martes, 29 de septiembre de 2026

Cinco crónicas americanas

 


¿Cómo contaron los españoles la conquista de América? Manuel Burón en su Cinco crónicas americanas hace un notable ejercicio de análisis histórico y divulgativo para mostrarnos cómo fue aquello de la conquista, tan mitificado en ocasiones, como lo fue para los propios conquistadores contar lo que vieron sus propios ojos, pero mitificaron a la vuelta. Un par de ejemplos: 


Los indígenas de Jomocohuicha, en la actual Colombia, por no tener vía ordinaria por donde expeler los excrementos del cuerpo se sustentaban con oler flores, frutas y hierbas. 


La isla de Ocoloro estaba solo habitada por mujeres que son fecundadas por el viento y matan a todo hombre que por allí se aproxima.


Para contarnos aquel extraordinario episodio de la historia, Burón divide el relato en cinco partes. En la primera (a partir del propio Diario de abordo de Colón y las historias de Bartolomé de las Casas y Pedro Mártir de Anglería), el protagonista es Colón y lo envuelve con esta frase 'la infancia del asombro: 'las crónicas americanas eran, ante todo, literatura del asombro'. Era de no creer aquello que veían y luego contaron. Sus ojos entraban en contradicción con la carga mítica que llevaban sus mentes, formadas en la cultura clásica y en los libros de caballerías. Sus relatos intentan cuadrar con dificultad una cosa y otra. Colón, creía que en alguno de aquellos lugares que visitó estaba el paraíso (el golfo de Paria).


Los episodios segundo (desde las Cartas de relación de Cortés, Bernal Díaz del Castillo y Francisco López de Gómara) y cuarto (La crónica de Pedro Cieza de León y los Comentarios de Garcilaso, el Inca) se contraponen. Los dos conquistadores más nombrados, Hernán Cortés frente a Francisco Pizarro. Cortés lleva en su aventura al político del Renacimiento. Con conocimiento e instinto funda un país, México.


"Hernán Cortés parecía seguir, sin haberlo leído, el consejo de su contemporáneo, Nicolás de Maquiavelo quien recomendaba a los príncipes «leer historia y de ella tomar en consideración las acciones de los hombres sobresalientes... Y tener siempre presente sus hazañas y modos de actuar; como se dice de Alejandro Magno, que imitaba Aquiles; César, a Alejandro; Escipión, a Ciro».


 Los expedicionarios de Pizarro tenían en mente otra cosa, el oro, deslumbrados por él, organizan un modo brutal de conseguirlo. "Los hombres de Pizarro eran un ejército de vagabundos y buscavidas". En las dos figuras se resume el modo en que los españoles encararon la conquista: reproducir en la fundación de América la imagen del mundo que Europa había construido y la búsqueda del dorado a cualquier precio. 


El tercer capítulo (Antonio Pigafetta y diarios de navegación) está dedicado a la aventura. La primera vuelta al mundo a las órdenes de Magallanes, probablemente la gesta más inaudita que vieron los siglos. Un viaje descomunal: de los 245 hombres que lo iniciaron solo 18 llegaron al destino final. Hambre, frío, motines, traiciones. Burón, sin embargo, en busca de la imagen que los americanos se fueron forjando de sí mismos se detiene en la figura mítica del gigante patagón, y cómo a través de la literatura, el Shakespeare de la Tempestad, en primer lugar, fijó la doble imágen de América: el indigenismo, representado por Calibán, hecho de fuerza y tierra, y el aére o espiritual que representa Ariel.


El quinto relato lo construye Burón con las cartas que los españoles que se asentaron en América dirigían a sus familias, especialmente a sus esposas a las que suplicaban que hiciesen el viaje para encontrarse con ellos. Por lo general, no les hicieron caso.


Un gran libro que merece ser leído.


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