Uno agradece
la charla con amigos o desconocidos que fluye indeterminada. No siempre es así,
sino más bien al contrario. Es fácil que, aunque la charla comience con un tema
neutro o desenfadado, vaya derivando hacia las fijaciones mentales de cada
cual. Damos por supuesto que nuestro interlocutor piensa como nosotros y
soltamos la frase, el eslogan, el meme que refuerce la idea preconcebida,
fijada, la forma destilada de la verdad en la que creemos. Enfatizamos. Lo que
a mi entender no es una muestra de seguridad, sino todo lo contrario. Buscamos,
como el escalador, un hueco, un resalte en la pared al que agarrarnos para
descansar un poco antes de seguir hacia arriba, temerosos de perder fuerza y
caer al vacío.
El recurso
al énfasis es un síntoma del presente. Lo hallamos en el discurso político que
ha perdido toda espontaneidad, como si estuviésemos al final de un ciclo. Ya no
estamos en el tiempo de la paloma blanca que salía de las manos de un niño
disparada hacia el futuro. Estamos en el tiempo de los viejos carcamales – no
es cuestión de edad - agarrados a la poltrona. Se ha levantado una punta de la
alfombra y debajo todo huele a podrido.
También el
énfasis sumerge las actividades creativas: el hallazgo técnico
sobredimensionado, el marketing glorificando naderías, el exhibicionismo del
creador. Por eso se agradece una novela, un ensayo, una exposición de
fotografía, una película donde se muestra el objeto desnudo, el lenguaje de
sujeto y predicado, la experiencia humana sin aditivos.
Así en esta
película suiza, Turno de guardia. Vemos el duro, extenuante
trabajo de una enfermera durante su jornada laboral en su turno de noche. Lo
vemos en la sucesión de escenas cuando acude en auxilio de los pacientes
ingresados. La comprendemos y empatizamos con su dura labor, no porque se queje,
nos lo diga en un monólogo o lo cuente en una conversación con sus compañeros.
Ni siquiera es excesiva en sus gestos, en una época en que se alaba y premia el
histrionismo. Es una película en la línea de la serie The Pitt,
aunque podada de todas las palabras que sobran.
Supongo que
en algún momento haremos una pausa, respiraremos profundamente y encontraremos
el sosiego que nos falta.
Incontrolable
Si Turno
de guardia es suiza, Incontrolable es una película británica. Tiene
su parte sentimental más que enfática, quizá inevitable por el tema que aborda,
el síndrome de Tourette, pero está tan bien rodada, tan bien interpretada que
se le perdona. Quien ha convivido con personas que lo padecen sabe lo difícil
que es. La película lo muestra con seriedad y respeto.


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