miércoles, 1 de mayo de 2019

Happening del Decrecimiento



           En medio de la mañana soleada pero con un airecillo molesto, la sorpresa. Ocupan buena parte del salón del paseo central de la ciudad. De los plátanos caen colgaduras como filacterias, hay mesas con pins y pegatinas, con niños a su cuidado, otras con libros breves, concisos, de títulos y rostros de personajes que en sí mismos son manifiesto: Edith Stein, Paulo Freire, Simone Veil. dípticos con pancartas declarativas y una cuerda que acota un espacio longitudinal que llaman teatro. Junto a ella, agentes que reparten folletitos con mensaje limpio, sencillo, con propuestas de andar por casa, que se resumen en una palabra, Decrecimiento. En su interior, pues invitan a entrar al teatro por una falsa puerta, un seguido de escenas inmovilizadas sobre las servidumbres de la vida cotidiana, el trabajo encadenado, los móviles que paralizan, la comida basura, los servicios públicos deshumanizados. No hay palabras, discursos, sólo música de fondo y los actores algo relamidos y peripuestos que mantienen su apostura estática, salvo leves parpadeos. Original, sorprendente, moderno. En un gran cartel en blanco y negro, que se repite pegado a los troncos de los árboles, anuncian los actos de la jornada: a las 10 misa en San Pedro, a las 11,30 el happening que ahora veo.

         Gran contraste con la procesión cívica que a la misma hora circunnavega el casco histórico, tan convencional, tan rutinaria, con las banderas y los emblemas de siempre. Los movimientos sociales, su lenta marejada, no son siempre predecibles. Quizá algunos saliven tras los resultados del domingo pasado, como esta Pilar Rahola del sanchismo que advierte: cuidado con defraudar la movilización del domingo, pero no había tanta diferencia en votos entre unos y otros, pocas veces la hay. Además en este país el oleaje profundo suele moverse más lentamente o con cierto retraso con la hora de París.

Democracia radical


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