El suave sol dulce como la miel me baña en la meseta
Nada ahora puede igualar este placer
En otro momento no me hubiese resultado indiferente
Dos chicas que se picotean apoyadas en el lateral de un coche
Que solo se desenlazan cuando oyen mi carraspeo involuntario
Son las bajas capas cálidas de aire calentadas durante las horas de la mañana
Entre el frío amanecer y la tarde que se presume lluviosa
Las que me producen este bienestar amniótico
Las personas con perro del paisaje los brotes primaverales la ancha pradera
Las margaritas y los claveles recién brotados
Podría ser el Edén la prolongación de este instante
Una cigüeña revolotea en círculos sobre mi cabeza y toma pie no lejos de mí cerca de un coche
Nunca vi tanta confiada despreocupación
Poco después aterriza su pareja
Las observo extasiado indiferentes a los coches a los paseantes con perro a las picazas que comen junto a ellas a los ciclistas a los corredores como si todos formasen parte de la misma familia
Me habré colado por una puerta inadvertida en el Edén sin saberlo.
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