1. En
el pasado mundial las redes sociales (twitter es lo que más o menos controlo)
bullían de marroquíes entusiastas con su selección. La clase media marroquí ha
crecido, hay una élite intelectual. ¿Dónde está esa clase media acomodada que
no se avergüenza de lo ocurrido en Ceuta? No claman por los cadáveres sin
identificar. No claman por los niños, sus niños, dejados al otro lado de la
raya. Se habla de 143 muertos y 57 desaparecidos. ¿Alguien imagina algo
semejante si fuesen españoles?
2.
Sánchez ha tenido 56 ministros, ahora son 22. No me he interesado por sus
funciones, desconozco sus nombres y su labor. Creo que los ceutíes les echan de
menos. Después de una semana, una ministra ha acudido a la ciudad. Los
problemas presentes son tantos que sorprende que no hayan acudido para ver cómo
solucionarlos. El propio Sánchez está de vacaciones. Lo último, las denuncias por violaciones de niñas.
3. La
incompetencia de Trump tiene sus imitadores. Incomoda verlos delante de él
haciendo monerías. Solo dos nombres. El secretario de la OTAN e Infantino.
Este, pocos días después de lo sucedido en Ceuta, acudió a postrarse delante de
Mohamed VI. Le ofreció el partido final del próximo mundial, si le apoyaba para
mantenerse en el cargo. Marruecos está construyendo el estadio más grande del
mundo y quiere albergar la final, pero no puede acoger a sus niños. Tiene razón
Sumar, España debería desvincularse de la organización del mundial.
4. En
Twitter un asunto le está ganando en atención a lo que sucede en Ceuta: los
fichajes del Madrid. Hay un trasvase de emociones de una al otro: se lamentan
de que el anunciado de fichaje de Rodri no se haya producido. Lo simbólico
sigue ganando la partida a la crudeza de lo real; los muertos, los niños
abandonados.
5. Si
nos refugiamos en lo simbólico es por el miedo a la realidad: que la cuestión
con Marruecos estalle y nos involucre. El agua me llega el cuello pensando en
esa posibilidad.
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