Sin
duda el móvil es el gadget tecnológico más disruptivo en siglos. Pone el mundo
a nuestra mano a un clic. Al final el vaivén se ha detenido en las imágenes de
las ciudades incendiadas: adolescentes asaltando tiendas de objetos
informáticos. La pulsión del adolescente es conseguir lo que quiere ya. Así que
si obtiene el permiso de la autoridad - en las redes le han dicho ‘Sal de casa
al caer la tarde y asalta MediaMark, Pc componentes y Apple’ -, y él obedece.
El mundo que está surgiendo es el de la obtención del placer con solo querer.
El trabajo, el mérito y la responsabilidad son prácticas y valores de un mundo que
está caducando.
Dentro
de no mucho tendrás un depósito mensual de tokens para gastar a voluntad. No
tendrás que hacer nada. El simple hecho de existir te irá llenando el depósito
como el respirar te llena los pulmones. El problema será qué hacer con el
tiempo sobrante, que será todo el tiempo. Salir de casa será un problema, el
mismo hecho de traspasar la puerta de la habitación requiere esfuerzo. En la
habitación el adolescente tendrá todos los objetos que le han incitado a
poseer. Pero ¿qué hará con ellos? No sabrá qué hacer con las manos ni con el
cuerpo inmovilizados por tanto tiempo estar sentado. No tendrá siquiera que
convocar con la voz el flujo de imágenes y sonidos que le llegan puesto que ha
dado tantas pistas sobre la alquimia de su cerebro que todo lo que ve y oye
está dirigido a él, a él personalmente. No se para a pensar si lo que desea y
lo que le da placer surge del fondo oscuro de su fábrica cerebral o son deseos
e impulsos inducidos desde el mundo virtual en el que vive.
Así
que cabe preguntarse a quién sirven esos chicos asalta tiendas de París, Bilbao
o Barcelona. Qué pulsión los mueve, qué o quién les incita.
La
humanidad siempre ha encontrado salidas en los momentos críticos. Si estiramos
la metáfora del adolescente asalta tiendas, el mundo que oscurece en el
horizonte es de un pesimismo atroz. Un mundo de lobos solitarios encerrados en
su habitación: salir a la calle embozados y de negro es una descarga adrenalínica
temporal. El placer onanístico del adolescente se agota en sí mismo, acaba en
frustración, en vacío existencial. Un mundo vaciado de comunidad.
El
adolescente que no se ha esforzado en trabajar no tiene fuerzas para contactar
con una chica y salir con ella. Un esfuerzo agotador buscar pareja. Prefiere no
hacerlo. Por su cabeza no pasa tener hijos, criarlos y educarlos. La
civilización canina es una etapa de transición. Pero como digo, la humanidad
siempre ha encontrado salidas en los momentos críticos. A que sí.

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