martes, 27 de octubre de 2026

Móvil

 


 Doy vueltas alrededor del salón tratando de poner orden en el vaivén de lo que pasa por mi mente. Lo hago sabiendo en qué lugar preciso tengo el móvil. Ahora mismo lo tengo en la mano izquierda mientras dicto con voz. Un experimento reciente muestra que somos menos capaces intelectualmente si el móvil está a nuestra disposición. Las pruebas experimentaban con el móvil en la habitación, con el móvil boca abajo y con el móvil no disponible en otra habitación. La inteligencia solo espabilaba cuando el móvil estaba lejos, no disponible. 

 

Sin duda el móvil es el gadget tecnológico más disruptivo en siglos. Pone el mundo a nuestra mano a un clic. Al final el vaivén se ha detenido en las imágenes de las ciudades incendiadas: adolescentes asaltando tiendas de objetos informáticos. La pulsión del adolescente es conseguir lo que quiere ya. Así que si obtiene el permiso de la autoridad - en las redes le han dicho ‘Sal de casa al caer la tarde y asalta MediaMark, Pc componentes y Apple’ -, y él obedece. El mundo que está surgiendo es el de la obtención del placer con solo querer. El trabajo, el mérito y la responsabilidad son prácticas y valores de un mundo que está caducando. 

 

Dentro de no mucho tendrás un depósito mensual de tokens para gastar a voluntad. No tendrás que hacer nada. El simple hecho de existir te irá llenando el depósito como el respirar te llena los pulmones. El problema será qué hacer con el tiempo sobrante, que será todo el tiempo. Salir de casa será un problema, el mismo hecho de traspasar la puerta de la habitación requiere esfuerzo. En la habitación el adolescente tendrá todos los objetos que le han incitado a poseer. Pero ¿qué hará con ellos? No sabrá qué hacer con las manos ni con el cuerpo inmovilizados por tanto tiempo estar sentado. No tendrá siquiera que convocar con la voz el flujo de imágenes y sonidos que le llegan puesto que ha dado tantas pistas sobre la alquimia de su cerebro que todo lo que ve y oye está dirigido a él, a él personalmente. No se para a pensar si lo que desea y lo que le da placer surge del fondo oscuro de su fábrica cerebral o son deseos e impulsos inducidos desde el mundo virtual en el que vive. 

 

Así que cabe preguntarse a quién sirven esos chicos asalta tiendas de París, Bilbao o Barcelona. Qué pulsión los mueve, qué o quién les incita. 

 

La humanidad siempre ha encontrado salidas en los momentos críticos. Si estiramos la metáfora del adolescente asalta tiendas, el mundo que oscurece en el horizonte es de un pesimismo atroz. Un mundo de lobos solitarios encerrados en su habitación: salir a la calle embozados y de negro es una descarga adrenalínica temporal. El placer onanístico del adolescente se agota en sí mismo, acaba en frustración, en vacío existencial. Un mundo vaciado de comunidad. 

 

El adolescente que no se ha esforzado en trabajar no tiene fuerzas para contactar con una chica y salir con ella. Un esfuerzo agotador buscar pareja. Prefiere no hacerlo. Por su cabeza no pasa tener hijos, criarlos y educarlos. La civilización canina es una etapa de transición. Pero como digo, la humanidad siempre ha encontrado salidas en los momentos críticos. A que sí.

 


No hay comentarios: