domingo, 8 de julio de 2018

Westworld (Segundas partes)




             He esperado a que estuviese la segunda temporada completa, en HBO, para verla en días seguidos sin interrupción. En la primera temporada me gustó la mezcla de western y ciencia ficción, la exhibición de tecnología, la brillante producción. El final de esa temporada hacía presagiar el protagonismo absoluto de los anfitriones sobre los huéspedes, tras su rebelión, y así es. El problema es que se quieren contar demasiadas historias, demasiados personajes haciendo cosas, demasiados escenarios en ese parque turístico que se agiganta, como en aquellos circos de tres pistas, donde el placer de los cuerpos es sustituido por la muerte, eros por tánatos, todo confluyendo en otro final explosivo. Es difícil situarse en los primeros capítulos, adónde van todos esos androides, con personajes excesivamente barrocos, la confusión entre anfitriones y huéspedes, entre muertos y resucitados virtuales, con personal de seguridad y de dirección enloquecido, con tanto derrame de sangre natural y artificial que deja de sorprender y, cuando llega ese final, aburre porque es más de lo mismo, algo visto muchas veces en las pelis y series de androides. Y la idea nuclear que parece mover la serie, el afán de inmortalidad, no está bien explicado o se pierde en la aparatosidad de la producción.


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