lunes, 14 de septiembre de 2026

Villaharta en Sierra Morena

 


Para los pocos peregrinos de a pie que saliendo de Granada se animan a hacer el Camino Mozárabe hay tres etapas que se les pueden atragantar. La primera hasta llegar a Moclín, no muy larga pero dura, la subida a Cerro Muriano saliendo desde Córdoba, esta sí larga y abrupta, y la subida desde Villaharta hasta Hinojosa del Duque, quizá la de mayor desnivel y más larga, unos 60 km, de los cuales más de la mitad son por parajes solitarios sin posibilidad de repostar.


En bici la subida continuada sin descanso hasta Moclín se hace muy dura, la del Cerro Muriano no tanto. Con el ritmo adecuado se sube sin problemas. La de Villaharta hasta Hinojosa no tiene buena pinta, lo veré mañana. Para empezar hoy no hemos podido alojarnos en el albergue municipal, cerrado por avería eléctrica. Hemos tenido que retroceder hasta el Hostal el Cruce, dos pindios kms que volveremos a remontar mañana al amanecer. 




El Cruce es uno de esos lugares sin alma que te encuentras a menudo en la España indiferenciada. Un lugar de paso donde paran repartidores, camioneros y gente sin destino definido para comer o pasar la noche. Un lugar ancho en medio de Serra Morena, junto a la carretera que va de Córdoba a Badajoz. El calor es asfixiante. No apetece dar un paseo por la sierra y acercarse al embalse de Puente Nuevo. En un lugar como este, si no fuera por el bullicio de los motores, podría uno entregarse a la ascesis o a contemplar las almas sin destino del hombre indiferenciado entregado a la carretera. 


Nada que ver con aquellos peregrinos mozárabes que saliendo de la España mora querían alcanzar el Norte, representado por el mayor de los mitos hispánicos, el de Santiago de Compostela, cristianos que no se avenían al dominio musulmán del Sur. Uno imagina con cierta facilidad las grandes rutas de peregrinación por el Camino francés o la Vía de la Plata, incluso la del Norte, pero qué duro debía ser aventurarse por estas sierras tan poco habitadas y en algún momento infestadas de bandidos, hasta llegar a Mérida y enlazar con la Vía de la Plata, una vía preexistente en época romana.



Beato de Gerona, iluminado por el monje Emeterius y la monja Ende (En), la primera mujer pintora conocida de España y Europa.


Lo mozárabe dejo huella en el arte románico (arco de herradura y lobulados, bóvedas de crucería y arabescos), en los romances y como traductores. Impulsaron el avance de la reconquista, repoblaron y dinamizaron la economía de las nuevas tierras de los valles del Duero y Ebro. Fueron los intelectuales que mediante crónicas y comentarios evangélicos en los manuscritos iluminados que conocemos como los Beatos, su obra cumbre, crearon el espíritu de Reconquista. El ardor mozárabe perdió fuerza cuando las zonas musulmanas fueron conquistadas en los siglos XI y XII. Las huellas se fueron perdiendo y solo ahora, con el antisedentarismo de moda, vuelven a recuperarse. Almería, Granada, Málaga y Córdoba son sus puntos fuertes. 




Si la introspección espiritual es lo que buscas este es tu camino, piérdete entre olivares y dehesas, pueblos aislados y castillos derruidos, iglesias renacentistas y algún que otro palacio escondido de la vieja nobleza castellana. Villaharta, rodeado de sierras, quizá sea el lugar para la ascesis espiritual. Sé que hay peregrinos aunque no los vea, mi ritmo es diferente, veo sus huellas. Por ejemplo, en Villaharta hoy una casa ofrecía una habitación en las golfas. No hemos podido quedarnos porque un tal Andrew que venía por detrás no quería compartirla. Los peregrinos del Mozárabe son como zorros escurridizos, inteligentes solitarios, en busca de emociones fuertes que se reservan para sí.


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