En el colegio de 'maristas' donde estudié mis primeros años había una biblioteca no muy generosa pero sí suficiente. Allí comenzó mi pasión por la lectura. Se abrieron las vías por donde iba a discurrir mi afición. Algunos libros nos llamaban la atención por lo que fuese y hacíamos cola para leerlos. Sin embargo había otros, con lo jóvenes que eramos, que no leíamos a pesar de sus títulos llamativos. Una alerta nos prevenía. No sé si alguien nos advirtió contra este. Seguramente. Estábamos en pleno franquismo, pero la oposición aunque soterrada era amplia, incluso entre los maristas. ¿Y qué enemigo mayor de Franco que el comunismo? Así que alguien que lo denunciaba no podía estar en lo cierto. Un libro como Yo escogí la libertad (1946) de Víctor Kravchenko no podía ser más que propaganda anticomunista urdida por los enemigos del comunismo. La propia palabra 'libertad' era sospechosa sí intuíamos que venía de los americanos. Sin embargo como recuerda Martín Amis (Desde dentro) en él aparece una de las imágenes memorables de la desdicha el comunismo:
"Nunca he podido borrar de mi memoria esta imagen de la puerta [del edificio de la checa, donde lloraban y gritaban los familiares de los detenidos]. Un genio del teatro que quisiera expresar la desesperación de las masas, el lúgubre e infinito sufrimiento, no habría podido inventar nada más aterrador".
De la memoria de las colas interminables ante las puertas de la temida cárcel de Las cruces para saber algo sobre su hijo Lev, del encuentro diario con el trágico ejército de madres y esposas de presos, Anna Ajmátova, proclamada ‘enemiga del pueblo soviético’, saldría Poema sin héroe (1940-1965), una de las grandes denuncias del Stalinismo.
La denuncia de Kravchenko llegó demasiado pronto para que el mundo la aceptaste. Algo parecido sucedió con los libros del historiador Robert Conquest, tan poco, y tan tarde, traducido al español. La colectivización en la Unión Soviética, el sistema de campos de prisioneros, el Holomodor ucraniano. Media Europa denunció a Kravchenko como traidor. Hubo un juicio en París al que se llamó el juicio del siglo. Suficiente para que se condenase el libro.
Aún hoy, quien ha hecho la traducción de la nota en la Wikipedia sobre Víctor Kravchenko, del inglés al español, se permite introducir esta cláusula sobre el libro, 'de cuya autoría caben dudas'.
Cómo fue posible que durante tanto tiempo... Martin Amis, cuyo padre era el famoso escritor Kingsley Amis, que fue comunista durante quince años, recoge la explicación de su padre cuando dejó de ser comunista a los 45 años:
"Hablamos de un conflicto entre los sentimientos y la inteligencia, de una forma de autoengaño deliberado en la que una parte de la mente sabe muy bien que su convicción global es falsa o defectuosa, pero la necesidad emocional de creer es tan fuerte que el conocimiento queda, por así decirlo, enquistado, aislado, incapacitado para influir en las palabras y los hechos".

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