domingo, 4 de octubre de 2026

5. El Monte Ararat y el Palacio de İshak Paşa

 



Alrededor de Kars, la llanura a 2400 m. de altitud y cerros desarbolados de alta meseta. Pastizales secos para el ganado, vacas, corderos y rastrojos de cereales. Carreteras en buen estado, en forma de autovía. Al fondo la cordillera caucásica que separa Turquía de sus vecinos, la misma que hace 30 o 40 años hacía la vida de la gente difícil por la guerra entre la guerrilla kurda y el ejército turco. Se habla de 40.000 muertos y cerca de un millón de desplazados.



Toda la noche ha llovido. El cielo está cubierto, ni una rendija por la que penetre el sol que caliente el día. Los ocres de los baldíos y los amarillos de lo rastrojos se extienden como una alfombra hacia el horizonte grisáceo, salpicada por pueblos ganaderos con casas aisladas con establos y un pequeño terreno alrededor, y algunos bloques que el Estado construye para los funcionarios de menor rango a buen precio. Los pueblos, con mezquita de cúpula verde y estilizado minarete, habitados por tribus caucásicas endogámicas, con costumbres estancadas en el pasado. 


Allí por donde pasa el río que baja de la montaña, el terreno se hunde en una abrupta herida. El agua excava cañones profundos y rocosos hasta que se abren en vallecitos verdes, salpicados de casas, árboles de ribera y huertas. Así el río Aras, que separa a Turquía de Armenia y que nos está llevando hacia el monte Ararat. Al otro lado del río, los mismos mueblecitos con estructura ganadera parecida, pero otro país, Armenia, otra religión, otra política.




Mina de sal de Tuzluca 

En su embajada a Tamerlán, Clavijo habla de las cuevas de sal de Tuzluca, en la provincia de Iğdır, a su paso por la fortaleza medieval de Surmari hacia Samarcanda, en mayo de 1404. Aparece descrita bajo el nombre de Sormali o Sormalu. La fortaleza controlaba el paso estratégico por el valle del río Aras.


«E este día a hora de vísperas llegaron a un castillo que se llama Sormali, e este castillo está en una sierra alta de pedriza, e es un castillo fuerte e pequeño, e es de un caballero que se llama Señor Omar; e en este castillo non había otra agua sino de cisterna, e non había abajo a la falda de la sierra sino un riachuelo de agua amarga e salada.


E en este castillo e cabo del hay una montaña de sal de piedra, e tan grande e tan alta que non se podría decir, e dende sacan la sal de aquella montaña a pico e a piocha, e es la sal tan limpia e tan blanca e clara como cristal; e dende se provee toda aquella tierra e otras muchas partes de sal, e pagan en aquel castillo derecho de la sal que dende sacan...».


Las galerías excavadas de Tuzluca, iluminadas con colores chillones, son una de esas cosas que los turistas aprecian, al estilo de las minas de sal de Wieliczka (Polonia). Todavía se explotan.


Monte Ararat



Llegando a Iğdır/Surmari, el cielo está encapotado y lluvioso. ¿Veremos el monte Ararat desde este lado turco? Vamos subiendo y subiendo hasta lo más alto del altiplano. Paramos en un puerto de paso, muy venteado, donde sirven café turco y té. No ha habido suerte, las nubes se arraciman alrededor del Ararat.




Si para los armenios hay una herida, esa es la del monte Ararat que, según ellos, les arrebataron los turcos. Desde Ereván miran melancólicos la cumbre nevada de 5137 m., apenas a 30 km en línea recta. Suponen que por encima de los 4100 m, bajo el casquete de hielo y nieves perpetuas, está enterrada el Arca de Noé. 

«La Grande Armenia es una provincia muy grande... Sabed que en esta Gran Armenia está el Arca de Noé, en la cima de una gran montaña, en los confines del mediodía y el levante, hacia el reino que se llama Georgia. Es la montaña tan alta y grande que nadie puede subir a ella, y la nieve nunca se derrite, sino que aumenta con cada nevada...» (Libro de las Maravillas. Marco Polo).


En ralidad, solo bajo la breve Primera República de Armenia (1918-1920) la ladera norte del monte Ararat y el distrito circundante de Surmari (Iğdır) estuvo bajo soberanía formal armenia, antes de que el ejército de Atatürk se lo arrebatara en 1920.


Clavijo lo describe de esta manera: 


«E este día vimos a la mano derecha una gran montaña, muy alta, que dicen los del país que en ella se asentó el Arca de Noé después del diluvio; e esta montaña es tan alta que nunca está sin nieve la cumbre della, e nunca se quita la niebla que en ella está.


E a la falda de esta montaña está una villa que se llama Calami [o Calamana, actual Iğdır/Surmari], e esta villa dicen que fue la primera que se pobló en el mundo después del diluvio, e que la pobló el mismo Noé con sus fijos...».


Palacio de İshak Paşa




La última visita del día es al Palacio de İshak Paşa una construcciones muy bien restaurada, sobre una colina escarpada a casi 1.800 metros de altura. Estratégicamente situada en la frontera entre Irán y Turquía, a los pies del Monte Ararat, frente a la ciudad de Doğubayazıt, ofrece una panorámica espectacular sobre toda la planicie de Doğubayazıt y las laderas rocosas adyacentes. 




Se construyó con paciencia durante 99 años. Iniciada en 1685 por el gobernador local Abdi Paşa, con la intención de controlar la Ruta de la Seda entre Tabriz y Anatolia, y concluida por su nieto, İshak Paşa II, en 1784. El palacio se compara con el Topkapi de Estambul, en un estilo ecléctico que va del otomano al barroco occidental.




Alrededor de dos grandes patios, alberga 366 habitaciones: el harén, la mezquita, el mausoleo de los gobernadores y las salas de reunión y ceremonias. Contaba con calefacción centralizada.




El aire caliente circulaba por tuberías de arcilla empotradas para mitigar los gélidos inviernos de la región. En el salón del harén, el sultán hacía escribir frases como esta: 




A la salida de Dogubayazit, después de comer en restaurantes locales el típico plato turco, alguien ha gritado, mirando hacia atrás en el autobús: ¡Por fin, el Ararat despejado! El sol del atardecer impactaba en su casquete nevado.




Hemos bajado del bus y hemos hecho fotografías, fotografías que entre cables, edificios y coches querían fijar lo que tanto nos había costado. En seguida, alguien ha roto el embrujo: se trataba del Ararat pequeño. No tan pequeño (3896 metros, frente a los 5137 m del gran Ararat, unidos por un collado de 2600 metros) comparado con los picos más altos de España. He visto mohines de decepción, por muy alto que sea no guarda el Arca de Noé.





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