Pensamos dentro de marcos: los prejuicios y prohibiciones dentro de los cuales vivimos y actuamos. En el pasado eran los filósofos y los artistas quienes creaban un marco duradero que fijaba o cambiaba la historia de las ideas: comprender el mundo y actuar en él. El romanticismo y la ilustración fueron poderosos marcos: la enciclopedia, la novelería y la poesía que exaltaban la vida juvenil excesiva establecieron esos marcos respectivos. Han dominado los dos últimos siglos y con ligeros cambios siguen vigentes: la organización de la esfera pública, el entusiasmo revolucionario, los nacionalismos.
Las grandes religiones antes de esa época crearon marcos que duraron milenios. Aún duran en muchas partes de la Tierra. Las ideologías políticas recientes han querido heredar la construcción religiosa, fuera de las cuales no hay salvación. Fuera del marco hace mucho frío, a la larga te condena a la muerte física o simbólica si vas por libre. En cada ocasión el marco genera la verdad dogmática fuera de la cual solo hay estigmas y condenas.
En la actualidad los marcos los crean las nuevas generaciones de políticos y burócratas para consolidar o conquistar su posición. Todo el mundo puede ver, si hace silencio dentro de sí, cuál es el poderoso marco que le domina: global y transversal, que dice fundarse en la ciencia, no la ciencia falsable sino la Ciencia indiscutible.
Emanciparse del marco dominante es el camino hacia la libertad y la autonomía personal. Lo que no quiere decir que se piense en vacío. Hay un marco superior, más laxo, testado en el pasado por filósofos y científicos, el de la ciencia falsable y el del pensamiento libre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario