Solo cabe un ooooh de sorpresa cuando, pasada la puerta ornamental al pie de la montaña, uno mira hacia arriba y ve el enorme agujero, ni más ni menos que la Puerta de Entrada al Cielo (Tianmen). En Burgos tenemos un arco, otra puerta sobre un río más terrenal, nada celeste, Puentedey, un puente de piedra natural de 15 metros de altura sobre el río Nela. El diferencial chino es el tamaño, la altura y sobre todo la multitud que pide paso y empuja para traspasar la puerta, aunque traspasada, la promesa, como en cualquier paraíso, no sea otra que vacío.
El Arco de Tianmen es una abertura natural de 131 m de alto y 57 m de ancho formada por el colapso de una cueva kárstica hace aproximadamente 1.500 años. Un texto de época narra que el sonido del colapso se escuchó desde la ciudad. La Montaña de Tianmen (Tianmen Shan), en Zhangjiajie, es considerada una de las maravillas naturales más impresionantes del mundo.
Tenemos dos opciones para subir hasta la puerta del cielo, por escaleras mecánicas, construidas por dentro de la roca, que suman 12 largos tramos (7+5) o a pie, por la larga y pindia escalera que se ve en las fotos, conocidas como la "Escalera al Cielo". Es pindia pero con ritmo se puede subir. Se dice que la escalera tiene 999 escalones, para cumplir con el número mágico de la cultura china, el 9.
El número 9 (九, jiǔ) simboliza longevidad, eternidad y poder supremo, siendo considerado un número muy afortunado. Debido a que su pronunciación es igual a la de la palabra "duradero" o "eterno", se asocia con relaciones amorosas largas y buena fortuna. También simboliza los nueve palacios del cielo. Para Dante, sin embargo, 9 son los círculos del infierno en la Divina Comedia.
Una vez arriba, justo debajo del gran hueco hay un pequeño estanque y tras el la ladera que baja por la otra vertiente. Luego se ascienden 5 tramos más de escaleras mecánicas para llegar a lo más alto, hasta una plaza donde se aprieta la multitud. Hay la opción de subir todavía más a un pico con mirador o dar la vuelta por un sendero asentado sobre el borde de un vertiginoso acantilado. En parte, el sendero va por unas pasarelas de cristal transparente suspendidas a 1,400 metros de altura, no aptas para quienes sufren vértigo. Otra opción es no moverse y quedarse a tomar un café o rendirse al impacto místico, si ha sido el caso, entrando en el templo budista.
El número 9 lo volvemos a ver en las 99 curvas de la carretera que asciende hasta el inicio de la montaña. Nosotros hacemos la mitad a la vuelta, de bajada, - son muy cerradas, igualmente vertiginosas -, hasta llegar al acceso a las cestas que nos dejan en el centro de la ciudad de Zhangjiajie. El Teleférico es el más largo del mundo y el de mayor de inclinación (38°), con 7,4 kilómetros de la cima a la ciudad. La experiencia es sorprendente por inesperada: 30 minutos con paisaje de bosque y campos a un lado y los picos de Tíanmen al otro, hasta sobrevolar calles, avenidas y los edificios de Zhangjiajie. La vista desde el teleférico es espectacular. La ingeniería extrema china nos sorprende una y otra vez.
El tiempo ha acompañado. Para que la experiencia fuese completa los picos habían de aparecer entre nubes, creando una atmósfera casi mística y fotogénica. También nos ha llovido y se ha despejado un poco, de modo que en el restaurante (con excelente pato laqueado) pudiésemos verlos de lejos.








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