No es que el entusiasmo se palpase, que hubiese aires de cambio. Eso sucedió cuando González llegó por primera vez. También de otro modo, con otras expectativas, con la primera presidencia de Aznar. Las expectativas no eran como cuando el 92, la modernidad que llegaba a España, ser europeos de verdad, o cuando se intuía que España podía ganar el mundial. En todo caso el cambio que se esperaba era de mínimos, parar y replantearse determinados asuntos. Clausurar una etapa oscura. De hecho solo hubo dos frases memorables en campaña: 'Que te bote Txapote' y 'Derogar el sanchismo'. No se puede imantar un país con objetivos tan livianos. Ningún líder ha emergido de la oscuridad capaz de echarse el país a la espalda y mostrar una dirección. El pesimismo, y hasta un punto de desesperación, sí que se nota ahora en el aire: una condena sin redención. Un horizonte en el que las luces que despuntaban en el sombreado atardecer se han apagado para que amanezca la noche.
España no tiene élites o las ha perdido. Élites que no educan a sus hijos en los colegios públicos sino que se los llevan fuera y les dan una vida en otro país, países en los que la vida prospera y el futuro es un campo abierto que se va cubriendo con inteligencia e empeño. Uno piensa en los grandes ladrones que componen la corte de Putin, que se han apoderado del Estado para extraerle al máximo, o, de otro modo, el peronismo argentino, donde las instituciones son una forma de autoenriquecimiento, países no compuestos por ciudadanos sino por clientes o, un escalón por debajo, por súbditos. Criaturas subvencionadas, sin autonomía, incapaces de crear nada, rebaños de seres insensibles, apáticos, manejables. Consumidores, en realidad, es la palabra. Al menos el viejo concepto marxista de productores u obreros tenía dignidad. Una tendencia que no va a parar sino que se va a fortificar durante los próximos cuatro años.
¿Es que no podemos levantar la condena? Lo primero que habría que establecer es que una cosa son los intereses de las élites y otra los de la población. Es difícil porque la atmósfera está podrida, contaminada y lo primero es encontrar aire limpio con el que poder respirar. La polarización no es algo sobrevenido sino alimentado. ¿Como es posible que teniendo la solución a mano no se ponga manos a la obra? Hay dos posibles caminos factibles: uno es a la italiana, formando un gobierno técnico con apoyo de los dos grandes partidos desde fuera. El otro, una gran coalición entre dichos dos partidos, con dos fórmulas, repartirse los cuatro años de legislatura con dos años para cada uno o bien un gobierno compuesto por ambos partidos.
¿Por qué aceptaría un país suicidarse? No se trata de tener un papel en la esfera internacional, que ya no nos corresponde ni está a nuestro alcance, para eso está la Unión Europea, sino de enderezar la economía, de agilizar y modernizar el sistema educativo, de buscar la fórmula para hacer las instituciones del Estado más estables, de marcar las pautas de futuro para un país viable, atractivo para que la inteligencia venga de fuera, para que nuestros jóvenes no se vayan, para generar riqueza con la que mantener y si es posible acrecentar el estado de bienestar.
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