martes, 3 de julio de 2018

Virgen y otros relatos, de April Ayers Lawson




              Virgen es el primero de los cinco relatos del debut de April Ayers Lawson. Tan sólo le hacen falta treinta y tres páginas para llevar al lector a un mundo oscuro, sensual y deprimente, lo que a otro autor no habría sabido contar en quinientas. Hay tres personajes principales y unos cuantos más secundarios y todos tienen su complicada historia, ni una línea de relleno. Enfermedad, religión, fetichismo, abusos, fobias, sexo. Alguien podría pensar que es el producto de uno de esos talleres de escritura creativa, pero nada de lo que cuenta es inverosímil porque los temores, deseos, humillaciones y extrañezas a los que sus personajes se enfrentan son los mismos que nos sacuden a nosotros. El cuento es un prodigio de complejidad, en las relaciones que se establecen entre los personajes y en el modo de contarlo. Como en los grandes autores exige del lector atención y paciencia, un voto de confianza, seguir leyendo para que encajen las piezas. Y como en las buenas historias, con final inesperado y abierto, como en la misma vida, aún a sabiendas de que esa mirada que echamos más allá de la ventana puede ser la última mirada al mundo.

            En los otros relatos sí se confirma la impresión de ser productos de un taller literario. En Tres amigas en una amaca, tres amigas que han dejado a sus maridos conversan sobre historias de hombres y mujeres, mientras la fuerza de la gravedad las lleva a apretarse una contra otra. Cuentan y sienten, hablan y recelan y sueñan con situaciones que den pie a que sus deseos se cumplan. Aunque contarlo así no le hace ningún favor. La autora, en sólo seis páginas, en la voz de una de las tres amigas, aporta densidad, no se puede decir que haya un tema, sino muchos, intriga y desolación.
“Dos de nosotras habíamos sufrido agorafobia en cierto momento, todas habíamos tenido problemas de depresión y ansiedad, una había intentado suicidarse, una había sido violada, una había sufrido abusos, dos teníamos perritos blancos y ancianos y una tenía una hija, Todas nosotras nos habíamos acostado con un hombre con el que se había acostado también una de las demás”.

        En la misma línea, Así es como la tienes que tocar es un doble acertijo. Gretchen acude a clases de piano a casa de la señorita Grant después de que sus padres la descubran toqueteándose con un primo tres años mayor. En una habitación de la casa de la señorita Grant hay un misterio por el que Gretchen, de trece años, se siente más seducida que atraída. Algo sucede, la señorita Grant lo sabe, pero el lector y los padres de Gretchen no. Medio relato discurre sobre la intriga de qué ha hecho la resuelta niña, cuando se sabe, el otro medio discurre sobre qué va a ocurrir, pero ese no es el segundo acertijo, sino que la autora lo planta al final, un final abierto.


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