o en carretas de vuelta al hogar.




Por ello se creó un modo alternativo de traslado. A él se refiere la leyenda de los 'Arreadores ' o 'conductores de cadáveres', como nos cuenta Li , en Xiangxi, al oeste de la provincia de Hunan. Una historia de misterio y terror. Cuando una persona moría lejos del hogar (trabajadores o soldados en las montañas), la familia contrataba a un maestro taoísta o 'arreador'. El maestro realizaba un ritual que incluía pegar un amuleto amarillo en la frente del difunto para 'revivirlo' durante el trayecto. Luego lo conducía haciendo que el cadáver caminase dando pequeños saltos con los  brazos extendidos (Jiangshi o 'muerto saltarín').

 


Viajaban de noche. El 'arreador' hacía sonar una campana para avisar a los vivos,  porque los muertos traían mala suerte. El 'arreo' era la forma más económica y práctica de devolver los cuerpos al hogar.


¿Qué sucedía, realmente saltaban los cadáveres? Los 'arreadores' en realidad ataban los cadáveres, por las axilas, a dos largas y flexibles varas de bambú. Dos hombres, uno adelante y otro detrás, cargaban las varas sobre sus hombros. Al caminar, el bambú oscilaba hacia arriba y hacia abajo debido al peso de los cuerpos. Como se puede suponer, la noche - de noche todos los gatos son pardos - hacía el resto: vestían a los muertos con túnicas largas más el bambú oscuro hacía que pareciese que los cadáveres saltaban por sí solos; los cargadores quedaban ocultos en las sombras o por el propio cuerpo del difunto. Zhangjiajie era el corazón de esta tradición.

 

Hoy queda la leyenda, pero en ciudades como Fenghuang y Zhangjiajie (Hunan), de donde venimos y adonde vamos, se hacen representaciones teatrales para turistas. La imagen de los muertos saltarines está en el origen de los Jiangshi, los zombis del cine de terror de Hong Kong.




En Hunan tanto en los funerales como en las bodas se usan grandes cantidades de petardos para ahuyentar a los malos espíritus. Y si en el funeral debe manifestarse gran alegría, por contra, la novia debe llorar ritualmente durante varios días (a veces semanas) antes de la boda como forma de mostrar amor y gratitud hacia los padres por haberla criado. Si no llora, los vecinos pensarán que no tiene  corazón. En cuanto al novio, se hacían rituales humillantes: se le obligaba a vestirse de manera ridícula con ropa interior femenina o con delantales y a desfilar por la calle o ante los invitados mientras la gente se burlaba de él. A veces se le cerraba la puerta o se le golpeaba con ramas o escobas en la creencia de que "cuanto más fuerte se golpea al novio, más bendiciones recibe". 




El puente de cristal sobre el gran cañon de Zhangjiajie tiene 430 m largo, 6 m ancho y 300 m sobre el nivel del suelo. Una obra de ingeniería. Dicen que el más grande del mundo: el más largo, el más alto y el más ancho entre los puentes de vidrio de este tipo, desde 2016. El suelo de paneles de vidrio templado de 24 mm es capaz de soportar a 800 personas simultáneamente. Atrae multitudes que juegan con la adrenalina que produce el vértigo al mirar hacia abajo. Lo divertido, suponemos, son la tirolina y la vía ferrata, pero esta vez no son para nosotros.


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