Hay
algo peor que las celebraciones deportivas. Qué bochorno ver y oír lo que dicen
y hacen los protagonistas y la bobería con que les observan y aplauden los
espectadores envueltos en las banderas de club o de la nación. Todo alentado, y
preparado con muy poca imaginación, por los medios publicitarios de información
y entretenimiento. Los creadores de clips, los guionistas y productores de la
cosa televisiva con que inmovilizan diariamente a la población, aunque no
siempre contratan a los más capaces, en estas grandes y ocasionales
celebraciones, lo único que hacen es poner la cámara y los micrófonos delante
para captar la nadería.
Pero
como digo hay algo peor. He ocupado parte de mi tiempo ayer y hoy en ver una
serie de clips de la hispanosfera (algunos de la anglosfera) para pulsar el
estado emocional. Me ha llamado la atención esto: muchos argentinos, no sé
cuántos, se han endeudado para ver los partidos de la selección. Y no hablan de
argentinos ricos, sino de humildes argentinos cuyas condiciones de vida no son
las mejores, que endeudan hasta sus familiares para lograr su capricho. El
viaje, la estancia, las entradas son carísimas. Se habla de miles de euros.
Incluso en algún caso se les está incitando a que empiecen a ahorrar para la
próxima, pues hablan de que el próximo mundial será más espectacular porque
participarán muchos más países (¿60?).
Este
tipo de eventos se parecen a los potlatch, aquellas fiestas de derroche
y destrucción de bienes de los pueblos indígenas de la costa del Pacífico,
donde los líderes locales derrochaban sus bienes para regalárselo al resto de
población y manifestar su poder, con la diferencia de que quienes ahora derrochan
lo que tienen y lo que no tienen son los humildes abducidos por el espectáculo
mundial.
¿Qué
enorme hueco rellenan los argentinos con esa vana pasión? En España no hemos
llegado a tanto, pero esos millones en la calle, tantas horas esperando a que
pase el bus con los ídolos. Hay una correlación entre el argentino que se
esclaviza y el español que sale a la calle para nada. Hay una correlación con
las décadas de peronismo, y una advertencia para quien quiera verla.
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