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Sin
embargo, si abrimos el foco y vemos los capítulos como cuadros, como estampas
japonesas, entonces podemos apreciar los contornos precisos, los colores suaves,
los personajes tranquilos, sus sentimientos comedidos, envueltos en una
naturaleza domesticada. Si nos dejamos llevar por la poética del haiku, la
falta de trascendencia, de profundidad aparente, de sensaciones puras, entonces
la apreciación cambia. Todo el libro está lleno de haikus, en los que la
sensación que percibe el personaje se nos muestra por contraste con un efecto
captado en la naturaleza, pequeños cambios en la luna, en las nubes, en la
niebla, en las hojas de los árboles que remiten al aleteo del corazón. Como en
los haikus clásicos, como en la pintura de estampas, no hay profundidad, sólo
apariencia, lo que asalta a los ojos cuando vemos un paisaje que nos llama la
atención. Es la suma de esas primeras impresiones, las sensaciones cambiantes a
lo largo de la historia, lo que nos hace comprender lo que sucede, los
sentimientos que crecen y se transforman en pasión, aunque nunca de forma
exagerada. En los sucesivos capítulos, cada uno de ellos conformado como un
fragmento completo, como un relato, vemos crecer el enamoramiento, vemos a éste
convertido en pasión, vemos sufrir a la narradora, vemos la aparente
impasibilidad del maestro, vemos su acercamiento y alejamiento, sus celos, su
casi imposible comunicación, todo contado a través de la mecánica del haiku.
En el
momento decisivo, cuando al fin los personajes se acercan y se tocan, la
narradora acude a la habitación del maestro y lo ve trabajar en un haiku. Él le
pide que complete el último verso del que está componiendo. Es este: «La carne
del pulpo / tiene un tono rosado. / El ruido sordo del oleaje». Él le ofrece su
versión: «Las olas susurran. / La carne del pulpo / tiene un tono rosado».
Prosa
ligera, que vuela, sin peso, sin trascendencia, con alusiones a las cosas, a la
naturaleza y referencias a los poetas clásicos japoneses, con breves
conversaciones, sin ninguna palabra decisiva, donde no parece que pase nada,
como en ese maletín que siempre acompaña al maestro pero que al final, cuando
lo hereda la narradora, no contiene nada dentro.
Hay una
película que se basa en este relato, El hombre del maletín, que no se ha
estrenado en España, pero que tampoco he conseguido dar con ella en internet. De
los pocos libros de Hiromi Kawakami publicados en España me quedo con este: Abandonarse
a la pasión, un libro de relatos extraordinarios.
1 comentario:
gran aporte. saludos
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