viernes, 14 de agosto de 2026

Isaba y la Foz de Lumbier

 


Camino por Isaba un municipio navarro, cerca de Huesca y de Francia. Es de noche. El silencio remite a un pueblo rural y de montaña. Las calles están empedradas y las casas, salvo las encaladas, están hechas de sillares trabajados. Una luz tibia resalta sin demasiada convicción la torre de la iglesia que parece más baluarte de un castillo que recinto religioso. 


Por la mañana en la Foz de Lumbier hemos paseado bajo unos altos y estrechos túneles construidos cuando en esta zona hubo un ferrocarril de vía estrecha, el tren de Irati - el primer tren eléctrico de pasajeros de España - que entre 1911 y 1955 conectaba Pamplona con Sangüesa y Aoiz, llevando madera desde la selva de Irati, otras mercancías y pasajeros. Unos pocos turistasb hacían el recorrido bajo el intenso calor. En el congosto se oían los chapoteos en el río.




Casi tengo olvidado y no ha pasado más que unas horas El Monasterio de Leyre, tan renombrado por ir rebotando en el nombre de muchas mujeres. Es verdad que la mayoría de los monasterios lo perdieron todo cuando Mendizábal se empeñó en destruirlos. Queda la hermosa y curiosa cripta con cuatro naves que nacen de tres ábsides y la gran nave de la iglesia en la que el gótico del XVI se superpone sin borrarlo al románico del XI.




 Aunque la historia con la que nos hemos quedado es la de aquel Abad Virilo que se puso a dormir junto a la fuente y tardó en despertar 300 años. El monasterio contiene el panteón de los primeros reyes de Navarra, guardados todos juntos en una arqueta.


Más que casas veo en Isaba caserones con grandes portadas de amplios arcos que recuerdan la época en que las caballerizas y los carros entraban por ellas, ahora reconvertidas en hoteles u hostales rurales que en esta época del año - estamos en el fin de semana de la Virgen de Agosto, los días más viajeros del año - están ocupadas por turistas nacionales.


A simple vista el pueblo está muy bien cuidado, con flores en las ventanas, macetas en los parterres y rosales allí donde es posible, un pueblo que ha alcanzado el bienestar burgués que permite el comercio y el turismo. Hay muchos restaurantes abiertos y bares de tapeo para los locales, aunque a pesar de que el gran parking y las calles están llenas de coches, no están grandemente ocupados. En las calles hay muchos chicos jóvenes adolescentes, casi niños, bastante silenciosos, sentados sobre pretiles o bancos de piedra. 


La noche y el pueblo estan tan en silencio que ni siquiera se oyen animales aullando o cucando, solo las campanas de la iglesia cuando tocan y algunas voces juveniles ligeramente elevadas. Si pongo el oído, el idioma que escucho es el español, también alguna familia en catalán, todo y que en un restaurante en el que hemos entrado a tomar una caña lucía el cartel de la foto. 


Experimento el silencio que se aproxima a la felicidad del pequeño burgués, la razón fundamental de por qué la mayoría de la población de esta y otras zonas ha abrazado el nacionalismo.



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