domingo, 11 de octubre de 2026

Capadocia. Samosata. Kaiseri

 


De camino a la Capadocia, dejamos atrás Adiyaman sin haber paseado la ciudad, como tampoco hemos visto las ruinas a la que sucedió, la antigua y cercana Samosata, en la cuenca alta del Éufrates. Samosata alcanzó su esplendor como capital del Reino de Comagene a partir del siglo I a. C. Para los romanos fue un bastión estratégico gracias al vado del Éufrates que conectaba las rutas comerciales y militares entre Anatolia, Mesopotamia y Siria. Desde entonces fue un cruce de caminos que se disputaron los imperios. Samosata está sumergida bajo las aguas del inmenso embalse Atatürk finalizado en 1990. Fue la patria de uno de los grandes escritores de la antigüedad, Luciano de Samosata, un satírico de los fundamentalismos de su época. Su obra Historia verdadera está considerada una de las precursoras de la ciencia ficción moderna.


Por aquí pasaron asirios, sumerios, hititas, medos y aqueménidas. El Reino de Commagene fusionó lo griego con lo persa, como vimos ayer en el Monumento del Nemrut Dağı.




La cumbre nevada del Monte Erciyes (antiguamente Monte Argeo o Mons Argaeus), de 3.917 metros, nos deslumbra al pasar. Es un imponente estratovolcán inactivo cuyas erupciones ayudaron a modelar los famosos paisajes y "chimeneas de hadas" de Capadocia. Hoy es un centro de deportes de invierno. 


El Monte Erciyes está vinculado a la antigua e histórica ciudad de Cesarea de Capadocia (la Kayseri en la que estamos entrando).



Kaiseri 




Kayseri es una ciudad con cuatro milenios de historia a sus espaldas, marcada por el comercio, la fe y los grandes imperios. Primero fue la Asiria Kanesh, de la que se han encontrado miles de tablillas cuneiformes, el primer testimonio escrito de Anatolia; después Mazaka para hititas, frigios y persas; como Eusebia fue capital del Reino de Capadocia; las legiones de Tiberio la conquistaron en el 17 d. C., renombrándola como Cesarea de Capadocia en honor de Caesar Augusto (de ahí Kaisariyah en árabe y Kayseri en turco).


En el siglo IV, fue centro teológico del cristianismo con San Basilio el Grande y San Gregorio Nacianceno (que fijaron la doctrina de la Trinidad). En Capadocia fundó Basilio un estilo de vida monástico comunitario que los ortodoxos siguen hasta hoy y construyó un gran complejo que incluía hospitales, hospicios y comedores para los pobres, considerado antecedente de los hospitales modernos.




El siglo de oro de la ciudad fue el XIII, bajo el sultanato selyúcida. De entonces datan sus monumentos emblemáticos: El complejo Hunat Hatun (mezquita, madrasa y baños), la facultad de medicina y el hospital más antiguo del mundo islámico. Como tantas otras ciudades sufrió el saqueo de los mongoles en el XIII. De época otomana es el icónico Kapalı Çarşı (Gran Mercado Cubierto).






Imponentes son el castillo y las murallas que comenzó Roma, siguió Bizancio y consolidó el sultanato selyúcida. Como imponente, aunque sobria, es la amplia nave rectangular de la Mezquita. Los gruesos pilares y los arcos de ojiva o apuntados que soportan bóvedas de cañón crean un ritmo en el espacio que favorece una atmósfera íntima que invita a la oración.




Al fondo un grupo de cinco ancianos, con grandes libros sobre sus piernas cruzadas, recitan y comentan suras, alternando la seriedad y el buen humor. Algo les hace gracia y sonríen. Por contraste, ofende a los ojos el reducido rectángulo, separado de la gran sala por cristal opaco, reservado a las mujeres. ¿Por qué ni siquiera al espacio sagrado del rezo llega la igualdad en el Islam?




Tras un día de muchas horas de viaje, nos tomamos un descanso en la madrasa, convertida en una hermosa cafetería rodeada de pequeños talleres artesanos. Al acabar, nos dirigimos a las murallas con voluntad de hacer alguna fotografía. Entonces, sobresaltado, me doy cuenta que he olvidado la mochila con el pasaporte y el dinero dentro. Corro estresado hasta madrastra, a la mesa donde estábamos sentados. No está. Nervioso miro y gesticulo en todas direcciones. Entonces, veo que alguien alza la mano, me llama. Alguien ha cogido la mochila y la ha entregado en la pequeña sala de seguridad. Un buen susto y un reconocimiento a la buena gente. Por fin, llegamos al hotel donde mañana haremos todo lo que uno espera hacer en Capadocia.

 


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