Había que subir a un mirador para contemplar la Gran Cordillera del Cáucaso, junto con los montes Urales la frontera natural entre Europa y Asia. Va desde el Mar Negro al Caspio, 1200 km, una gran barrera geográfica, casi infranqueable, con pocos pasos y collados. El Laghunvar está a 2.975. El GPS, en un mirador un poco más cercano al glaciar de Shkhara, con mejor vista, al que me acerco para fotografiarlo, me da 3.003 m. El acceso se hace muy duro, unos 4 kms con 900 de desnivel. Pero el esfuerzo merece la pena. Ante nosotros el mazizo central de la Gran Cordillera del Cáucaso.
En la parte occidental de la cordillera, el Elbrus (5.642 m), el pico más elevado no solo de Europa, también de Rusia, en Kabardino-Balkaria, frontera con Georgia. Vemos a lo lejos las dos cumbres, ambas cúpulas volcánicas inactivas, del Elbrus. A continuación el blanquísimo y piramidal Tetnuldi (4858), que nos ha acompañado en las ascensiones de estos dias. Después siguen el resto de cumbres por encima de los 5.000, el Dykh-Tau, los Shkhara, el Jangi-Tau (Janga, 5059), que vemos limpias de nubes, una invitación a permanecer contemplando el espectáculo. Ya más oriental, el Ushguli, por debajo de los cinco mil.
Al atardecer salimos de Ushguli en dirección a Latali, una aldea supuestamente ecológica donde pernoctaremos dos días. A medio camino el chófer de la furgo para en un prado arbolado y nos invita a una riquísima sandía, dulce, dulce, además del inevitable chacha, el aguardiente local. La casa es un conjunto de construcciones de madera, parte vivienda y parte alojamientos turísticos, rodeada de huertas cuyos frutos cenamos al anochecer, incluido un vino blanco difícil de definir. Como en todos los alojamientos rurales en los que hemos sido acogidos son las mujeres las que se encargan de todo, la cocina, la limpieza, la huerta. Un pequeño paraíso al servicio del hombre: la familia y los turistas. Los hombres se dedican básicamente a la construcción. Toda Georgia está en obras.



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