También hay en la filosofía, robada como por un Prometeo,
un pequeño fuego que puede dar luz, si lo atizamos convenientemente, un vestigio
de sabiduría, un movimiento hacia Dios. (Clemente de Alejandría)
¿Y si
detrás de ese cuyo nombre balbuceamos, que los judíos no podían pronunciar y
otras religiones lo mencionaban con inmenso temor y casi sin musitar, y que nos
confundió en Babel multiplicándolo, no hay más que sed de verdad, voluntad de
saber la Verdad?
La Verdad
que queremos y no queremos saber, la verdad que no vuela libre o se nos
prohíbe. El rostro de Isis tras un velo, el dios bíblico que se muestra de
espaldas. Queremos saber la Verdad, pero tenemos miedo de que nos llegue. ¿Dios
es la Verdad que nos elude o el temor que nos protege? El temor se disfraza de
súplica: ten piedad de nosotros; dinos una verdad que no nos mate; hazla
digerible.
Todos
sabemos que oculta el velo de Isis. Muchos creen que, si se mantiene velado el
rostro de Dios, si le rezan sumisos, podrán tener una vida cómoda y segura.
Otros pensaron que si decretaban su muerte la pregunta sobre la verdad no
seguiría martirizándonos.
Lo
que Nietzsche declaró tan enfáticamente no fue que Dios había muerto, sino que
la muerte era nuestro destino. Algo que ya sabíamos, su desesperación, la nuestra
es que no sabía el año, el día y la hora.
Qué
eliges conocimiento o ignorancia. ¿Te haces la prueba del ADN para saber si
tendrás el Alzheimer y cuándo lo tendrás, quieres saber la hora o prefieres no
saber?
No hay comentarios:
Publicar un comentario