miércoles, 24 de junio de 2015

¿Por qué E = mc²?, de Brian Cox y Jeff Forshaw


            Una de las consecuencias del conocimiento, quizá la principal, es que nos llena de asombro y emoción y que dispara nuestra imaginación queriendo saber más, hasta dónde podemos llegar. La observación de la naturaleza nos llena de preguntas: ¿cómo es que existe algo en lugar de nada?, ¿por qué existen las cosas?, ¿de qué están hechas?, ¿cuál es su consistencia?, ¿por qué permanecen y no se desintegran? Pero una vez que comenzamos a conocer algo sobre el universo y su organización, en lugar de darnos por satisfechos con lo poco que sabemos o creemos saber, seguimos haciendo preguntas: ¿cómo es que vemos las cosas?, ¿por qué las vemos en color?, ¿hay alguna relación entre el color rojo de la sangre y el proceso final de fusión que tiene lugar en el núcleo de las estrellas? ¿Por qué existen las estrellas?, ¿qué hace que permanezcan unidas?, ¿cuándo y cómo se desintegran?, ¿valen igual las leyes que rigen su organización y la nuestra?

            ¿Qué es la energía?, ¿qué la masa?, ¿por qué Einstein las hace equivaler en su famosa fórmula: E=mc2?, ¿qué significa exactamente?, ¿por qué la velocidad de la luz es una constante en el universo?, ¿por qué el espacio y el tiempo son conceptos equívocos, tanto que los físicos prefieren hablan de espacio-tiempo como una unidad? ¿Qué diferencia a la energía química de la nuclear?, ¿qué a la fisión de la fusión? ¿Seremos capaces de liberar la energía de fusión y solucionar todos nuestros problemas energéticos? ¿Es necesaria la antimateria para la comprensión del universo o es cosa de ciencia ficción?

            Los núcleos y los átomos existen, los animales y las plantas, las estrellas y las galaxias, ¿por qué las partículas interactúan entre sí en lugar de moverse en direcciones distintas en el enorme espacio que existe entre ellas, en lugar de atravesarse sin más? ¿Por qué existen partículas de materia y partículas de fuerza?, ¿por qué unas tienen masa y otras no? ¿Por qué si con sólo cuatro partículas de materia se entiende el universo hay, sin embargo, 12? ¿Qué entienden los físicos por modelo estándar? ¿Hay una única ecuación fundamental que explique el funcionamiento de la naturaleza? ¿Existe una ecuación maestra?

            Poco después del Big Bang se produjo una inmensa aniquilación de masa cuando partículas de materia y antimateria se destruyeron mutuamente dando lugar a fotones (sin masa) en una proporción de 100.000 millones fotones por partícula?, ¿por qué el universo no está lleno de luz y nada más? ¿Por qué subsistió una parte, por qué sigue habiendo materia tras el Big Bang, es decir estrellas, planetas y personas?, ¿por qué puede destruirse la masa y transformarse en energía y al revés? Es más, la simetría de gauge que gobierna la interacción entre partículas exige que ninguna de las partículas del modelo estándar tenga masa, ¿cómo puede entonces explicarse la masa? Ahí es donde aparece el campo de Higgs y su partícula asociada, tan de actualidad estos últimos tiempos por su descubrimiento en el LHC del CERN. El Higgs impregna todo el espacio, frenando a quarks y leptones que de otro modo se moverían a la velocidad de la luz (pero no a los fotones). ¿Por qué sin el Higgs no existiría masa en el universo?

            ¿Por qué los relojes van más rápido en el espacio exterior que en la superficie de la Tierra? ¿Siguen las mismas leyes los objetos que se mueven muy rápido que los objetos de nuestra vida cotidiana que apenas se mueven? ¿Nuestra experiencia diaria puede servirnos para saber cómo funciona la naturaleza a distancias muy grandes y a distancias muy pequeñas? ¿Por qué no encajan la teoría de la relatividad y la teoría cuántica? ¿Por qué no se integra la gravedad junto a las otras tres fuerzas de la naturaleza?, ¿Se descompone el espacio-tiempo a escalas diminutas? ¿Necesitamos otra teoría para tener una imagen más completa de la naturaleza? ¿Son los objetos fundamentales de la naturaleza diminutas vibraciones de energía llamadas cuerdas?


            A todas estas preguntas intenta responder este libro, aunque algunas siguen quedando en el aire. Los autores, que utilizan un vocabulario asequible, lo explican todo de forma inteligible pero sin saltarse los razonamientos por abstrusos que puedan parecer, pero lo hacen tan fácil que el lector cree poder entender los misterios del universo, hasta allí donde los científicos han llegado, hasta las actuales fronteras del conocimiento.

martes, 23 de junio de 2015

Maryam




            Sobre su cuerpecillo dormido, sobre su piel rosada, sobre sus manchitas rojizas sobrevuela el futuro. No hay nada tras ella, ni un pensamiento, ni una acción, solo un breve llanto y mucho sueño. Aun no ha cogido la teta de su madre, pero ya hay trazos, señales, direcciones apuntadas por su padre, por su madre, por quienes han empezado a quererla sin saber cómo será. Todo está por escribir. De momento es un cuenco de luz sobre el que se deposita el amor.

sábado, 20 de junio de 2015

"El laicismo está pasado de moda"


              Una entrevista que merece la pena. Karen Armstrong, estudiosa de las religiones:


            “En el mundo moderno, tenemos una idea muy primitiva de Dios: que hay algo allá arriba que creó el mundo y escribió un libro, que sabe las cosas y piensa como nosotros... Esa idea de los primeros libros de la Biblia es un paquete para principiantes, algo con lo que empezar. Mucha gente en Occidente oye hablar de Dios por primera vez igual que de Papá Noel. Dios refleja una capacidad de los seres humanos, de su mente, de tener experiencias trascendentes”.

¿Está desapareciendo la religión?

jueves, 18 de junio de 2015

La partícula al final del universo, de Sean Carroll


            La mayor máquina jamás construida por el hombre es el LHC (Gran Colisionador de Hadrones), a caballo entre Francia y Suiza, cerca de Ginebra. Es una circunferencia de 27 km de longitud y cien metros de profundidad. Se puso en marcha el 10 de septiembre de 2008 después de que el Congreso de EE UU rechazase construir una máquina mayor, el SSC que habría tenido 87 km de longitud, por su desmesurado coste. El europeo LHC, cuando llegue al máximo de su potencia, alcanzará una energía de 14eV; el SSC habría alcanzado los 40eV. El objetivo de la máquina es desvelar los últimos misterios de la materia, qué partículas subatómicas nos quedan por descubrir, si es que queda alguna y verificar si el modelo estándar de la física es el correcto o hay que modificarlo. El LHC ya cuenta en su haber con el descubrimiento del bosón de Higgs, anunciado en julio de 2012. Los físicos nos dicen que hay partículas de la materia o fermiones que se pueden agrupar en 6 quarks y 6 leptones. A los primeros se les conoce como hadrones, de ahí el nombre de la máquina, que lo que hace es colisionar partículas con masa, básicamente protones contra protones. Y que después están las partículas portadoras de la fuerza de las cuatro grandes fuerzas de la naturaleza: electromagnética, nuclear fuerte, nuclear débil y gravitatoria: fotones, gluones, bosones y gravitones respectivamente. El Higgs en un bosón, que no es exactamente una partícula portadora, pero que es necesario para explicar la masa de las partículas de materia y que interactúa a través de la interacción débil.

            Uno de los descubrimientos más impactantes de la física moderna es que los constituyentes básicos del universo no son las partículas sino los campos. Por ejemplo, lo que hace que dos cuerpos se relaciones o se atraigan no es exactamente la fuerza de la gravedad, sino el campo gravitatorio o que lo que hace que la materia tenga forma es el campo de Higgs. Hasta las partículas con masa “son vibraciones discretas de campos fermiónicos”. Y que en los campos las partículas se comportan como ondas, ondas gravitatorias, ondas electromagnéticas, porque en los campos lo que se produce son vibraciones. El más intrigante y misterioso, el más difícil de atrapar es el campo de Higgs, probablemente el más importante, extendido por todo el universo, porque es el que da masa a las partículas, el que rompe la simetría, sin el cual no existiría la materia en el universo y la vida sobre la Tierra.  Otro de los descubrimientos sorprendentes del siglo XX son las simetrías. Cuando las simetrías son potentes dan lugar a las fuerzas de la naturaleza. Las leyes básicas de la física obedecen a una determinada simetría, funcionan igual con independencia de la posición o de la velocidad. Pero el campo de Higgs las rompe. El campo de Higgs como la brújula impone una determinada dirección.

            Con el descubrimiento del bosón de Higgs se completa muestra comprensión de la física que subyace a nuestra realidad cotidiana. El campo de Higgs es el que da masa a las partículas. Sin él no habría objetos en este mundo, la Tierra, la pantalla en la que ves esta reseña, los ojos que la leen. Las partículas se moverían a la velocidad de la luz. Hay más materia, más partículas por descubrir, más fuerzas, más energía que explicar pero su interacción con la materia ordinaria es tan débil o tan breve que no podemos dar con ellas sin construir costosísimas máquinas para lo que se requiere un enorme esfuerzo de cooperación internacional. El LHC ha costado 9.000 millones de dólares, el próximo Colisionador Lineal Internacional (ILC) que haría chocar electrones y positrones podría costar entre 7 y 25.000 millones y los financiadores se preguntan para qué, con qué objeto. El principal, por supuesto, es el conocimiento, pero también hay consecuencias prácticas, del CERN salió el WWW, Internet, los superconductores o la medicina de radiación. Se ha calculado que la inversión en ciencia básica tiene un retorno del 28%. ¿Qué cartera de inversión garantiza tal rentabilidad?

            La física no se ha parado con el descubrimiento del Higgs, más bien se ha cerrado una etapa y comienza otra, con muchos interrogantes por resolver: la materia oscura, la supersimetría, las dimensiones adicionales, la energía oscura, el multiverso.

            El parámetro de energía que usan los físicos es el electrón voltio (eV). En un horno normal, al calentarse a 2500 las moléculas se reordenan aunque los átomos permanecen inalterados. Alcanza una energía de 0,04 eV. A unos pocos eV los electrones se separan de los núcleos. Con MeV los núcleos se descomponen en protones y neutrones. 500 GeV es una energía de plasma: aparecen los bosones de Higgs, los quarks, los leptones, los bosones W y Z y es posible que otras partículas que se aniquilarían al chocar con sus antipartículas. En el universo primordial la energía sería parecida hasta que la temperatura fue disminuyendo y el espacio expandiéndose a increíble ritmo. En esas condiciones la densidad de la materia fue disminuyendo rápidamente y las partículas alejándose unas de otras. Entonces, es posible que las partículas creadas en el plasma originario no tuviesen ocasión de aniquilarse con sus antipartículas porque sería difícil que se encontrasen. La abundancia residual de partículas estables del plasma primigenio explicaría la materia oscura que tanto preocupa a los físicos. Un par de minutos más tarde del Big Bang la temperatura y la densidad habrían disminuido tanto como para permitir la combinación de protones y elementos ligeros en deuterio, helio y litio, la llamada nucleosíntesis primordial. Los físicos llaman WIMP (partícula con masa de interacción débil) a la materia oscura. El Higgs, de ahí su importancia, podría ser el eslabón de nuestro mundo con la mayor parte de la materia del universo, el portal entre el modelo estándar y la parte oscura de la materia. En 1998 se descubrió que el universo no solo se expande sino que lo hace cada vez más rápido. Se debería a la energía del vacío o lo que Einstein, en 1917, llamó constante cosmológica.


            Sean Carroll concluye preguntándose que habrían respondido los filósofos antiguos a la pregunta “¿Qué hace que el sol brille?”. Esto es lo que nos dice la ciencia moderna: “El sol está compuesto por partículas que pueden chocar entre sí y unirse, y que una de ellas se transforma en otra de un tipo distinto emitiendo una tercera partícula que carecería de masa de no ser por la existencia de un campo que ocupa todo el espacio y rompe la simetría responsable de la fuerza asociada, y que la fusión de las dos partículas originales libera energía, que es en última instancia lo que vemos como luz solar”. ¿Cuántos filósofos durante cuántos miles de años pensando al pasear por los bosques del planeta hubiesen sido necesarios para dar con esa respuesta? 

miércoles, 17 de junio de 2015

La ciencia del optimismo


            Ayer coronaba la modesta universidad de esta ciudad a Luis Rojas Marcos como ilustre doctor honoris causa. Con tal motivo daba una lección magistral. No fui porque sabía de qué iba a hablar, lo que iba a decir y que el auditorio quería escuchar, de la “ciencia del optimismo”:


            “El optimismo tiene una parte de arte, si se entiende como la imaginación, la creatividad y la subjetividad del ser humano, a la hora de explicar lo que nos pasa, lo que vemos a nuestro alrededor dando énfasis a los aspectos positivos”. Una visión positiva del futuro, de esperanza “que no es otra cosa que pensar que lo que deseamos va a ocurrir”. “El firmamento no es menos azul porque las nubes nos lo oculten”.

martes, 16 de junio de 2015

La gratitud, de Fermín Herrero


            Hay que entregarse a la lentitud, si uno puede, para leer el nuevo poemario de Fermín Herrero. “La dicha profunda de la percepción consiste en la carencia de eficiencia, brota de la mirada larga, que se demora en las cosas, sin explotarlas” (Byung-Chul Han). Fermín deja desamparado al lector frente a sus versos desprovistos de rima, despojados de adjetivación y de metáforas, de color y hasta del ritmo casi. Hay que prestar mucho oído para hacerse a él, porque está ahí y al final se encuentra. Y sin embargo nadie podrá decir que no se está ante la poesía y de la buena. Hay que leer una y otra vez cada verso, volver a empezar cada poema para recomponer el rompecabezas y si se persiste no se llega necesariamente a la comprensión del poema, porque hasta de un significado global parece prescindir y solo debiéramos conformarnos con significados parciales, flotantes, ecos que rebotan de una palabra a otra, de un verso a otro. Porque su modo de componer parece seguir la técnica de algunos surrealistas de ir pegando imágenes, yuxtaponiendo, acumulando, de modo que sea la propia imaginación, o la fantasía del lector la que revele el sentido. Solo a veces alguna interpolación -“El goce y el dolor tienen la misma / naturaleza, son inseparables, no se compensan”- parece fijar el significado flotante.

            En el afán por prescindir de lo superfluo, los versos se muestran tan desnudos que parecen entidades sueltas y el conjunto semeja un cuadro abstracto que busca en quien lo mira sensaciones más que comprensión. Poemas elípticos porque se comprimen las frases o se suprimen palabras. Aunque no siempre es así, hay poemas más cerrados, plenos, con un significado más accesible y aun otros, diría yo, más íntimos, tanto que se asoma uno a ellos con reparo, como si se mirase por una cerradura o a través de una ventana de la casa de enfrente.

            Pero si hay esa ambivalencia en la expresión, poemas cerrados y poemas abiertos, poemas bañados por la luz y poemas enigmáticos, no la hay en el sentido global del libro, el lector sabe qué es lo que el poeta quiere trasmitir, la voluntad de atrapar la vida y el gozo de vivirla. La vida es a veces frágil y vulnerable, blanda y tierna, simple y lenta y otras plena, en la que la felicidad está ahí, al alcance, con versos que dan cuenta del momento gozoso: “En el olor del jacinto salvo / la mañana, en la delicadeza de su delgado / aroma”. Pero el poeta es tan exigente en la manera de tallar y limpiar sus versos como en la de aceptar la veracidad del momento: “Al pararme a pensar en el placer de este momento / lo sofoco.” Cómo atinar entonces, se pregunta. Sus versos son temblorosos, inseguros pero afirmativos: “El tiempo huye y permanece el instante”.
           

            Si se persiste en la lectura, si se vuelve a él por segunda, por tercera vez, el libro tiene recompensa. En lo seco, en lo recio se esconde su belleza. Aunque hay versos bellísimos, como estos que remiten al lejano oriente: “Caen las hojas al estanque, el levísimo / chasquido al desprenderse se amortigua / en el rumor del agua”. No es un libro para leer en casa o en un lugar cerrado, sino para dejarse llevar por el temblor de las hojas de los álamos o por el trino de los gorriones, para estar atento al viento que mueve las copas de los árboles y las páginas del libro. Quizá sea aquí donde FH mejor acomode la forma a su intento de expresar la fragilidad y levedad de la vida, de convertirla en canto.

lunes, 15 de junio de 2015

Intemperie, de Jesús Carrasco (2ª lectura)



            He apreciado mejor en esta segunda lectura de Intemperie la voluntad expresiva, el deseo de construir una historia con un estilo terso, limpio, de evitar en lo posible los adornos, de ajustarse al paisaje seco, abrupto, inhóspito de la meseta, de brillar como nuevo rebuscando en el léxico palabras poco corrientes aunque precisas que se ajustasen al asunto y al medio. Una tersura que también se usa para construir la historia con pocos personajes, tres básicamente, el niño y el cabrero en primer plano y el alguacil como figura ausente pero amenazadora y una cuarta como apéndice para completar esta especie de western de tremendismo castellano, el tullido malvado y víctima a la vez.

            Lo que ahora he visto y que en la primera lectura no aprecié, no sé si es un defecto o una virtud, es el molde en que está hecha la novela. Someter la acción a la estructura del western permite contar la historia de forma esquemática, con trazos morales reconocibles, sin necesidad de que los personajes los expliciten directamente. El paisaje árido, seco, quebradizo, el sol inclemente, el agua escasa, estancada y podrida, el niño y el cabrero caminando dolorosamente hambrientos, sedientos, sudorosos, fatigados, sin apenas descanso sobre el duro suelo, acompañados por una docena de cabras, un perro y un burro, con enorme esfuerzo para allegarse algo de comida, sin hablar apenas, el cabrero porque no es un hombre de palabras y el chico porque siente más que piensa el horror del que huye, el pueblo en el que ha dejado a sus padres en quienes no puede confiar, el alguacil con su doberman y la motocicleta que siente a sus espaldas como ruido polvoriento, amenazante, y el norte como guía, un punto de salvación indefinido. La violencia asociada a ese paisaje, natural, la de la pertinaz sequía de los cuarenta, que no concedía tregua a unos hombres exhaustos, y política, la de la autoridad que se impone sin más, sin reglas ni humanidades, es el lenguaje al que se ajustan los trazos morales en distintos episodios que tensan la atmósfera hasta llevarla al clímax en el que el chico obligado se convierte en héroe de sí mismo.

            Así como el último cine japonés ha adaptado el western a un paisaje de viejos samuráis en retirada, Jesús Carrasco lo trae a los años cuarenta, cuando el franquismo inicial y la naturaleza se mostraban inclementes con los hombres de la posguerra. Y aunque en nuestra historia literaria ha habido muy buenos antecedentes como La familia de Pascual Duarte de Cela o Los santos inocentes de Delibes, Carrasco se ciñe mejor a los códigos genéricos. Tiene de positivo la limpieza de la escritura, la facilidad en la comprensión, la no intervención del narrador, la claridad en los perfiles morales. Por el contrario, el género simplifica la complejidad, los personajes son de una pieza, el lector lo tiene fácil. Y al situar la acción en décadas tan lejanas acerca la novela a otro género, el más abundante hoy y el menos literario, el histórico.

domingo, 14 de junio de 2015

Phoenix y unos tuits infames


            Coinciden, en la cartelera, la película alemana Phoenix y, en las redes, unos tuits de un podemita encargado de cultura en el nuevo ayuntamiento de Madrid. Ambos de modo algo diferente se relacionan con la aproximación al mal que unos humanos han hecho a otros.

            En la película una judía, tras la guerra, vuelve a Berlín en ruinas desde un campo de exterminio. Tiene el rostro desfigurado tras un disparo a bocajarro, se somete a una reconstrucción facial y se prepara para emigrar a Haifa. Pero se entera de que puede volver a ver a su marido del que le separó la delación que le llevó a la cercanía de la muerte. Una amiga le informa de que fue su marido precisamente quien la traicionó y que ahora pretende cobrar su herencia porque la cree muerta. Ella no acaba de creérselo. Antiguo pianista, lo busca en los cabaret de la noche berlinesa y lo encuentra en el Phoenix del título. Él no la reconoce pero sin embargo ve semejanzas, tantas que le propone participar con él en el engaño de presentarse como su mujer que vuelve de un campo de concentración y exige su herencia. El director, Christian Petzold, y sus intérpretes juegan de modo creíble con esas confusiones de personalidad, avanzando en la trama entre el suspense del espectador, la negativa del marido (Ronald Zehrfeld) a reconocer a su mujer ante las crecientes semejanzas y los sobresaltos de la mujer (Nina Hoss) entre el amor y la honestidad de su marido. El contexto en que se desarrolla la película es el de la sociedad de posguerra alemana que no quiere enfrentase a la realidad del mal de la que ha sido responsable y sus esfuerzos para olvidar y alejar la culpabilidad. Después de tantos años, una película alemana, con frialdad expositiva, les muestra a sus compatriotas aquella realidad a la que quisieron vivir de espaldas. Ningún espectador puede quedar indiferente.



            La verdad es que después de ver la peli, los tuits rescatados de este Guillermo Zapata, concejal de cultura del ayuntamiento de Carmena/Carmona solo pueden producir repugnancia. Cuesta creer la insensibilidad de una parte de la extrema izquierda hacia el exterminio de los judíos. O la atracción por la barbarie etarra (Este otro tuit: "Han tenido que cerrar el cementerio de Alcásser para que Irene Villa no vaya a por repuestos"). ¿Qué tipo de moblaje ornamenta su mente? Se disculpa, ¡se disculpa!, el individuo alegando que los escribió en un contexto sobre los límites del humor. ¿A quién se le ocurriría parir semejante horror como ejemplo de humor negro? ¿Y quién es capaz de reírle las gracias? ¿Quizá los madrileños que le votaron y que ven bien tener a un individuo así como como ordenador, gestor y subvencionador de la cultura? ¿Quizá la propia Carmena que demostrará que su defensa de la justicia es palabrería y su profesión demócrata mera burla si no le pide el acta de concejal?

PS. Ahora dice este Zapata que no descarta dimitir si es lo mejor 'para que esas personas dejen de sufrir'.

viernes, 12 de junio de 2015

Psicopolítica, de Byung-Chul Han



            Cuando con algo más de 20 años, Byung-Chul Han dio el salto de Corea a Alemania también lo hizo de la metalurgia a la filosofía, aunque su interés inicial era la literatura alemana. Si al final fijó su residencia en la filosofía se debió, según sus palabras, a que para estudiar a Hegel la velocidad no era importante, bastaba con leer una página por día. Su primera década como filósofo la dedicó a Heidegger y a Hegel, pero no fue hasta 2010 cuando su Müdigkeitsgesellschaft (La sociedad del cansancio) lo convirtió en una estrella internacional de la filosofía política, siendo traducido a los principales idiomas de cultura, excepto al inglés, que yo sepa. Después vinieron La sociedad de la transparencia (2012), La agonía del Eros (2012), En el enjambre (2013) y Psicopolítica (2014). En este último resume sus ideas, centradas en la crítica al neoliberalismo y su estrategia de convertir a los ciudadanos en esclavos voluntarios de la producción.

            Tras las sociedades agrarias con monarquía absoluta, donde el poder del monarca con espada era de vida o muerte, y las sociedades de la revolución industrial, donde los cuerpos se acomodaban a la mecanización mediante la disciplina y las normas, se ha producido una mutación en las sociedades neoliberales, a cuya producción inmaterial se adapta la psique como fuerza productora. A las sociedades disciplinarias correspondía una biopolítica o administración de los cuerpos, máquinas de producción; el poder neoliberal, en cambio, descansa en la optimización mental, en la voluntad del individuo de autoexplotarse y convertirse voluntariamente en esclavo de la producción. La sociedad disciplinaria era una sociedad cerrada y su figura, según Byung-Chul Han es el topo confinado en un espacio: la familia, la escuela, la cárcel, el cuartel, el hospital, la fábrica. En la actual sociedad abierta neoliberal la figura que le corresponde es la serpiente que crea su espacio mientras se mueve, el individuo se motiva con un proyecto, compite o toma la iniciativa, controlado por la psicopolítica, determinado por la previsión del Big Data.

            El episodio de la libertad es un entreacto entre dos periodos de opresión, el de la sociedad disciplinaria controlada por las técnicas de la biopolítica y el de la sociedad del rendimiento controlada por la psicopolítica. El liberalismo ha alcanzado la forma más eficiente de control, el autosometimiento. El sujeto, palabra que significa “estar sometido”, se convierte en esclavo absoluto, sin amo que le explote porque se explota a sí mismo, creyendo que goza de la mayor libertad. “El neoliberalismo convierte al trabajador en empresario, que se explota a sí mismo en su propia empresa. Amo y esclavo a la vez”. El trabajador mantiene una lucha de clases consigo mismo.

¿Qué es entonces la psicopolítica? ¿Cómo consigue el neoliberalismo un control tal? El neoliberalismo nos ha confinado en el panóptico digital. Frente al panóptico benthamiano de la sociedad disciplinaria que recluía a los hombres en espacios aislados y cerrados (escuela, fábrica, cárcel, cuartel, hospital), habitamos la sociedad de la transparencia, la digital, donde se nos invita a desnudarnos a plena luz, a hablar sin parar, a quejarnos e indignarnos, a elegir entre las muchas ofertas que se nos ponen a la vista, a clicar con un me gusta en las ventanas que nos abren las redes sociales. De la disciplina corporal a la optimización mental, de la prohibición y la censura al poder permisivo y positivo del quiero esto, me gusta aquello. 


            Byung-Chul Han abusa de las metáforas para vehicular su pensamiento. Hemos pasado de las metáforas policiales o disciplinarias de Foucault a las médicas del coreano. Las metáforas hacen más rápidamente comprensible la realidad pero la delimitan, la acotan, la simplifican, perdiendo en el tránsito la complejidad del mundo. Además tiende a la ejemplificación, hacia un pensamiento inductivo, convierte lo particular en universal saltándose los pasos intermedios.

jueves, 11 de junio de 2015

It Follows

   

            Aunque es una peli con adolescentes y para adolescentes no se sigue mal, al contrario, es una película bastante instructiva. Revestida con los ropajes de género, un terror psicológico bastante llevadero aunque con algún sobresalto, nos muestra los temores en forma de fantasmas dañinos más o menos visibles que padecen esos adolescentes para quienes el mundo adulto es todavía un misterio. El sexo, la amistad, el amor, el grupo, los extraños, la soledad. La primera secuencia nos muestra a una chica que huye de su casa como si saliese del cuadro de Edward Munch con el grito apagado en la boca, recorre barrios en ruina devastados por la decadencia industrial –podría ser Detroit- perseguida por no se sabe que fuerza pavorosa y termina en una playa con los miembros rotos de la forma más extraña. Después vemos a otros dos adolescentes haciendo el amor en la trasera de un coche, en el decorado ruinoso de una fábrica. El chico está asustado, aunque mediante el encuentro sexual, sabemos, ha trasmitido la extrañeza y el miedo a la chica. A partir de entonces ella lo verá, y solo ella, en forma de personas zombi que la persiguen, lenta pero inexorablemente, con el propósito de acabar con su vida. La adolescente podrá alejar de sí el peligro si lo trasmite a otro mediante una entrega sexual. En la peli no hay adultos, extrañamente ausentes de toda la peripecia, o, en todo caso, muy alejados del primer plano, solo jóvenes turbados, acometidos por igual por el deseo y el miedo.

            Sin duda, el planteamiento es original, muy alejada del efectismo propio de estas películas de género, está muy bien hecha y bien interpretada y es un buen ejemplo para mostrar ese mundo desconocido que para nosotros los adultos sigue siendo la adolescencia, por la que todos hemos pasado, tan pocos recuerdan o manifiestan querer volver a ella.

miércoles, 10 de junio de 2015

En el enjambre, de Byung-Chul Han

         
            “¡Abueloooo!”, “¡Hey tío!”, “¿Qué pasa jefe?”. El imperio de lo llano. Hemos eliminado la distancia entre las personas, en una carrera por la simetría, por la igualación. Borramos las diferencias, aquello que nos distingue del otro, lo que nos hace diferentes y por tanto interesantes porque cada uno tiene algo que decir, un modo idiosincrático de enfrentarse a las cosas del mundo. De paso perdemos el nombre detrás de apelaciones genéricas o lo ocultamos en el anonimato cuando nos expresamos en Internet, para lanzar exabruptos o insultar o lanzar opiniones exageradas que en una conversación de tú a tú no emitiríamos. “El respeto va unido al nombre. Anonimato y respeto se excluyen entre sí”. (Im Schwarm. Ansichten des Digitalen. 2013). La sociedad de masas del pasado congregada en sindicatos, partidos, manifestaciones o procesiones que afirmaba con fuerza y convicción “nosotros” cede el paso al individuo aislado y anónimo, gritón pero inseguro, indignado pero pasivo. Exigimos transparencia pero nos ocultamos en un nick, desdeñamos a los mediadores de la información, a los periodistas, a quienes ya no reconocemos como sacerdotes de la opinión, pero pontificamos en nuestros blogs, tuiteamos o fraseamos entre interjecciones en Factbook.

            El hombre asilado que clica sin cesar ya no forma parte de la masa sino del enjambre digital, “no es un nadie disuelto en la masa sino un alguien anónimo que solicita atención”. Pero sus gestos ante la pantalla no congregan, es uno más dentro de la suma total del enjambre, no un “nosotros” que se constituya como sujeto de acción. “Lo que caracteriza a la sociedad es la multitud”, dice Antonio Negri; no, es la soledad, le replica Han.

            El síndrome de París es el sufren los turistas japoneses cuando visitan esta ciudad. Ante la distancia entre el París ideal y la sucia ciudad de la realidad utilizan dos estrategias, una instintiva, su cuerpo se rebela, alucina, padece mareos, arritmias, náuseas; otra más mecanizada, se protegen fotografiando, digitalizan la ciudad, buscan en la fotografía la belleza y la propia vida. Esta metáfora es la que Byung-Chul Han usa para reflejar la actual sociedad digital. En el mundo analógico en el que hasta ayer vivíamos los mecanismos de mediación con la realidad eran perecederos como la fotografía por ejemplo, surgía, resplandecía, se deterioraba. Las imágenes digitales por contra son imperecederas, escapan al tiempo y al espacio, eluden la realidad corporal y mortal. Por el camino hemos perdido la mirada que se refleja en otra mirada, el otro que se nos contrapone para tratar las cosas del mundo, a los demás, comos cosas que se almacenan. Con el smartphone evitamos el contacto directo con el otro, la dimensión táctil y corporal, nos perdemos el tono, los gestos, el movimiento en favor de una comunicación deshumanizada. La comunicación digital carece de rostro y cuerpo: no tenemos a nadie delante que nos mire. “El creciente narcisismo de la percepción hace desaparecer la mirada, hace desaparecer al otro”.


            Tampoco la movilidad es un indicio de libertad, cada uno lleva su puesto de trabajo allí donde va. El imperativo neoliberal del rendimiento transforma todo tiempo en tiempo de trabajo, incluido el del sueño (que repara y regenera para volver a producir). Lo digital cuenta los tuits, los amigos, los seguidores, los “me gusta”, es aditivo, numerable, busca el rendimiento. Estamos en un tiempo poshistórico, donde el contar sucede al narrar, donde el narciso prescinde del otro. La digitalización nos aleja del pensamiento, de la mano instrumental que piensa. El sujeto digital se libera de la sujeción a la tierra, de la ley de la tierra (Heidegger) convirtiéndose en esclavo del rendimiento. Cazador de noticias y de información, quiere un mundo transparente sin barreras, con atajos, muy diferente del mundo del labrador pegado a la tierra, de la que extraía la verdad semioculta. La información es acumulativa, la verdad exclusiva. “La dicha profunda de la percepción consiste en la carencia de eficiencia, brota de la mirada larga, que se demora en las cosas, sin explotarlas”. Las categorías del orden terreno son sustituidas por otras que corresponden al orden digital: la acción por operación, el pensamiento por cálculo, la verdad por transparencia, el espíritu por el narcisismo digital. “Se toma nota de todas las cosas, sin conseguir conocimiento”.

lunes, 8 de junio de 2015

Transparent

   
           
            Lo mejor de esta serie es el último capítulo, el décimo, quizá también el primero por la sorpresa inicial, porque la comedia que más o menos evoluciona a lo largo de los nueve capítulos precedentes se dramatiza en el último, afloran las tensiones que se intuían y se desvela alguna novedad y posibles rupturas que hace que al espectador se le abra el apetito para la próxima temporada. Más que una conexión con la realidad yo veo en esta primera producción serial de Amazon una apuesta imaginativa de parte de la guionista y directora Jill Soloway por explorar la floración de las nuevas formas de la sexualidad y la consecuente complicación en las relaciones afectivas. La historia va de una familia en el límite de lo convencional: el padre, un increíble Jeffrey Tambor, que tras haberse sentido toda la vida un transexual cree llegado el momento de vivir como tal y comunicárselo a sus hijos y su ex mujer; un hijo con adicción al sexo, heterosexual; la hija mayor, casada y con dos hijos que se descubre de pronto fuertemente atraída por una antigua amiga y se va a vivir con ella, sin perder el afecto por su marido, y, por fin, la hija menor que, como se dice en un momento de la serie, utiliza la vagina como forma de conocer a los hombres. Al contrario de lo que podría esperarse, los lazos familiares son muy fuertes, todos necesitados de contarse continuamente lo que les pasa. Alrededor, otros personajes como la madre que vive con un hombre campechano, pero que ahora está en la fase final del alzheimer, más una serie de amigos y amantes con tipologías poco comunes.


            Tras la sorpresa inicial el interés decae, aunque se sigue bien. Los actores son tan buenos como no especialmente fotogénicos al uso hollywoodiense, la rareza con la que se juega comienza en el casting, la trama es la propia de las comedias de televisión con diálogos más o menos burbujeantes y la música es muy buena combinando hits de décadas pasadas con composiciones originales muy atractivas. Pero como digo, cuando realmente empieza a ponerse interesante es en el último capítulo.

viernes, 5 de junio de 2015

La agonía del Eros, de Byung-Chul Han


            También el amor está moribundo, el amor se positiva como sexualidad sometida al dictado del rendimiento (Agonie des Eros, 2012). “La sensualidad es el capital que hay que aumentar”. El cuerpo es una mercancía, el otro es un objeto sexualizado, un objeto excitante. No puede ser amado si le despojo de su alteridad. Solo lo puedo consumir. En la sociedad neoliberal hemos perdido la “distancia originaria” (Martin Buber), la alteridad, aquello con nos hace humanos. “La sociedad del rendimiento no tiene acceso al amor como herida y pasión. El hombre actual permanece igual a sí mismo y busca en el otro tan solo la confirmación de sí mismo”. Lo mismo sucede con la muerte: el capitalismo ha retirado la negatividad de la muerte, ha absolutizado la mera vida contra la muerte, no la buena vida. Una vida de esclavo.


            En la positivista sociedad neoliberal, Han ofrece como alternativa la fuerza o el valor del Eros, siempre que sepa desprenderse de la sexualidad y de la pornografía. Así como estas redundan en lo positivo, en el deseo narcisista del yo que todo lo iguala, pues todo para él son cosas disponibles para el placer del yo, el Eros acepta la negatividad del otro porque el amor es cosa de dos. El Eros se vive como acontecimiento, como ruptura, como inicio de algo nuevo, en lugar de lo aditivo y adictivo de la sociedad digital que es la acumulación sin descanso de lo mismo. En la hipervigilia digital el exceso de información, el exceso de positividad, impide las fantasías relativas al otro. Es en esa crisis de la fantasía donde Han hace residir la actual crisis de la literatura y el arte, según la cual en los últimos cincuenta años no se ha producido ningún acontecimiento que merezca tal nombre (Michel Butor). Igualmente la agonía del Eros (el valor de reconocer al otro) explicaría la despolitización de la sociedad, incapaz en esta sociedad del enjambre, habitada por hombres aislados, de formar un “nosotros” con aspiración revolucionaria a una nueva forma de vida, a una sociedad diferente. Sin Eros no hay pensamiento más allá de lo aditivo y de lo repetitivo, del ruido que genera el exceso de información. Por eso Han es enemigo del Big Data, porque la ciencia positiva guiada por los datos no produce ningún conocimiento o verdad. Según Han, el pensamiento comenzó por primera vez bajo el impulso del Eros. Sócrates era un seductor, por eso lo condenaron. Alcibiades cuenta cómo Sócrates lo conmovía y lo llenaba de inquietud a diferencia de Pericles y de otros políticos, porque el logos carece de vigor sin el poder del Eros. Sin Eros el pensamiento pierde toda vitalidad.

jueves, 4 de junio de 2015

Distintas formas de mirar el agua, de Julio Llamazares



            La acción es muy sencilla, breve y escueta. Un hombre mayor muere y sus allegados se congregan para arrojar sus cenizas a un pantano de la montaña leonesa, donde antiguamente estuvo su pueblo, Ferreras, hoy sumergido como otros, Vegamián, por ejemplo, el pueblo de Julio Llamazares, autor de este libro. El libro se compone de dieciocho breves capítulos, en los que cada uno de los familiares asistentes, la esposa, los hijos, los nietos, yernos, nueras y hasta la novia italiana de un nieto registran el hecho con ligeras variaciones donde se conjugan el recuerdo del muerto y la afinidad con la comarca sumergida. Cuando el valle fue cubierto por las aguas, la familia se trasladó a una laguna de Tierra de Campos, la laguna de la Nava, en Palencia, donde el Estado les compensó con tierra y casa por lo perdido. Pasado el tiempo los hijos se fueron dispersando, Palencia, Santander, Valladolid y Barcelona, dejando solos a los padres con Agustín, el hermano soltero y algo simple a quien desde siempre trataron con especial cuidado. Precisamente, el capítulo dedicado a Agustín, el penúltimo, es el más logrado. Su voz consigue singularizase hasta el punto de presentir en la lectura su particular cadencia, como si alguien nos la recitase al oído. Su tono emotivo es el único que de verdad nos aproxima a Domingo, el padre fallecido, a quien vemos revivir en el banco de las herramientas cuando, la misma mañana del entierro, se le aparece para decirle que siempre estará ahí para ayudarle en lo que sea. Llamazares opta por no diferenciar el resto de las voces con lo que los demás monólogos resultan algo reiterativos, a pesar de ligeros matices que tienen que ver con el devenir de la propia vida de los diferentes personajes. Todos muestran la distancia hacia el padre y abuelo que en los últimos años, perdida ya la cabeza, había ingresado, junto a la esposa, en una residencia. También hacia el valle sumergido del que ahora admiran el imponente paisaje, el cielo y las peñas reflejándose en el agua quieta.


            El autor se borra tras sus personajes, aunque no puede evitar el tono nostálgico, la herida que dejó en su infancia la pérdida de su pueblo borrado por las aguas que ahora, cuando arrojan las cenizas del padre, cada uno mira a su manera. El libro se cierra, a modo de contraepígrafe, con una cita de Juan Benet, el ingeniero que diseñó el embalse del Porma, que le sirve a Llamazares para tomar una suerte de venganza, pues en ella el escritor ingeniero muestra cómo no supo apreciar la belleza de la comarca que anegó: «Todo el aire de esa región queda reducido a bien poco: una sierra al fondo, una carretera tortuosa y un monte bajo en primer plano...». Cuando los pueblos de la comarca, Vegamián, Campillo, Ferreras, Quintanilla, Armada y Lodares desaparecieron bajo las aguas del embalse, en 1968, Julio Llamazares, nacido en 1955, hijo del maestro de Vegamián, ya había abandonado el pueblo de su infancia. Ese suceso ha quedado en su memoria como motor de parte de su obra.

miércoles, 3 de junio de 2015

What We Did on Our Holiday (Nuestro último verano en Escocia)



            No siempre todo está perdido, puede que tras un gran y alargado bostezo salte el chispazo, el pálpito donde espera el corazón humano. En esta película, por ejemplo. Una película de familia con niños que pasa unas vacaciones en un lugar de Escocia donde el abuelo moribundo quiere despedirse de familia y amigos el día de su octogésimo aniversario. Paisajes puros, sin sombras amenazadoras, una pareja en trámites de separación aunque viajen juntos, mentiras benignas, niños más sabios que sus mayores. Una comedia amable con moralina. Y sin embargo entre tanta convención mentirosa, hay un par de escenas que se acercan a la verdad. En una, uno de los niños abre una puerta oscura y topa con el llanto incontenible de la abuela. En la segunda, en una grabación registrada en blanco y negro, que se ve en la pantalla de la casa en un momento inoportuno, esa misma abuela, en un ataque de pánico, la emprende contra todo lo que pilla entre las estanterías de un supermercado. La película interesante estaba ahí, pero no ha sido desarrollada. El personaje interpretado por Celia Imrie es un personaje muy secundario pero, entre tantas sonrisas bobaliconas, es el que más se acerca a las profundidades del alma. Los guionistas, el director y los productores han preferido otra cosa, hacer caja.

martes, 2 de junio de 2015

La sociedad del cansancio, de Byung-Chul Han


            La paradoja de la libertad: nunca antes hemos sido más libres, más autónomos, más soberanos que ahora que somos más esclavos. O al revés. Es lo que sostiene Byung-Chul Han. Libramos una guerra dentro de nosotros mismos entre el deber autoimpuesto de rendir al máximo, de maximizar el rendimiento, y el poder de conseguir cuanto nos propongamos (Yes we can). Eso nos lleva a la autoexploración, tanto más eficaz cuanto mayor es el sentimiento de libertad. “El sujeto del rendimiento, que se cree en libertad, se halla tan encadenado como Prometeo”. La consecuencia es el “infarto psíquico”, las enfermedades mentales: depresión, trastorno límite de la personalidad (TLP), trastorno por déficit de atención con hiperactividad (IDAH), síndrome de desgaste ocupacional (SDO), el síndrome del alma agotada. La sociedad del cansancio (Müdigkeitsgesellschaft, 2010) es el título escogido por Buyng-Chul Han para reflejar esta época iniciada tras el final de la guerra fría. Una época definida por un nuevo paradigma, el neuronal, después de que los antibióticos acabaran con el bacterial y las técnicas inmunológicas con el viral. Hemos acabado con los enemigos que venían de fuera, las bacterias, los virus, pero ahora el enemigo lo tenemos dentro, es sistémico. A la sociedad disciplinaria que encerraba a los locos y asociales (los otros) en psiquiátricos y cárceles, y a los trabajadores en cuarteles y fábricas, tal como lo analizaron Foucault y los posmodernos, le sucede la sociedad del rendimiento (hacer) de los gimnasios, los laboratorios y los centros comerciales donde el deber y la obligación son sustituidos o se superponen a la conciencia del poder sin límites de quien sólo depende de sí mismo, el homo laborans que se explota a sí mismo, sin coacciones externas.


            Las patologías del siglo XXI no serían pues infecciosas, bacterianas o virales, sino neuronales, enfermedades del alma debidas a la hiperactividad, al exceso de positividad, a la sobreabundancia de lo idéntico. La pura agitación no produce nada nuevo, es una forma pasiva de actividad que no permite ninguna acción libre. La reacción ante esta nueva patología ya no es inmunológica, el exceso de actividad produce cansancio y agotamiento, fatiga y asfixia. Pero, paradójicamente, siempre según Buyng-Chul Han, el cansancio, el cansancio profundo, aquel que se apoya en la negatividad (el que opta por el no, no hacer), podría devolvernos al mundo, al asombro del mundo que nos rejuvenece, que afloja la atadura de la identidad y de la pertenencia, un cansancio que desarma, que prefiere no hacerlo como Bartleby (aunque Bartleby no se ve confrontado todavía con el imperativo de ser él mismo, pues pertenece a la época de la sociedad disciplinaria), que opta por el juego. Así, el sueño, donde se alcanza la relajación corporal (“El pájaro del sueño que incuba el huevo de la experiencia”, de Benjamin), el aburrimiento o punto álgido de la relajación espiritual y el cansancio derivado de la hiperactividad mortal (“La vida humana termina en una hiperactividad mortal, cuando de ella se elimina todo elemento contemplativo”) son las vías para devolver al hombre hiperactivo e hiperneurótico a la experiencia de la negatividad (“La negatividad mantiene la existencia llena de vida”. Hegel). Decir no para reaprender a mirar, girar hacia la profunda y contemplativa atención, para aflojar la atadura de la identidad y mutar el sentido de pertenencia a una comunidad, con su implícita violencia, “la mirada que deforma al otro”, en cordialidad.

lunes, 1 de junio de 2015

Soy basura

                    

            Cada clic que hago queda registrado, cada palabra que introduzco en el buscador, cada guasap que envío. Cada día mi yo vertido en la red es más digital, más numérico, entregado, donado, ofrecido al Big Data, al Dios de nuestro tiempo. El Big Data me devuelve una imagen completa de mí mismo en forma de arquetipo que emerge de los clics y de los cuestionarios en los que me invitan a participar, que me dice qué pienso, qué deseo, cuál es mi tendencia política, una representación exacta de mi ser en el mundo, listo para comprar. El Big Data ilumina mis rincones más oscuros, precisa por completo mi identidad más allá de lo que creo ser.

            El Big Data interrumpe el proceso que constituye la personalidad, en continua construcción y transformación. No somos de una vez y para siempre sino estados temporales que varían según cambia el relato que hacemos de nosotros mismos, cuando nos ponemos por escrito o nos contamos a nuestros amigos, a nuestros amantes o a los extraños que encontramos en el camino. El Big Data va más allá de las ideologías coercitivas del pasado que nos constreñían a ser o nos incitaban a aspirar a ser de un determinado modo, que ponían límites a nuestra personalidad o nos moldeaban de acuerdo al modelo de un hombre nuevo. El Big Data, por el contrario, nos define con exactitud, prevé nuestro comportamiento, nos muestra en pantalla lo que vamos a comprar, los pensamientos y deseos que vamos a producir, la pareja y el hijo que queremos tener. La prospección mucho más rápida que nuestra voluntad lee nuestros deseos recónditos, pronostica nuestras acciones. El Big Data vive de nuestra ilusión de libertad, la explora y explota, nos convierte en productores esclavos de nosotros mismos.


  “El Big Data es un gran negocio. Los datos personales se capitalizan y comercializan por completo. Hoy se trata a los hombres y se comercia con ellos como paquetes de datos susceptibles de ser explotados económicamente. Ellos mismos devienen mercancía. El Big Brother y el Big Deal se alían. El Estado vigilante y el mercado se fusionan. La empresa de datos Acxiom comercia con datos personales de aproximadamente 300 millones de ciudadanos estadounidenses, esto es, de prácticamente todos. Acxiom sabe más de los ciudadanos estadounidenses que el FBI. En esta empresa, los individuos son agrupados en 70 categorías. Se ofertan en el catálogo como mercancías. Aquellos con un valor económico escaso se les denomina waste, es decir, «basura». Los consumidores con un valor de mercado superior se encuentran en el grupo Shooting star. Son dinámicos, de 36 a 45 años, se levantan temprano para hacer footing, no tienen hijos, están casados, les gusta viajar y la serie de televisión Seinfeld”. (Psicopolítica, Byung-Chul Han).