jueves, 8 de abril de 2021

Cómo llamarlo

 



Cómo llamarlo. Cómo llamar a este fenómeno cada vez más extendido de la violencia política. Comenzó en el País Vasco como violencia de jóvenes en las calles -ahí sí consiguió un nombre, kale borroka- como apoyo a un grupo terrorista que mataba a sus adversarios, siguió en Cataluña asociado a grupos nacionalistas que buscan la independencia, se extiende ahora a Madrid. Es un fenómeno unilateral que no genera una violencia contraria, pues no hay quien se les oponga con una violencia parecida. No podemos llamarlo fascismo porque quienes la utilizan, arrancando objetos y arrojándoloslos  contra quienes señalan como enemigos, dicen que lo hacen contra el fascismo. Cómo llamarlo entonces. Cómo llamar lo que hacen estos jóvenes estimulados por partidos que comparten gobierno o lo apoyan tanto en el País Vasco como en Cataluña como en Madrid. Partidos que forman parte del gobierno de España estimulan en las redes, apoyan y organizan este tipo de actuaciones contra ese supuesto fascismo que no hace lo que ellos, arrojar piedras, golpear, destrozar escaparates y robar productos tras los cristales rotos, como ocurrió en Barcelona. ¿Qué tipo de fascismo es este que no ejerce la violencia pero que la recibe, con poca defensa por parte del sistema democrático, puesto que el resto de partidos y del gobierno no condenan la violencia, y hasta el principal partido de gobierno -que dice representar la centralidad del país- firma un documento para que el partido que sufre la violencia no se presente en determinados barrios? ¿Qué nombre le damos pues a este fenómeno de violencia promovida y consentida o disculpada?


Ante la violencia, todo lo demás parece superfluo: ¿Es más democrático un partido que arroja piedras, que expresa su odio mediante gritos y golpes, que el partido que recibe las piedras y es objeto de odio? ¿No tienen legitimidad las ideas organizadas en un partido contrarias a los modos de ver dominantes en la sociedad? ¿Solo hay un modo correcto de pensar y comportarse? ¿Es la violencia un modo legítimo de expresión política? Qué significa la apelación retórica de esos grupos a la democracia. La firma del manifiesto de ayer en la que PSOE Podemos y Más Madrid afirman que Vox no puede presentarse en Vallecas es un salvoconducto para los violentos, legítima su irracionalidad, da curso a la violencia como forma de expresión política. ¿Han abandonado la persuasión y el razonamiento por la violencia y el miedo como formas de aumentar el número de sus partidarios? Si al final consiguiesen que un partido como Vox dejase de existir y solo pudiesen ser partidos de curso legal los que ellos permitiesen, qué tipo de democracia sería esta. Si al final Vox consigue aumentar el número de votos no será por lo que hace sino por lo que le hacen. Las ideas políticas como cualesquiera otras las sanciona la realidad por contraste con otras que se les oponen y por el ejercicio de su práctica. Eso es la democracia y lo contrario, la imposición, lleva al totalitarismo.


¿No hay forma de convertir los sentimientos y emociones expresados en la violencia en un discurso político organizado capaz de contradecirse con quienes no piensan del mismo modo? ¿En nombre de qué se niegan a dialogar a debatir a confrontar sus ideas con los distintos? ¿Solo mediante la violencia piensan acallarlos? Qué abuso y qué simpleza decirle a la gente qué tiene que pensar, qué es lo correcto.


El grave problema de estos días es la regresión tribal. A quién perteneces, con quién te identificas. Cuando en política la pregunta que deberíamos hacernos es, qué queremos conseguir y cuáles son los medios para lograrlo. La identidad divide perturba entorpece atrasa.


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