El
libro de Oliver Sacks es una recopilación de artículos, diez, de
desigual interés que dejó preparada antes de morir. El más
interesante, a mi juicio, es el que da título a la recopilación, El
río de la conciencia, que trata de uno de los asuntos que más
intriga a los neurocientíficos pero también a filósofos y
psicólogos evolutivos, la naturaleza de la conciencia. ¿Qué es la
conciencia, un fluir constante o una sucesión de momentos discretos
que el cerebro computa como movimiento? Sacks repasa las metáforas
que por analogía han tratado de entender qué sea la conciencia,
desde la más antigua, el fluir del río (Borges: " El tiempo es
la sustancia de que estoy hecho. El tiempo es un río que me
arrebata, pero yo soy el río") hasta las más modernas, el
zoótropo o los fotogramas de una película. Después hace un
recorrido por lo que los científicos han dicho, desde Williams James
(la conciencia no es una cosa, sino un proceso) a los neurobiólogos
como Francis Crick y Kock que entienden por conciencia la histéresis,
momento perceptivo o sensación de continuidad, lo que persiste más
allá del estímulo. La conciencia sería el continuo solapamiento de
momentos perceptuales sucesivos. Oliver Sacks concluye poéticamente:
somos los directores de la película que estamos rodando, y esa
película, cada fotograma, cada momento, somos nosotros.
Aparte
de la notable vindicación de Darwin como botánico, por motivos
más autobiográficos merece detenerse en el penúltimo de los
artículos. Sacks lo escribió en los últimos días de su vida.
Habla de la homeostásis: “Nada resulta más fundamental para la
supervivencia – ya sean elefantes o protozoos – que el
mantenimiento de un entorno interno constante, sean las que sean las
vicisitudes del entorno externo”. Sacks (1933-2015) hace un balance
de su enfermedad, un cáncer terminal, de sus expectativas, del
tratamiento terapéutico, de la diferencia entre estar bien y estar
mal. Cuando las cosas van mal internamente, cuando el equilibrio
autónomo, la homeostásis, comienza a escorarse de manera excesiva
hacia un lado u otro, entonces uno se dice: “Me siento mal, algo me
pasa”. Entonces, con el humor que le caracterizó, recoge una cita
de Ralph Waldo Emerson: “He perdido mis facultados mentales, pero
me encuentro perfectamente”. En todos los libros que escribió
Oliver Sacks conjugó vida científica con vida vivida, su
experiencia vital está en el origen de las investigaciones que
emprendía. Un buen ejemplo es su maravillosa autobiografía, En
movimiento. Una vida.

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