El
consenso informado dicta que se necesitará un millón de viviendas en 2028 para
allanar la demanda. He oído decir a quienes les ponen el micrófono delante en
manifestaciones y acampadas que no hay que construir más viviendas. Si logran
mediante decreto que se puedan expropiar viviendas, puesto que no lograrán
expropiar un millón, ¿a quiénes se las concederán, a los jóvenes que desean
emanciparse, a las familias sin recursos, a los inmigrantes sin habitación
donde reposar?
Toda
generación necesita su momento revolucionario, es decir, el puño en alto contra
la realidad. Los líderes, si es que aparecen, ya no serán los del 15 M. Han
perdido su crédito. La protesta se reconfigurará de otro modo, antes de que la
frustración los devuelva a casa, a casa de sus padres. Mientras tanto, en
habitaciones inmundas se amontonan los más necesitados, esos que, estoy seguro,
no salieron ayer a manifestarse, ni esta noche han dormido en la Puerta del
Sol.
La
frustración aniquila las bases de la política, porque se funda en el imaginario
que quiere posible lo que es imposible, el acceso a la vivienda sin construir
nuevas viviendas.
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