viernes, 24 de julio de 2026

Saber o no saber

 


 

También hay en la filosofía, robada como por un Prometeo, un pequeño fuego que puede dar luz, si lo atizamos convenientemente, un vestigio de sabiduría, un movimiento hacia Dios. (Clemente de Alejandría)

 

¿Y si detrás de ese cuyo nombre balbuceamos, que los judíos no podían pronunciar y otras religiones lo mencionaban con inmenso temor y casi sin musitar, y que nos confundió en Babel multiplicándolo, no hay más que sed de verdad, voluntad de saber la Verdad?

 

La Verdad que queremos y no queremos saber, la verdad que no vuela libre o se nos prohíbe. El rostro de Isis tras un velo, el dios bíblico que se muestra de espaldas. Queremos saber la Verdad, pero tenemos miedo de que nos llegue. ¿Dios es la Verdad que nos elude o el temor que nos protege? El temor se disfraza de súplica: ten piedad de nosotros; dinos una verdad que no nos mate; hazla digerible.

 

Todos sabemos que oculta el velo de Isis. Muchos creen que, si se mantiene velado el rostro de Dios, si le rezan sumisos, podrán tener una vida cómoda y segura. Otros pensaron que si decretaban su muerte la pregunta sobre la verdad no seguiría martirizándonos. 

 

Lo que Nietzsche declaró tan enfáticamente no fue que Dios había muerto, sino que la muerte era nuestro destino. Algo que ya sabíamos, su desesperación, la nuestra es que no sabía el año, el día y la hora. 

 

Qué eliges conocimiento o ignorancia. ¿Te haces la prueba del ADN para saber si tendrás el Alzheimer y cuándo lo tendrás, quieres saber la hora o prefieres no saber?

 


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