lunes, 21 de agosto de 2023

Un candil en la oscuridad

 


Hasta hace no mucho amanecíamos al mundo con la cruz sobre nuestra frente que dibujaba un chorrito de agua. Una autoridad externa eterna e invisible nos daba la bienvenida a un mundo regulado por Él. A cambio de ceder nuestra autonomía, ante nosotros se abría un camino expedito que trazaba las líneas entre lo que estaba bien y lo que no; en el interior, lo bueno y lo bello, en los márgenes, lo sucio lo malo lo feo. Pero hemos aprendido, nos ha costado mucho hacerlo, que podíamos abjurar de ese acta notarial que se levantó en nuestro nombre sin nuestro conocimiento.


La gran aventura de la modernidad ha sido salir de la casa del padre y arrojarnos al mundo, podíamos iniciar un derrotero propio que nos llevara a la emancipación. Los costes son grandes, pero no estamos solos: el desamparo queda compensado en parte por la compañía de nuestra familia, de nuestros amigos, de la humanidad entera, de los seres vivos que habitan la tierra. Aún hoy, pronunciamos la palabra 'libre' con temblor, entre el miedo y la osadía. Si basculamos hacia el temor buscamos otra casa que nos ampare, aunque sea terrenal temporal y visible. Sin embargo, también de esta segunda casa hemos de emanciparnos.


Si no hay una autoridad externa que regule nuestra conducta, si la luz que ilumina el mundo de golpe se apaga necesitamos un candil para orientarnos en la oscuridad. He aquí, a propuesta de Michael Shermer, un decálogo moral (pincha) que la humanidad ha construido mediante el uso de la ciencia y la razón.


"Intenta expandir la esfera moral y empujar el arco del universo moral un poco más hacia la verdad, la justicia y la libertad para más seres conscientes en más lugares y más tiempo".


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