“Lo invisible es el lugar de los dioses, de los muertos, de los antepasados, del pasado entero” (Roberto Calasso)
“De todas las necesidades del alma humana, ninguna es más vital que el pasado”. Simone Weil)
Algo revolotea en tu cabeza, una idea que ha prendido en la lectura, una incomodidad que surge del trato, una afección, una sensación que necesita palabras. Sucede cuando te toca el ala de la poesía, el gorrión de la ‘verdad poética’ (William Carlos Williams). La mayor parte de las veces desaparece tras el revoloteo. Nos quedamos in albis. Grave error el desprecio por ese inicio de desapego que te alza sobre lo común indiferente. Como no solemos tener a alguien con quien comentarlo de inmediato o dispuesto a comprender la parte delirante, una manera de que no desaparezca es ponerlo por escrito. Y luego, guardado o expuesto. La vida discurre sometida a los ritmos diarios del trabajo y el ocio, de las necesidades biológicas, de las constricciones sociales. Pero, ¿no somos más que eso?, ¿como al gorrión, no nos tienta el despegue, hacer retroceder la mirada interior a lo perdido? Nuestra parte metafísica se alimenta de instantes de delirio. Alborotados en el aire, es fácil que del cerebro puesto en los dedos brote sin buscarlo ‘aquello que debe ser descubierto’.
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